La realidad tiene una enseñanza muy tonta respecto a sí misma, no es predecible en su totalidad, supone de continúo sorpresa inaprensible. Tenía la firme intención de hacer una reseña sobre la peli de Malick, pero anoche me quedé viendo en el terreno que me gana el insomnio Ponyo en el acantilado, y de pronto me encuentro que no necesito hablar de Malick ni de Dios ni de otro sentido de la vida que el más pueril y sencillote.
No hay un camino natural ni divino, nada de lo que sé directamente del mundo habla de dualidad más que el ojo humano, y no todo, no el mío. No existe dualismo antropológico ni ontológico ni en rigor uno que merezca realmente la pena considerar. Soy cuerpo y alma, deus sive natura, todo es divino y por eso mismo lo divino no es nada.
Amo a Hayao Miyazaki porque me recuerda dónde tengo que fijar la mirada, el sentido de la vida no es otro que el estar juntos y cuidarnos, la divinidad forma parte de cada cosa en su petición unánime de unidad, que no unicidad.
Hayao es sabio hasta el asombro y puebla su cine del acervo mitológico humano como ningún sacerdote sabe hacer. Sus personajes son lo mejor de una humanidad que se hace inane cuando necesita del espectáculo, cuando fuerza lo real para que parezca no para que se aparezca.
No he dejado de llorar viéndola, a moco tendido, un llanto hermoso y cálido, una epifanía para los sentidos, el abrazo de un Dios que no existe si no se hace un esfuerzo por buscarlo, olvidando parte de la basura que nos constituye por vergonzosa elección.
Ponyo, la niña pez, es hybris en su aspecto celebrativo, corazón e impulso que se salta las reglas de los mayores para enseñarles lo que han olvidado, de una frescura en su ser que se te agarra al corazón con una fortaleza tan bella.
Una sirenita lunar que se hace desde el amor y cambia su realidad con sólo un salto o una sonrisa. ¿Cómo olvidar la escena de amor en morse? ¿El homejaje a Tritón y por ende al enorme y gigante Tezuka? Ese momento en el que lo natural se desata y vuelven los dinosaurios, no para mostrar compasión sino una physis desatada, aterradora pero luminosa.
Todos los efectos especiales hechos a mano, una hogera para la imaginación de todos los hombres, un abrazo en el pecho, un beso en la nariz. ¿De qué hablaba Lisa con la Madre Luna? Esas viejas rejuvenecidas por la unión del respeto, de la alegría, del amor.
Me sabe tan poco el cine de Malick desde la animación de Miyazaki que aunque El árbol de la vida me ha gustado, mi fe no es esa, ni mi alma ni mi corazón requieren de creadores. Dios es naturaleza y naturaleza dios, no son nada y lo son todo. La vida aborrece el vacío, grande es su hanbre por ocupar.
Rezo a Ponyo porque no olvidemos la magia, porque sepamos encontrar un modo de construir desde la unión y el estar en el mundo. No hacen falta divisiones, ni grandes presupuestos, ni el mentón de Brad Pitt. Sólo por la escena en que se encuentran al bebé lactante, Ponyo, alcanza más que todo el cine bello y publicitario de Malick.
Gracias, gracias, gracias. Este es mi camino.
La espiral tangencial
miércoles, 5 de octubre de 2011
martes, 4 de octubre de 2011
Hrabal
Hace treinta y cinco años que trabajo con papel viejo y ésta es mi love story.
Hace treinta y cinco años que prenso libros y papel viejo, treinta y
cinco años que me embadurno con letras, hasta el punto de parecer una
enciclopedia, una más entre las muchas de las cuales, durante todo este
tiempo, habré comprimido alrededor de treinta toneladas, soy una jarra
llena de agua viva y agua muerta, basta que me incline un poco para que
me rebosen los más bellos pensamientos, soy culto a pesar de mí mismo y
ya no sé qué ideas son mías, surgidas propiamente de mí, y cuáles he
adquirido leyendo, y es que durante estos treinta y cinco años me he
amalgamado con el mundo que me rodea porque yo, cuando leo, de hecho no
leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un
caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como
el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba
no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis
venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos. Por regla
general, prenso unas dos toneladas por mes, y para tener fuerzas para
este bendito trabajo, durante treinta y cinco años he bebido tanta
cerveza que con ella se podría llenar una piscina olímpica o una buena
cantidad de viveros de carpas navideñas. De esta manera, a pesar de mí
mismo, me he vuelto sabio y ahora me doy cuenta de que mi cerebro es un
fajo de pensamientos prensados en la prensa mecánica, mi cabeza calva es
la nuez de Cenicienta, y sé bien que los tiempos en los que el
pensamiento estaba inscrito en la memoria humana tenían que ser mucho
más hermosos; si en aquel tiempo alguien hubiese querido prensar libros,
tendría que haber prensado cabezas humanas, pero tampoco eso habría
servido para nada, porque los verdaderos pensamientos provienen del
exterior, van junto al hombre como su fiambrera de fideos y por eso
todos los inquisidores del mundo queman los libros en vano, porque
cuando un libro comunica algo válido, su ritmo silencioso persiste
incluso mientras lo devoran las llamas, y es que un verdadero libro
siempre indica algún camino nuevo que conduce más allá de sí mismo.
