
Pocas veces en estos últimos años he podido disfrutar de esa rara sensación de colmado absoluto que en ocasiones ofrece el arte, y digo pocas porque no tengo la seguridad de que no haya habido otra en largos años. Efectivamente este es un caso paradigmático, este libro ha estado dando vueltas en la periferia de mis circunstancias durante muchos meses, me ha llamado en más de una ocasión desde una estantería y no son pocas las veces en las que lo he tomado con la firme intención de pagarlo.
Desde hace unos siete años he ido dejando de leer tebeos, años con los que he convivido con una sensación continua de falta, y ha sido cuando he ido cayendo en un desánimo progresivo con respecto al arte que he metido en mi en este tiempo cuando he vuelto a mi matriz narrativa originaria. Por eso no puedo escribir esto con la mente puesta en nada pretendidamente objetivo, a no ser la certeza de que parte del sentimiento que me embarga respecto a esta obra se escapa de los límites de mi persona y es extensivo a muchos otros. Espero con toda honestidad que tu seas uno de ellos.
Blankets es mucho más que una historia de un primer amor, como todos los objetos mágicos y preciosos conviven en esta obra multitud de facetas. En estas páginas Thompsom nos ofrece un trozo de si mismo, una terapia, un acto de amor, compasión y agapé que me resulta difícil el pensar que pueda haber alguien que no se emociona con lo que acoje estas páginas, con las gentes que la pueblan, con el mirar que narra, con toda la nostalgia y la carga que conllevan los años que a uno le van colgando tras de sí. Hay una terapia debajo de estos dibujos y letras que implica un abrirse en canal sacando a la luz un interior , lo que hay dentro, una intimidad y al mismo tiempo una luz que nos abre esa oscuridad que no sólo no es casual, sino que por su misma presencia hace que sea imposible el que el lector no establezca una conexión empática.
Y es que eso es lo que da Blankets como obra, como objeto, un regalo de confirmación de la agapé, del amor sin condiciones que no incondicional, de honestidad. Es tan imposible el no amar a cada uno de los personajes que respiran tras la tinta, como despegarse de esa mirada justamente desapegada, pero no fría sino comprensiva, con toda esa carga que implica el quedarse con la fe cuando se ha matado al objeto de la misma.
Ojalá todo esto lleve a tus ojos a buscar este libro, siempre cabemos más.
Y es que eso es lo que da Blankets como obra, como objeto, un regalo de confirmación de la agapé, del amor sin condiciones que no incondicional, de honestidad. Es tan imposible el no amar a cada uno de los personajes que respiran tras la tinta, como despegarse de esa mirada justamente desapegada, pero no fría sino comprensiva, con toda esa carga que implica el quedarse con la fe cuando se ha matado al objeto de la misma.
Ojalá todo esto lleve a tus ojos a buscar este libro, siempre cabemos más.