miércoles, 27 de febrero de 2008

El Mal y sus naturalezas en ¿la fantasía?.

Una de las cosas malas que tiene el leerse del tirón varias novelas de fantasía es que uno acaba con cierto Empacho Moral, tanto Señor Oscuro, tanto Mal Ancestral que Al Final Acaba En Nada resulta enormemente cansino; tanto más cuando los Buenos, los Elegidos y en general toda esa miscelanea de seres bienintencionados, incluyendo la miríada de especies raras, antiguas y enfrentadas a su vez entre si, son playmoviles hartibles, de moral ponzoñosamente conservadora, cuando no rosadamente moralista. ¿Es que no se dan cuenta que cada Alzamiento Oscuro conlleva la aparición de Héroes, Elegidos y Huerfanos Especiales?



La fantasía habitual suele ser como matrix, rebuscados infiernos virtuales, en donde el peor mal que consigue perpetrar el Mal es precisamente que fuerzan la aparición de Elegidos. Nunca el mal que haya podido cometer Lord Voldemor es comparable al hecho de haber hecho posible que Harry Potter Salve El Mundo. Esos héroes magníficos ejemplares mártires cristianos y que si follan es en el epílogo (tras haber dado al mundo ya al menos tres hijos, preferiblemente dos niños y una niña...) constituyen el Pero Mal Ancestral que ha podido sufrir la literatura.


Por lo general el Mal en la fantasía se representa en un lider maloso que putea a todo el mundo, incluidos sus lacayos que, misteriosamente, siempre suelen seguirlos (con opción a Giro Sorpresivo, que incluye a maloso-maloso que finalmente se descubre como bueno-buenoso, el final esconde una aterradora simetría puesto que de un lado o de otro siempre se acaba Muerto).

El Mal es la oposición a las tradiciones, la curiosidad por los límites, todo lo que el Bien siempre sabe que se esconde tras el cuestionamiento de la realidad. La paradoja de que lo que más quiere el malo, el Poder, sea justamente lo que tiene el Chico Bueno siempre me ha parecido una especie de inversión de la envídia. Hay algo aterrador en la idea de que el Destino quiere desatascarse siempre a base de Un Elegido, es como si la necesidad de trascendencia que anida en el héroe tradicional, el cual emprede un viaje que finalizará en una mejora que implica a toda la humanidad se tornara ahora, vervigracia a un giro de guión chachi, en megalomanía resentída, qué digo: Megalomanía Resentida.



Por fortuna el Tópico suele ser la constatación factual de que existe Otra cosa y felizmente es algo que también pasa en la fantasía. Hay otras posibilidades de considerar al mal.



Empezaré por el más indigno de los que aún tienen dignidad: Clive Barker.



En sus buenos tiempos, es decir, cuando sólo escribía relatos, el mal que sobrevolaba su obra ofrecía una nueva estética que sustentándose en ese gusto postmoderno por la inversión de valores nihilista proponía un Mal Estético en el que cambiando el orden valorativo de la dualidad alma/cuerpo, mente/carne, bien/mal, ahora la carne se espiritualizaba de modo que era posible el establecer en la imaginación del lector una inquietud malsana. Creo honestamente que la cosa funciona en la medida en que uno se someta a la idea de que tiene apetitos algo oscuro, secretos, que aunque satisfactorios en público serían cuanto menos. Vamos que la Culpa y la Carne cuando se atribuían características que anteriormente dábamos a lo Espiritual, configuraban un Mal Estético que aunque en esencia vacío y sin chica, ha tenido una doble función. En primer lugar estirar la etiqueta de Eterna Joven Promesa más allá de lo que nadie sea capaz de entender por juventud; y en segundo lugar generar una estética que mola bastante de resultas de lo cual el Héroe es ahora el Malo. Guay!!!