Así empieza el libro más hermoso que he podido leer nunca, uno que condensa todos cuanto he leído, de un autor al que me moriré queriéndolo, por dar voz a tanto de lo que amo en esta realidad. Ay, Hrabal, hombre santo y divino, de palabra inmortal. Un sólo hombre bueno enriquece la realidad por encima de un millar de maldades.
Salud!
Así empieza el libro más hermoso que he podido leer nunca, uno que condensa todos cuanto he leído, de un autor al que me moriré queriéndolo, por dar voz a tanto de lo que amo en esta realidad. Ay, Hrabal, hombre santo y divino, de palabra inmortal. Un sólo hombre bueno enriquece la realidad por encima de un millar de maldades.
Salud!
sábado, 24 de septiembre de 2011
Horda 2.0
De alguna manera el bueno de Heinlein acude siempre al rescate, y es que no hay nadha como un buen universo futurible humano invadido por una horda de apestosos monstruos filocomnistas a los que erradicar a base de consagrar a base de balazos, mamporros y armas imposibles cuya única función es matar con dolor.
Mi tradicional último refugio narrativo son y han sido los videojuegos. Un vicio que conseguí desde que tengo memoria, con el que he ido creciendo de la mano. Es problablemente junto al comic el arte del siglo pasado que más desprecio padece del mainstream , pero que curiosamente ha mantenido a salvo una calidad y mimo por historias comerciales que hoy en día es un imposible.
Uno enfrenta la actual Furia de Titanes con cualquiera de los God of Wars de las playstation y no puede menos que echarse a llorar. Más quisiera Matrix alcanzar la madurez narrativa de un Half Life, en donde la inmersión del jugador es inalcanzable para ninguna peli comercial de cifi y la mayor parte de las no comerciales. No hay película de terror que inquiete como el primer Silent Hill. Ni épica como la de un Gears of Wars, un Halo o Resistance.
Así que cuando la furia que me sostiene, la ira que me agarrota, no sabe qué camino tomar y menos uno de cierta inteligencia, me entrego al vil y animal asesinato consolero.
Desde el segundo GOW no he vuelto a encontrar un modo más rápido de soltar adrenalina. Si bien la historia no es que sea para tirar cohetes, hay en ella cierta épica conceptual que sé que nace en Heinlein, y que con todas los peros que se quieran, a mi me funciona. Si añadimos a Heinlein la épica de la fantasía comercial rancia uno se encuentra con una mezcla demoledora.
El universo humano está al borde de la extinción, así que no queda más que un ganar o morir tan extremo que es imposible que los pocos que queden no actuén como uno sólo. Juegas con la idea de que sostienes en el mando toda la esperanza de la humanidad, pero no para ser un héroe chachi, sino porque no queda otro modo de sobrevivir, y lo haces en unión a tus hermanos. Ains, hay un punto emotivo en esos tipos rudos, cansados pero con pelotas de acero, un ejército de hermanos.
Ay, ay. No he acabado la campaña principal porque me acojona el que se termine, jejeje, pero esoty dando caña extensa a los modos multijugador y, sin pensarlo, me topo con el videojuego para el que he nacido, la modalidad multijugador con la que he soñado toda la vida.
El modo Horda 2.0.
5 tiposdesplegados en un mapa en el que ola tras ola de hordas alienígenas, con bichos cada vez más gordos y cabrones, exparcen sus tripas. Ni 300 ni hostias, 5 nada más y nada menos, que saben que van a morir. Oh, añade al conjunto cantidades ingentes de posibilidades estratégicas, no sólo por el mapeado sino por la posibilidad de gastar los puntos ganados en situar alambradas, torres de misiles e incluso un mecha que es apoteósico. Armamento espectacular en extremo, con algunas armas devastadoras. La posibilidad de ejecutar estrategias conjuntas que, en niveles por enciam del 10, es absolutamente necesario.
La epicidad es absoluta y en ocasiones hasta te duelen los huesos de la tensión.
Los que tengaís el juego y una cuenta en el Live añadid mi gametag: Tontiploster.
Lástima el no poder editar los nombres como en los juegos de antaño, una oleada de Rajoys o Zapatitos debe ser expléndida. ^Porque en el Gears of Wars no matas, destrozas, desgarras, partes por la mitad con tus sierras mecánicas, cortas cabezas con hachas alienígenas, arrancas cabezas y las pisoteas. Basta el pequeño esfuerzo de imaginar a Esperanza Aguirre tras la máscara del bicho en cuestión o de Zaplana, de Berlusconi o todos los Chávez, de Obama, de tu jefe, del liberado por el sindicato, del vecino ruidoso... en fin, un descargar que la Linde no puede perseguir, y que en el fondo implica lo que todos sabemos.
Al final ellos ganan siempre... ains
Mi tradicional último refugio narrativo son y han sido los videojuegos. Un vicio que conseguí desde que tengo memoria, con el que he ido creciendo de la mano. Es problablemente junto al comic el arte del siglo pasado que más desprecio padece del mainstream , pero que curiosamente ha mantenido a salvo una calidad y mimo por historias comerciales que hoy en día es un imposible.