El mal como ignorancia y su trascendencia cuando se une al Deseo de Saber:



Aqui está el Sacro Santo Alan Moore, como no podía ser menos, especialmente esa pedado de obra que es su Cosa del Pantano, y en concreto la Saga American Gothic, los mejores 12 números de esa etapa tan acojonantemente buena que tubo el Barbas en una serie que apriori no valía ni un duro.



La Cosa del Pantano tradicional es una historia pulpera en la que un científico bonachon es asesinado mientras investigaba sobre cómo acelerar el crecimiento de las plantas, de resultas de lo cual al quedar impregnado por el producto de sus investigaciones y al haber caido en el pantano pasa a convertirse en el monstruoso ser La Cosa del Pantano. Suena fatal , ¿verdad?



Moore toma al personaje y lo cambia brutalmente, le hace entender en un magnífico y maravilloso número especial, que en realidad no ha sido nunca un hombre, que no ha sido posible jamás encontrar una solución que lo devuelva a la humanidad anterior precisamente porque nunca ha existido. La Cosa del Pantano es un ser vegetal que ha asimilado parte de la consciencia de un muerto, no es un hombre. A partir de aqui comienza lo que será toda una aventura de aprendizaje y formación, en la que ese ser que añoraba lo que no ha sido nunca se convierta en todo un Héroe de las Mil Caras. De Cosa pasa a ganarse una humanidad que es en realidad Humanidad, y no porque sea bueno, no porque es un héroe moral, sino porque todo lo que constituye su ser es Comprender.



Por eso cuando Moore lo enfrenta con el Mal Absoluto no se limita al Tópico, Lo Que Se Ha Despertado es tan terrible que para luchar contra Ello deben aunarse las fuerzas del cielo y medio infierno. El Mal Absoluto lo es tanto que incluso el Mal De Toda La Vida lo teme, las promesas de aniquilación son totales, no es que se valla a gobernar un nuevo estatus de las cosas (que es lo que piensa la mitad del infierno que lo apoya) es que se lo va a Cepillar Todo. Por supuesto la epicidad de la historia es total, ya meramente sea la acumulación de fuerzas antes de la Batalla Final o la misma Batalla, todo está magnificamente narrado, con entretenimiento asegurado... pero lo mejor es, como siempre con Moore, con lo que hay detrás. El Mal Absoluto empieza a abducir a los Héroes y en su interior (de total oscuridad, claro) les pregunta. ¿Pequeña Cosa, Qué Soy?

El Mal Absoluto como Ignorancia Absoluta y al mismo tiempo deseo de comprensión. Es ya toda una novedad dentro del tópico, pero lo es mas la solución de Moore, que no contaré para no joder la lectura al que desee echarle un ojo (está facilmente disponible tanto pagando como descargandoselo, Moore no es Dios en vano, jejeje).

Es algo que está presente también en la serie de Bakker, el No Dios aparece en sus pocas intervenciones preguntando ¿Qué Soy? Y si uno considera el espíritu de la trilogía del Principe de Nada y la de American Gothic no puede menos que aventurar futuras semejanzas, pero es algo que sólo sabremos en el transcurrir de la serie, me limito a apuntar de que creo que los tiros irán paralelos en mi opinión.

Bueno, lo dejo por esta vez, pero no sin avisar de que no he acabado con este tema... Si aún sigues leyendo, muchas gracias.

Salud.

viernes, 15 de febrero de 2008

La Tierra del Dragón


Cuando comencé a perpetrar este blog me prometí a mi mismo escribir únicamente sobre obras que me parecieran realmente buenas, ya he dado el coñazo muchos años sobre lo que me parece basura y por una vez quería hablar bien de algo. Pero ya veis que no soy demasiado coherente, y en fin,, me definen mis fobias tanto como mis filias.


Llevo un tiempo leyendo a autores españoles, es algo que me da de vez en cuando, quizás porque gracias a ello he podido disfrutar de la obra de autores tan meritorios como Mallorquí, Rodolfo Martínez o Javier Negrete entre otros. No tengo prejuicios sobre la literatura fantástica patria, de hecho muchos de los autores actuales de ahora me interesan y entretienen más que muchos de los anglosajones llenos de fama.


Lamentablemente no es este el caso.


Esta serie de la que llevo ya leido tres libros (masoca que es uno) es un compendio enciclopédico de tópicos, desde los más rancios hasta los más ñoños, cosa que no quiere decir nada en principio, pero que en dimensiones como las de este caso resulta bastante hartible.


Lo mejor de esta serie es precisamente el enorme ejercicio de buena voluntad que representa, en ese sentido no me queda menos que quitarme el sombrero. Pero en términos artísticos no es suficiente. Mucho menos en lo narrativo. Los personajes son playmoviles, todos siguen las normas que tienen que seguir. Se trata de hacerlos no monodimensionales, ya sabemos ni muy malos ni muy buenos, para lo cual incluimos periódicamente giros "sorpresivos". Como si estos fueran en si mismo un modo de enriquecer a un personaje. Pero no nos engañemos, son hartibles, falsos, ficticios y tópicos. Todos. El Mal de Otros Tiempos es El Mal De Siempre. Resulta tan reconocible que es básicamente como si volviera ese viejo vecino que se tira pedos en el ascensor o que te mira las cartas cuando estás en el trabajo.


No basta el introducir palabros relativos a vestimenta y ropajes, cosas técnicas del medievo o yo qué se. Al principio tienen su cosa, dan un aire más realista a la obra, a pesar de lo hartible de sus personajes o lo tontorrón de algunos diálogos. Cosa que no ayuda cuando estos manifiestan, muy habitualmente esa tendencia a hablar casi mayestáticamente, como pasa con Tolkien. A mi en concreto me parece algo insufrible, especialmente cuando en el fondo parece haber la defensa de siempre de la conveniencia y necesidad de reyes justos con hijos chachis (menos el malo que en el fondo es un incomprendido al que miran mal en el institu... digooo en el castillo).


No son necesarias tropecientas páginas para contar esto. De hecho no era necesario en absoluto contarlas ni en 30. Es a la fantasía lo que Tajundra la Moños a la tira cómica.

Cuánto mal ha hecho el rol a la fantasía.








viernes, 1 de febrero de 2008

Serie B



Uno no construye trabajosamente, durante años, una carrera de fiel y buen lector o espectador tomando por base las grandes obras maestras. Desde luego puede intentarlo e incluso aparentarlo con tal grado de perfección que nadie en su sano juicio dudaría un instante, pero francamente me parece algo utópico en estos días de fecundidad artistica, en donde hay libros, tebeos, música y pelis por todas partes y accesible sin grandes dificultades. En términos cuantitativos y siendo optimistas las grandes obras abundan en densidad pobrísima y me temo que no de para mantener pura una adicción que crece conforme aumenta la tolerancia.

Muchos somos entonces los que dependemos en gran medida de las series B, el arte entendido desde la mesura de medios, sean estos estilisticos o económicos. La serie B es probablemente el cajón de sastre artístico más amplio de todos. El horizonte podría llenarse de series B que darían para más vidas de las que podemos permitirnos.

Tanto es asi que de esos muchos algunos, como es mi caso, hemos ido conformándonos en perfectos ejemplos de lectores/espectadores de Serie B. No me malinterpreten, no pretendo menospreciar el lector de Serie B en comparación al lector de Serie A, quizás porque no conozca a nadie que entre en la segunda categoría, al menos personalmente y dado que las virtualidades las dejo para los videojuegos, pues como que me da igual.

El lector/espectador de Serie B, gusta de no ser especialmente atento ni exquisito en sus peticiones, sabe que hay una línea que se puede cruzar razonablemente, sin expectativas imposibles, pero sufre en ocasiones de una bipolaridad terrible: lo que pide y lo que obtiene no tienen nada que ver, distanciandose de manera tan abisal en ocasiones, que le lleva cada cierto tiempo en caer en una crisis terrible.