Uno enfrenta la actual Furia de Titanes con cualquiera de los God of Wars de las playstation y no puede menos que echarse a llorar. Más quisiera Matrix alcanzar la madurez narrativa de un Half Life, en donde la inmersión del jugador es inalcanzable para ninguna peli comercial de cifi y la mayor parte de las no comerciales. No hay película de terror que inquiete como el primer Silent Hill. Ni épica como la de un Gears of Wars, un Halo o Resistance.
Así que cuando la furia que me sostiene, la ira que me agarrota, no sabe qué camino tomar y menos uno de cierta inteligencia, me entrego al vil y animal asesinato consolero.
Desde el segundo GOW no he vuelto a encontrar un modo más rápido de soltar adrenalina. Si bien la historia no es que sea para tirar cohetes, hay en ella cierta épica conceptual que sé que nace en Heinlein, y que con todas los peros que se quieran, a mi me funciona. Si añadimos a Heinlein la épica de la fantasía comercial rancia uno se encuentra con una mezcla demoledora.
El universo humano está al borde de la extinción, así que no queda más que un ganar o morir tan extremo que es imposible que los pocos que queden no actuén como uno sólo. Juegas con la idea de que sostienes en el mando toda la esperanza de la humanidad, pero no para ser un héroe chachi, sino porque no queda otro modo de sobrevivir, y lo haces en unión a tus hermanos. Ains, hay un punto emotivo en esos tipos rudos, cansados pero con pelotas de acero, un ejército de hermanos.
Ay, ay. No he acabado la campaña principal porque me acojona el que se termine, jejeje, pero esoty dando caña extensa a los modos multijugador y, sin pensarlo, me topo con el videojuego para el que he nacido, la modalidad multijugador con la que he soñado toda la vida.
El modo Horda 2.0.
5 tiposdesplegados en un mapa en el que ola tras ola de hordas alienígenas, con bichos cada vez más gordos y cabrones, exparcen sus tripas. Ni 300 ni hostias, 5 nada más y nada menos, que saben que van a morir. Oh, añade al conjunto cantidades ingentes de posibilidades estratégicas, no sólo por el mapeado sino por la posibilidad de gastar los puntos ganados en situar alambradas, torres de misiles e incluso un mecha que es apoteósico. Armamento espectacular en extremo, con algunas armas devastadoras. La posibilidad de ejecutar estrategias conjuntas que, en niveles por enciam del 10, es absolutamente necesario.
La epicidad es absoluta y en ocasiones hasta te duelen los huesos de la tensión.
Los que tengaís el juego y una cuenta en el Live añadid mi gametag: Tontiploster.
Lástima el no poder editar los nombres como en los juegos de antaño, una oleada de Rajoys o Zapatitos debe ser expléndida. ^Porque en el Gears of Wars no matas, destrozas, desgarras, partes por la mitad con tus sierras mecánicas, cortas cabezas con hachas alienígenas, arrancas cabezas y las pisoteas. Basta el pequeño esfuerzo de imaginar a Esperanza Aguirre tras la máscara del bicho en cuestión o de Zaplana, de Berlusconi o todos los Chávez, de Obama, de tu jefe, del liberado por el sindicato, del vecino ruidoso... en fin, un descargar que la Linde no puede perseguir, y que en el fondo implica lo que todos sabemos.
Al final ellos ganan siempre... ains
jueves, 22 de septiembre de 2011
Gran Hermano
Anhelamos un sentido de las cosas, una forma de hilar la existencia en la que no quepa un resquicio para la humillación, que nos haga grandes y considerados, importantes y especiales en un universo de cosas desquiciadas y practicamente fuera de control. Conocemos buscando leyes universales, deseamos un escape de una neurosis que nos saca de lo normal, y como ocurre con el sentido común, no hay nada más raro y escaso que la normalidad.
¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Siempre peticiones de sentido, de historia e Historia, un suponer un narrador, un espectador universal, un hacedor y cualesquiera formas de suplantarlos.
Y en sentido contrario un demiurgo malvado, una conspiración universal, el capitalismo, el marxismo, los mercados, siempre la suposición de alguien Grande, un supervisor y manipulador, a fin de cuentas un jodido Plan.
Pero ¿y si realmente la cospiración universal, el motor del sentido de las cosas, eso que marca objetivos buenos o malos, irracionales o racionales, sencillamente no ha ejercido nunca bajo un Plan? ¿Y si el Gran Hermano, El Ojo De Saurón, realmente no vigila ni tiene Plan alguno?
Dick nunca concluyó en sus paranoias el que el demiurgo no tubiese un plan, una intención malvada, algo que a fin de cuentas de sentido a las cosas. Estamos atados a un mercado que realmente no piensa ni tiene planeado nada más allá de un competir con nada jugándose la sangre y el pellejo, de los que siendo nada han construido todo, incluso legitimado el poder invisible que ejercen los mercados.