En tiempos de vacas flacas es la serie B la que le salva a uno, vale que no sea una droga tan potente como la que da una obra maestra, pero ponen al mono durante un tiempo a buen recaudo y sólo por eso ya merecen la pena.

En estos últimos tiempos he fdisfrutado de algunos series B que si bien no son en términos de calidad nada extraordinario hacen que mi cordura se mantenga dentro de límites aceptables, lo cual es ya un regalo magestuoso de por si, jejeje.

La serie de Anita Blake, publicada lentísimamente en Gigamesh, es un ejemplo. Ambientada en un St. Louis actual donde los vampiros tienen derechos civiles y existen profesiones tales como resucitadores que pagan sus impuestos, se nos narra las peripecias de Anita Blake, reanimadora y cazavampiros legal, chica chachi a medio camino entre Duradura y Sensibleguay. Ya sabes de esas que sale de una casa con el cuerpo cuvierto de sangre, llena de cicatrices y que colecciona pinguinos de peluche. ¿Aterrador? Claro que si.

Pero lo cierto es que funciona muy bien, pese a lo increible de la situación de partida, la serie mantine el tipo con dignidad ofreciendo sanotas historias de corte negro, pero con elementos sobrenaturales y tal. Cada novelita es de 200 paginas más o menos y la intriga, lineal y poco imaginativa, se sigue con un saludable intéres y no aburre en ningún momento.

Vale, suena todo a serie de televisión por cable que alcanza a ser culto entre frikis, y sí tiene algo de eso, es más visual que literaria y quizás por ello mismo, unido a la falta total de ambición, hace que este serial se disfrute un montón.


Otro ejemplo es Dexter, la serie de novelas ahora en versión televisiva también, sobre el psicópata que mata psicópatas. Funciona más o menos igual que la anterior: novelas de 200 paguinas en donde se desarrolla al mismo tiempo una historia autoconclusiva mientras se dan perlitas sobre el pasado de los protas y se aventuran futuros problemas.

En esta ocasión hay algo más de originalidad, sobre todo en las novelas, contadas en primera persona por alguien que es, no hay que olcvidarlo jamás, un psicópata completo. Vale que añade algunas cosillas que fuerzan un poco el umbral de credulidad del lector, pero personalmente no tengo grandes problemas al respecto.

Me ha sorprendido gratamente Apocalipsis Z., la novelita esa construida a partir de un blog, que cuenta como se puede preveer una historia de zombies en España. Está escrita de manera funcional, sus personajes no son nada complejos ni especiales, lo que ocurre lo hemos leido y visto cienes de veces... y aún así es una lectura la mar de divertida. Realmente me lo he pasado muy bien con esta típicona historia de fin del mundo zombie. Ayuda mucho que las cosas ocurran en tierras patrias, y a fin de cuentas no deja de ser más que aventura exótica... en donde se prevé una futura serie, eso si, que muy probablemente vaya desluciéndose con el tiempo, esperemos que no.

En fin, maravillosas y saludables series B, por dios que no falten en el futuro!

Slaine, el Dios Cornudo


La primera cultura que pude pagarme, en mi lejana puvertad, consistía en pillar arrobado todos los meses la añena Espada Salvaje de Conan, tebeo en blanco y negro con un Roy Thomas en plenitud y los siempre eficaces y maravillosos Buscema, Alcalá, Neal Adamas entre otros.

Si bien Tolkien me ha resultado tradicionalmente un coñazo mayúsculo no así con Conan y la fantasía de espada y brujería entendida en término de Grandes Hostias y Buenas Tetas. Por eso cuando en los lejanos 80 nos llegaban ecos de los comics ingleses de Slaine (bonito nombre por cierto), un bárbaro a lo conan, berseker para más señas, brutal y lleno de músculos, a través de esos adorables juegos de spectrum, yo no pude menos que sentirme atraido irresistiblemente.

Muchos años después Norma publicó esta magnífica trilogía. Al atractivo del bárbaro guerrero se sumaba el dibujo de ese gran ilustrador (y mediocre narrador) que es Simon Bisley y la pluma de Mills, un tipo al que todo el que conzoca Marshall Law no puede menos que adorar, cargada de su violencia y mala leche habituales. Cualquiera que ojee minimamente el tebo querrá leerlo, tanto más si alguna vez ha coqueteado con el jevi a lo Manowar y derivados, jejejeje.

Lo mejor de esta obra es que todos los elementos que la conforman se han conjugado tan bien que el conjunto funciona a la perfección, haciendo que los defectos de sus autores casi ni se noten o incluso que llegen a funcionar conjuntamente tan bien que no parezcan defectos.

Al pulso onírico de la historia le va a la perfección el dibujo de Bisley, los toques del humor bestial deMills también encajan con ese dibujo desmedido, jugueton y un tanto intrascendente. Pero lo mejor es cómo a todo esto se le ha encajado todo el aparato mitológico, maravillosamente documentado y nada dado a tonterias ni medias tintas.

Si habeis leido los ensayos de Robert Graves o leido algo de fantasía contemporanea os encontrareis nuevamente con los matriarcados esos tan chachis. Y es que la idea base de la historia está en que los patriarcados son un modo de contrarrestrar y anular el viejo poder femenino, que otrora gobernara toda la humanidad bajo su adorable yugo.

En ese sentido todo funcuiona a la perfección, no estamos ante la versión onanista y que tanto predicamento ha tenido con Las Nieblas de Avalon, no se trata exactamente en dictaminar que las mujeres son mejores sin más y en soñar con la nostalgia de tiempos mejores para las féminas.

La historia del dios cornudo en ese sentido funciona con una dureza y mala leche que no puede menos que ser sana. Slaine mismo es un hibrido brutal entre el berseker violento, el hombre rudo y bestial, y el tipo sanamente escéptico e inteligente. Slaine es más inteligente y desvergonzado que Conan, por tanto es màs real y atractivo como personaje.

Los dioses son oscuros, todos, hasta los supuestamente buenos, y su significado "natural" está perfectamente caracterizado, la mujer como elemento terreno, como naturaleza y por ende juguetona, trágica y arbitraria, ante el poder fálico solar, el Héroe Solar que somete todo a control, que se somete sometiendo, y entre medias la inteligencia sutil, el saber mirar al mundo y actuar sobre él desde la propia voluntad, no desde una separación facilona de bien y mal.

Slaine es más nietzscheano de lo que ha sido nunca Conan, por ello mismo más sutil y brutal, su mundo no es aquel semiidealizado en su crudeza, sino uno casi prehistórico, brutal en sus costumbres y nada suave, nada bonito, nada nostalgico.

Gracias a dios aquí no huele siquiera un poco a tolkien. Gracias a Dios.

El porno y yo


Con cierta vergüenza debo admitir que soy un aficionado al porno, no es algo de lo que uno pueda estar orgulloso, sobre todo porque la pornografía que consumo habitualmente, especialmente en los últimos tiempos, no tiene ni tetas ni culos ni pollas. Comprendereis entonces este sentimiento avergonzado de culpa que tengo, ya de por si resulta difícil y triste admitirse como pornográfo, pero cuando muestras que tu pornografía es ajena completamente a cualquier aspecto relacionado con lo sexual resulta ciertamente patético.

Los que tendemos a hacer espirales somos gente dada a todo tipo de pensamientos malsanos, es manía nuestra el volver una y otra vez a los orígenes. Somos seres estacionales que siguen la pauta estacional con cierto rigor, y es que de vez en cuando tengo la necesidad de rodearme del primer género que me llamó la atención. Lo siento, pero me gusta el terror como género.

Y el terror es ahora pura y dura pornografía.

Miro Rec asustado, la desnudez completa en sentido narrativo me abruma y sonroja, el espectáculo pornográfico sustentado en la situación no en la narración ni en el interés de contar: esa pornografía me epata.