Las ideas quedaron para el papel o discursos para crellentes, da igual la condición moral o política, al final los planes de ejecución proceden de una instancia que no tiene cabeza. Nuestro Dios es omnipotente, pero nada más, es esa su única característica. El Mercado parecerá perfecto mientras se quiera que lo parezca, en realidad es una gallina sin cabeza que corre para escapar de una muerte que es precisamente lo que la puso en fuga. Moriste y te echaste a correr.
Claro que hay Grandes Hermanos, pero están ahí porque quisimos que el azar fuera sentido, empezamos en un punto y no pudimos más que seguir corriendo, cada vez más lejos de la cabeza y por ende con un corazón marchito y que sólo bombea ruina.
¿Quién Vigila al Vigilante que Nunca Vigiló?
Queda la esperanza de que algún día un hijo nuestro sepa mirar de cerca al Ojo del Gran Hermano y por fin constatar que más que ojo es ojete, y sí, ese tipo de ojete. Pero claro, una esperanza es también un modo de buscarse una historia, un sentido de las cosas, la venida de héroes redentores y arcadias felices.
Salud!
¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Siempre peticiones de sentido, de historia e Historia, un suponer un narrador, un espectador universal, un hacedor y cualesquiera formas de suplantarlos.
Y en sentido contrario un demiurgo malvado, una conspiración universal, el capitalismo, el marxismo, los mercados, siempre la suposición de alguien Grande, un supervisor y manipulador, a fin de cuentas un jodido Plan.
Pero ¿y si realmente la cospiración universal, el motor del sentido de las cosas, eso que marca objetivos buenos o malos, irracionales o racionales, sencillamente no ha ejercido nunca bajo un Plan? ¿Y si el Gran Hermano, El Ojo De Saurón, realmente no vigila ni tiene Plan alguno?
Dick nunca concluyó en sus paranoias el que el demiurgo no tubiese un plan, una intención malvada, algo que a fin de cuentas de sentido a las cosas. Estamos atados a un mercado que realmente no piensa ni tiene planeado nada más allá de un competir con nada jugándose la sangre y el pellejo, de los que siendo nada han construido todo, incluso legitimado el poder invisible que ejercen los mercados.
Las ideas quedaron para el papel o discursos para crellentes, da igual la condición moral o política, al final los planes de ejecución proceden de una instancia que no tiene cabeza. Nuestro Dios es omnipotente, pero nada más, es esa su única característica. El Mercado parecerá perfecto mientras se quiera que lo parezca, en realidad es una gallina sin cabeza que corre para escapar de una muerte que es precisamente lo que la puso en fuga. Moriste y te echaste a correr.
Claro que hay Grandes Hermanos, pero están ahí porque quisimos que el azar fuera sentido, empezamos en un punto y no pudimos más que seguir corriendo, cada vez más lejos de la cabeza y por ende con un corazón marchito y que sólo bombea ruina.
¿Quién Vigila al Vigilante que Nunca Vigiló?
Queda la esperanza de que algún día un hijo nuestro sepa mirar de cerca al Ojo del Gran Hermano y por fin constatar que más que ojo es ojete, y sí, ese tipo de ojete. Pero claro, una esperanza es también un modo de buscarse una historia, un sentido de las cosas, la venida de héroes redentores y arcadias felices.
Salud!
sábado, 17 de septiembre de 2011
Nadie nace domesticado
Bicheando entre los ebooks que tengo en el Ipad, me encuentro en ocasiones libros de autoayuda en los que caigo sin remisión. En cierto punto del final de mi adolescencia cambié la lectura de novela romántica para mujeres (sí, la de los vikingos en las portadas) por los libros de superación y semejantes vainas. El público objetivo no deja de ser el mismo así que es normal que me atraigan.
En estos dos últimos meses de alguna manera se me ha cruzado El principito tantas veces que al final lo he vuelto a releer. Hay filósofos que he leido menos, tan grande es mi verguenza, juas juas juas. En ocasiones aparece alguien en Leelibros que me agrede con su buenismo por mis comentarios a este libro, gracas a las Rosas Chorras que esto ocurre pues me llena de una vida estúpida pero agradable.
Ahora quisiera centrarme en el capítulo 21, el del zorrito que enseña al pequeño príncipe el valor de domesticar. Sostiene el lindo mamífero que sólo cuando se domestica se logra diferenciar al individuo de la masa. Que el domesticar es en el fondo un establecer vínculos, olvidando que el sadomasoquismo y el asesinato no dejan de ser también forma de crear vínculos. Pero en fin, me jode muy mucho el que tras las etereas composiciones de "lo importante es lo que no se ve" y demás ralea siempre se esconda un deseo de poder, de evangelizar, convertir, someter y mentir, que supone de largo, uno de los aspectos más repugnantes de nuestra cultura.
Todos los latinismos acabados en -tico significan un "estar relacionado". Lo domestico es lo relacionado con el domo, es decir, aquello que se vincula con el Señor de la Casa. El dominus es el señor de la casa, no de un hogar (que procede de hoguera) Así que domesticar es la acción de relacionar a algo vivo con el señor de un entorno. Es la misma obsesión de mentar a príncipes y princesas, la legitimación de suyo de un orden de cosas gerárquico y piramidal, donde todos los elementos se vinculan por dominio (otra vez la misma raiz de los cojones) En ese capítulo toda la poesía se constituye como una instrucción para el sometimiento.