Veo Mostruoso y me arrullo en el sillón, absolutamente silencioso, casi sin atreverme a preguntar ¿dónde está la historia?

Contemplo maravillado Hostel, Saw 4, Las colinas tienen ojos (seguramente los míos, muertos de hambre, asqueados de vacío) y tantas otras y me conmueven en lo más íntimo esas dosis de sangre, movimiento, ese desprecio por el intertar siquiera Narrar, es decir, contar una historia.

Me dirijo corriendo a la literatura, pero sólo encuentro a King. Ah, mira El cazador de Mentiras, novela española de terror... Me tiro de cabeza y encuentro más de lo mismo, nada, nada, nada. La literatura de horror fascinada por la pornografía de su hermano gemelo el cine de terror, ni corta ni perezosa se tira de lleno a la emulación pornográfica. Da igual el número, pueden ser 200, 300 o 500 páginas, todo es lo mismo: situación pornográfica, susto, sobresalto... pero ¿historia?

El cine porno se sustenta en el principio de que toda película porno es parte de lo mismo La Peli Porno. No importa la década ni el estilo, todas forman parte de la misma peli, todas son uniformemente la misma. Me encuentro de pronto que el cine y la literatura de horros se encuentran en una situación semjante. Unas y otras son parte de la misma nada, con el mismo cuerpo, con la misma chicha.

Por suerte aún quedan comics como Uzumaki, autores como Charles Burns, animes como Boggieboop phamtom, pero quizás ya sea tarde y no haya espacio para otra cosa que sucumbir ante la pornografía.

Qué asco me doy!

La Carretera


La fantasía recurrente por antonomasia para este que suscribe es el fin del mundo, desde aquel viejo relato de La zona crepuscular, absurdo pero fascinante, en el que el último hombre de la tierra, lector antisocial, pierde sus gafas siento una fascinación completa por todo relato que se sitúe en algún punto del Fin de Todo.

La Carretera no es una novela apocaliptica en el sentido habitual, no hay ese interés efectista que convierte toda la narración en aventura y aunque guarde más semejanza con los apocalipsis reflexivos como La Tierra Permanece, El Día de los Trífidos o la maltratada cinematográficamente Soy Leyenda, tampoco podría adcribirse en este estilo de manera compleja.

McCarthty es un escritor de una sobriedad apabullante, su prosa podría decirse que es casi zen. Con frases cortas, en muchas ocasiones diría que cansada, llena sus relatos de un lirismo que me resulta inaudito, por contenido y preciso. La sitúa además muchos años después del acontecimiento que mata la vida en el planeta, los protas ni nadie que aparezca en el relato sabe gran cosa sobre lo que ocurrió, algo a todas luces innecesario cuando lo que se trata es de sobrevivir.

Por tanto el carácter intimista es justamente lo esencial del relato, más que la lucha habitual por la supervivencia lo que tenemos es una lucha por la supervivencia de Otro, de manera tan desnuda que casi no queda espacio ya para nada. Si la nostalgia no sirve, si el pasado ha roto ya por completo cualquier conexión con el presente y este es un yermo desértico, hóstil, un infierno de nada, al final lo que queda es el Otro. Aún cuando no hay ya espacio para la esperanza ni lo trascendente.

Es una novela corta pero dura, con momentos aterradores de carácter casi metafísico, especialmente reseñable ese momento en el que encuentran, padre e hijo, a un anciano sin dignidad, bordeando la muerte y el nihilismo. Dialogos sencillos, cortos y precisos, pero como parece ser marca de la casa impactantes y profundos.

Es una novela a mi modo de ver necesaria, con un centro moral tan fuerte como único, que trasciende su género porque habla de aquello que por lo general se escamotea en este tipo de historias. No es posible el espectáculo en un mundo muerto, los tiros, la peripecia en si misma, no es una sucesión de acción que haga imposible el pararse a pensar.

Aviso, duele de leer, pero con todo uno no puede menos que agradecer a los hados que permita que existan autores como este.

Saludos.