A la mierda con la forma más pura de amor, al carajo la agapé, la libertad es una cuerda que debe tenderse en un único sentido, amarrada al señor y hecha realidad en virtud al carácter eminentemente positivo de tal figura. El zorro le llora al niño para que lo domestique, no sin recordar nuevamente que lo importante "no se ve"
Si "no ves" las injusticias pero sí la emanación directa y divina del poder del señor tanto más fácil es que esas injusticias se perpetuen. Claro que hemos hecho que lo invisible sea lo superior, el poder es una mercancía valiosa que vale tanto más cuanto lo ejerces en la invisibilidad.
Hay una obsesión por la luz, la iluminación, pero de seguido se ahorca a esta en haras a una "invisibilidad" que en todo punto es lo mismo que decir oscuridad. No ves, luego cree.... estás domesticado.
Idea, eidos, procede del concepto primario de imagen, eidolon. Teoría, theorein, de mirar con atención. Verdad, aletheia, es desvelar. El ser humano está hecho de ojos y manos, no sólo es capaz de mirar sino también de ver. Pensar es jugar con lo visto, destruirlo, descomponerlo, sumar y restar lo Visible.
Queremos tésis, thesis (afirmar) y construimos hipótesis (lo que precede a la afirmación, lo que está debajo) de lo que vemos. Si no podemos ver, si dependemos de la importancia sublime de lo invisible, todas las tesis serán compuestas por otros, tu libertad es la de elegir sin más razones que las que otro sostienen (y rara vez dan) un camino determinado. A eso lo llaman Fe, Creer. Lo invisible es un Credo que Ve Otro.
Todos los príncipes han venido al mundo tan desnudos como el más pobre de nosotros, todos vinieron llorando e hinchando los pulmones del mismo aire. Tu ropa se quedará cuando te vayas, tus posesiones y logros no serán conjugados más, te irás del mismo modo que viniste. Seas Príncipe o Mendigo cagas y apestas, sudas y meas, el sexo que no comprendes te vuelve loco. Lo visible no es de nadie porque es lo que somos todos en primera instancia.
Nadie nace domesticado, nadie pertenece a ningún Señor. En su madurez Platón se preguntaba hasta dónde tendrían que llegar las ideas, ¿hay una idea de pelo? ¿de mierda?
Temen que busques la cosa misma, el pragmauto, que te enfrentes al numen, a la libertad, a la muerte como si estas fueran lo peor de lo peor. No quieren que los veas.
Domesticar es cegar, como aprendí con Soul Bisontes: los padres de Quasimodo le pegaban... le pegaban chicles en los ojos.
Lo invisible es para los príncipes pegar chicles en los ojos, la mejor manera de domesticar.
Y es que la libertad acojona más que la muete.
En estos dos últimos meses de alguna manera se me ha cruzado El principito tantas veces que al final lo he vuelto a releer. Hay filósofos que he leido menos, tan grande es mi verguenza, juas juas juas. En ocasiones aparece alguien en Leelibros que me agrede con su buenismo por mis comentarios a este libro, gracas a las Rosas Chorras que esto ocurre pues me llena de una vida estúpida pero agradable.
Ahora quisiera centrarme en el capítulo 21, el del zorrito que enseña al pequeño príncipe el valor de domesticar. Sostiene el lindo mamífero que sólo cuando se domestica se logra diferenciar al individuo de la masa. Que el domesticar es en el fondo un establecer vínculos, olvidando que el sadomasoquismo y el asesinato no dejan de ser también forma de crear vínculos. Pero en fin, me jode muy mucho el que tras las etereas composiciones de "lo importante es lo que no se ve" y demás ralea siempre se esconda un deseo de poder, de evangelizar, convertir, someter y mentir, que supone de largo, uno de los aspectos más repugnantes de nuestra cultura.
Todos los latinismos acabados en -tico significan un "estar relacionado". Lo domestico es lo relacionado con el domo, es decir, aquello que se vincula con el Señor de la Casa. El dominus es el señor de la casa, no de un hogar (que procede de hoguera) Así que domesticar es la acción de relacionar a algo vivo con el señor de un entorno. Es la misma obsesión de mentar a príncipes y princesas, la legitimación de suyo de un orden de cosas gerárquico y piramidal, donde todos los elementos se vinculan por dominio (otra vez la misma raiz de los cojones) En ese capítulo toda la poesía se constituye como una instrucción para el sometimiento.
A la mierda con la forma más pura de amor, al carajo la agapé, la libertad es una cuerda que debe tenderse en un único sentido, amarrada al señor y hecha realidad en virtud al carácter eminentemente positivo de tal figura. El zorro le llora al niño para que lo domestique, no sin recordar nuevamente que lo importante "no se ve"
Si "no ves" las injusticias pero sí la emanación directa y divina del poder del señor tanto más fácil es que esas injusticias se perpetuen. Claro que hemos hecho que lo invisible sea lo superior, el poder es una mercancía valiosa que vale tanto más cuanto lo ejerces en la invisibilidad.
Hay una obsesión por la luz, la iluminación, pero de seguido se ahorca a esta en haras a una "invisibilidad" que en todo punto es lo mismo que decir oscuridad. No ves, luego cree.... estás domesticado.
Idea, eidos, procede del concepto primario de imagen, eidolon. Teoría, theorein, de mirar con atención. Verdad, aletheia, es desvelar. El ser humano está hecho de ojos y manos, no sólo es capaz de mirar sino también de ver. Pensar es jugar con lo visto, destruirlo, descomponerlo, sumar y restar lo Visible.
Queremos tésis, thesis (afirmar) y construimos hipótesis (lo que precede a la afirmación, lo que está debajo) de lo que vemos. Si no podemos ver, si dependemos de la importancia sublime de lo invisible, todas las tesis serán compuestas por otros, tu libertad es la de elegir sin más razones que las que otro sostienen (y rara vez dan) un camino determinado. A eso lo llaman Fe, Creer. Lo invisible es un Credo que Ve Otro.
Todos los príncipes han venido al mundo tan desnudos como el más pobre de nosotros, todos vinieron llorando e hinchando los pulmones del mismo aire. Tu ropa se quedará cuando te vayas, tus posesiones y logros no serán conjugados más, te irás del mismo modo que viniste. Seas Príncipe o Mendigo cagas y apestas, sudas y meas, el sexo que no comprendes te vuelve loco. Lo visible no es de nadie porque es lo que somos todos en primera instancia.
Nadie nace domesticado, nadie pertenece a ningún Señor. En su madurez Platón se preguntaba hasta dónde tendrían que llegar las ideas, ¿hay una idea de pelo? ¿de mierda?
Temen que busques la cosa misma, el pragmauto, que te enfrentes al numen, a la libertad, a la muerte como si estas fueran lo peor de lo peor. No quieren que los veas.
Domesticar es cegar, como aprendí con Soul Bisontes: los padres de Quasimodo le pegaban... le pegaban chicles en los ojos.
Lo invisible es para los príncipes pegar chicles en los ojos, la mejor manera de domesticar.
Y es que la libertad acojona más que la muete.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
De profundis (I)
Bucear através de constructos que son recuerdos, que son historias, parásitos cuya semántica encierra un símbolo desnudo que nada sabe de culpas. Adentro la luz no es rayo sino espacio, no va en líneas, sabes que eres tocado por el sol, por el aire, que tu rara vez tocas. Dar brazas con esfuerzo hacia dentro, desde arriba la espiral se hace punto, en el dentro convergen todos los adentros, todos los centros.
Encuentro imágenes una vez raspo el engranaje que compuse para comprender o esquivar mis recuerdos, un lenguaje de ruina, la sintáxis simple de la que todo parte. Cuesta mucho no volver a enredarse, en un momento la mirada se hace clara, un instante que o cura o se pierde.
Tengo 8 años y todos los días, a primera hora, en el momento preciso en el que mi oronda maestra entra en el aula, toda la clase se pone en pié, los rostros serios y graves. Desde el abajo desde el que los miro, la única esquina en donde hay un niño que se queda sentado sin saber por qué, sus rostros son uno sólo. Un atisvo de un universo que no puedo compartir, que anhelo sin comprenderlo. Al instante rezan un padre nuestro colectivo, sus voces una sóla, su devoción una puerta que nunca podré cruzar. No sé a dónde pertenezco, no sé qué soy. Estoy en una jaula.
El tetris compone una línea diferente.
Encuentro imágenes una vez raspo el engranaje que compuse para comprender o esquivar mis recuerdos, un lenguaje de ruina, la sintáxis simple de la que todo parte. Cuesta mucho no volver a enredarse, en un momento la mirada se hace clara, un instante que o cura o se pierde.
Tengo 8 años y todos los días, a primera hora, en el momento preciso en el que mi oronda maestra entra en el aula, toda la clase se pone en pié, los rostros serios y graves. Desde el abajo desde el que los miro, la única esquina en donde hay un niño que se queda sentado sin saber por qué, sus rostros son uno sólo. Un atisvo de un universo que no puedo compartir, que anhelo sin comprenderlo. Al instante rezan un padre nuestro colectivo, sus voces una sóla, su devoción una puerta que nunca podré cruzar. No sé a dónde pertenezco, no sé qué soy. Estoy en una jaula.
El tetris compone una línea diferente.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Rarito y tenebroso
Ayer mi sesion psicológica me dio algunas cosas en las que pensar y que realmente no he querido considerar nunca seriamente.
Hará unos 12 o 13 años en los que ni he visto ni he hablado o sabido de mi amigo Victor. Como ya os habreís imaginado no es que fuera un tipo de pandilla en mi adolescencia. Pasamos juntos todo el instituto y los morosos años que pasé en la facultad de Físicas, un lugar en el que no fui feliz ni por asomo pero al que en cierto sentido me quedé clavado en el tiempo. Cuando me pasé a filosofía yo ya era otro.
Pues bien, gracias al feisbuk (que ya no puedo odiar, la verdad) lo encontré hace unos días y después de más de una década nos hemos visto de nuevo. Hay gentes con las que uno descubre una especie de fortaleza tonta y asombrosa, pase el tiempo que pase y las peripecias vitales que sean cuando los ves todo parece en esencia igual que siempre. Recuperar el contacto con Victor es, además de una alegría bastante más que grande y reivindicativa es junto al volver a este sitio y los tebeos lo mejor que me ha pasado en años.
Sin embargo hay algo de este encuentro que me llamó mucho la atención. En un momento de la conversación Victor me dijo: "Mira que éramos raritos" Una verdad como un templo.
Me doy cuenta que mi famila, que se está volcando sobre mi de un modo emocionante, me tiene miedo, o mejor, tiene miedo a mi condición de rarito. Lo sorprendente ha sido para mi que mi psicóloga no sólo corroborara todo esto sino que me dijera que es un hecho que debo aprender a aceptar de manera natural.
Ella sostiene que estudiar lo que estudié era algo inevitable, que mi cabeza y por ende todo lo demás es exactamente así y que precisamente por no saber mediar mi rareza con los "normales" eso les produce miedo. Nadie tiene la obligación de entenderme más que yo mismo y por ello el esfuerzo de traducción es exclusivamente una tarea mía. Lo que piensas, sientes y vives no es lo que los demás piensan, sienten y viven.
Soy rarito e inhabitual, no tiene nada malo ni implica ser especial en sentido trascendente. Así que es todo un milagro el simple hecho de que con todo haya cierto número de personas que me quieren. Algunos incluso lo hacen justamente por ser rarito.
No quiero dar miedo ni a mi mismo, pero tampoco quiero convertirme en una atalaya o en una gruta inaccesible. Todas mis emociones fundamentales son las de cualquier otra persona, y aunque a estas alturas sé que lo que siento y veo no es lo que sienten y ven la mayoría, esto no me hace ni mejor ni peor.
Todo este tiempo de internete me ha dado infinitamente más satisfacción que penas, he tenido la oportunidad de conoceros, algunos hasta en carne y hueso (incluso el vivir la paternidad de un hermano casi como si yo mismo estubiese ahí), y en general no sé. Pienso en mis sentimientos hacia Egan, Earendilion, Iarsang, Zarox, Angie, Pesanervios, Moquete y algunos más, y veo mi rareza de otro modo.
Cada uno de estos días me ha traído un regalo en modo de afirmación. Hace unos días mi hija me mandó su primer correo electrónico, la declaración más bella y hermosa que he podido vivir de amor hacia mi nunca. Una afirmación de lo que soy tan tajante e inesperada. Ella sabe y reconoce que soy raro, pero siempre le ha parecido que esa rareza de su padre es precisamente su padre, su orgullo no es parecerse a mi sino poseer el mismo gusto. Todo cuanto me gusta de verdad, papá, viene de ti. La mayor parte de mis recuerdos de infancia son contigo. Y eso me hace sentir raro y normal, hermoso y deseable.
A ella no le doy miedo. Soy alguien que le da papitis, la única persona que ante mi verborrea natural me pide que no calle, que no cuelge el teléfono: no te vayas papá.
Miro a mis padres y me entristece el no haber sido capaz de no darles miedo, el hacer comprender mi oscuridad como lo que es y no como un pozo negro incomprensible y aterrador. En cada beso y abrazo que mi hermana me da de continuo noto el deseo de retención, pero sobre todo un "eres raro y por eso te quiero" que en el fondo nunca he sabido bien.
Sé que lo que soy no es mi posesión y que me oscurezco tanto más cuando no quiero verme o me obsesiono por un exceso de empatía que finalmente acaba por borrarme del mapa. Yo no puedo ser yo si no soy también Otro, pero hasta ahora he confundido completamente esta relación, la he realizado a consta de mi mismo, incluso en ciertas cosas que estoy haciendo en estos momentos.
Por eso este tiempo es para mi un tiempo de verdad, y por una vez no me arrepiento en absoluto no siento culpa ni, en el fondo, me arrepiento de nada de lo anterior más que en mi capacidad de perpetuar mi dolor sin establecer puentes, sin ser un ovispo de mi mismo.
Ayer me tomé una cerveza junto al Guadalquivir, no puedo negar mi desprecio habitual por esta Sevilla que vivo, pero por una vez, en lugar de salir escopetado del centro con la amargura de las bilis en las tripas me apeteció quedarme a tomar una cerveza únicamente, y por una vez permitir que el olor del río me llegue, su humedad salobre. Me senté en la misma terraza donde besé por primera vez a una mujer, donde me enamoré las dos únicas veces que lo he hecho, y así, rodeado de fantasmas tristes he disfrutado del frescor de una cerveza, del tiempo moroso que se pierde, y de espectros que en su esencia me calientan el ánimo más que dolerme.
No espero nada de la vida, sólo de mi. Y por lo pronto habrá que trabajar el miedo y el amor. Que no es poco...
Abrazos a todos.
Hará unos 12 o 13 años en los que ni he visto ni he hablado o sabido de mi amigo Victor. Como ya os habreís imaginado no es que fuera un tipo de pandilla en mi adolescencia. Pasamos juntos todo el instituto y los morosos años que pasé en la facultad de Físicas, un lugar en el que no fui feliz ni por asomo pero al que en cierto sentido me quedé clavado en el tiempo. Cuando me pasé a filosofía yo ya era otro.
Pues bien, gracias al feisbuk (que ya no puedo odiar, la verdad) lo encontré hace unos días y después de más de una década nos hemos visto de nuevo. Hay gentes con las que uno descubre una especie de fortaleza tonta y asombrosa, pase el tiempo que pase y las peripecias vitales que sean cuando los ves todo parece en esencia igual que siempre. Recuperar el contacto con Victor es, además de una alegría bastante más que grande y reivindicativa es junto al volver a este sitio y los tebeos lo mejor que me ha pasado en años.
Sin embargo hay algo de este encuentro que me llamó mucho la atención. En un momento de la conversación Victor me dijo: "Mira que éramos raritos" Una verdad como un templo.
Me doy cuenta que mi famila, que se está volcando sobre mi de un modo emocionante, me tiene miedo, o mejor, tiene miedo a mi condición de rarito. Lo sorprendente ha sido para mi que mi psicóloga no sólo corroborara todo esto sino que me dijera que es un hecho que debo aprender a aceptar de manera natural.
Ella sostiene que estudiar lo que estudié era algo inevitable, que mi cabeza y por ende todo lo demás es exactamente así y que precisamente por no saber mediar mi rareza con los "normales" eso les produce miedo. Nadie tiene la obligación de entenderme más que yo mismo y por ello el esfuerzo de traducción es exclusivamente una tarea mía. Lo que piensas, sientes y vives no es lo que los demás piensan, sienten y viven.
Soy rarito e inhabitual, no tiene nada malo ni implica ser especial en sentido trascendente. Así que es todo un milagro el simple hecho de que con todo haya cierto número de personas que me quieren. Algunos incluso lo hacen justamente por ser rarito.
No quiero dar miedo ni a mi mismo, pero tampoco quiero convertirme en una atalaya o en una gruta inaccesible. Todas mis emociones fundamentales son las de cualquier otra persona, y aunque a estas alturas sé que lo que siento y veo no es lo que sienten y ven la mayoría, esto no me hace ni mejor ni peor.
Todo este tiempo de internete me ha dado infinitamente más satisfacción que penas, he tenido la oportunidad de conoceros, algunos hasta en carne y hueso (incluso el vivir la paternidad de un hermano casi como si yo mismo estubiese ahí), y en general no sé. Pienso en mis sentimientos hacia Egan, Earendilion, Iarsang, Zarox, Angie, Pesanervios, Moquete y algunos más, y veo mi rareza de otro modo.
Cada uno de estos días me ha traído un regalo en modo de afirmación. Hace unos días mi hija me mandó su primer correo electrónico, la declaración más bella y hermosa que he podido vivir de amor hacia mi nunca. Una afirmación de lo que soy tan tajante e inesperada. Ella sabe y reconoce que soy raro, pero siempre le ha parecido que esa rareza de su padre es precisamente su padre, su orgullo no es parecerse a mi sino poseer el mismo gusto. Todo cuanto me gusta de verdad, papá, viene de ti. La mayor parte de mis recuerdos de infancia son contigo. Y eso me hace sentir raro y normal, hermoso y deseable.
A ella no le doy miedo. Soy alguien que le da papitis, la única persona que ante mi verborrea natural me pide que no calle, que no cuelge el teléfono: no te vayas papá.
Miro a mis padres y me entristece el no haber sido capaz de no darles miedo, el hacer comprender mi oscuridad como lo que es y no como un pozo negro incomprensible y aterrador. En cada beso y abrazo que mi hermana me da de continuo noto el deseo de retención, pero sobre todo un "eres raro y por eso te quiero" que en el fondo nunca he sabido bien.
Sé que lo que soy no es mi posesión y que me oscurezco tanto más cuando no quiero verme o me obsesiono por un exceso de empatía que finalmente acaba por borrarme del mapa. Yo no puedo ser yo si no soy también Otro, pero hasta ahora he confundido completamente esta relación, la he realizado a consta de mi mismo, incluso en ciertas cosas que estoy haciendo en estos momentos.
Por eso este tiempo es para mi un tiempo de verdad, y por una vez no me arrepiento en absoluto no siento culpa ni, en el fondo, me arrepiento de nada de lo anterior más que en mi capacidad de perpetuar mi dolor sin establecer puentes, sin ser un ovispo de mi mismo.
Ayer me tomé una cerveza junto al Guadalquivir, no puedo negar mi desprecio habitual por esta Sevilla que vivo, pero por una vez, en lugar de salir escopetado del centro con la amargura de las bilis en las tripas me apeteció quedarme a tomar una cerveza únicamente, y por una vez permitir que el olor del río me llegue, su humedad salobre. Me senté en la misma terraza donde besé por primera vez a una mujer, donde me enamoré las dos únicas veces que lo he hecho, y así, rodeado de fantasmas tristes he disfrutado del frescor de una cerveza, del tiempo moroso que se pierde, y de espectros que en su esencia me calientan el ánimo más que dolerme.
No espero nada de la vida, sólo de mi. Y por lo pronto habrá que trabajar el miedo y el amor. Que no es poco...
Abrazos a todos.
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