martes, 29 de abril de 2008

Richard Corben

No hace mucho me hice, gracias al amor y la generosidad de un aficionado, con la mayor parte si no toda la obra de este enorme dibujante norteamericano, tan especial y reconocible como único. Es algo extraña la experiencia de abarcar en unos pocos días la obra de alguien, que a fin de cuentas representa toda una vida, especialmente cuando parte de lo que uno pone en la lectura son también un buen puñado de años, practicamente también toda una vida.

Pocas tetonas y pollas gordas han sido tan bien dibujadas, con tanto esmero en toda la historia de la humanidad, y aunque parezca algo poco serio ya sólo por eso se tendría ganada mi devoción para toda la eternidad. Toda la obra de este autor gira en torno a esas dos obsesiones suyas que canalizandose en el pulp más pestosete (con todo el cariño) y rancio, en la cifi apocaliptica de origen nuclear y las ocasionales adaptaciones de novelas o relatos de renombre configuran un estilo tremendamente personal y facilmente identificable. Sus historias suelen ser intrascencentes, casi de serie B, pero no obstante están contadas con una dignidad notable, reseñable sobre todo la fisicidad de sus personajes, expresiones y fundamentalmente la capacidad de recrear mundos que aunque simples te perviven en la memoria con una calidez memorable y única.

La serie de Den, Mundo Mutante, Simbad, Jeremy Brood o la genial Bloodstar están grabadas a fuego en mi memoria y se vendrán conmigo a la tumba, como debe ser con esas pequeñas perlas que uno atesora a lo largo de la vida. Esas pequeñas historias underground tan llenas de tópicos como encanto, con ese humor socarrón y la desverguenza de mostrar pollas gigantescas, pechos gigantes y una sexualidad libre (aunque algo machista si eso es lo que quiere ver), no hay nadie que no visite Neverwere sin que acabe con un cuerpo idealizado, hipermusculado y un miembro que pide a gritos una atención especial, cosa que reciben en muchas ocasiones, jejeje. Pero con todo, para mi su mayor valía es cuando adapta. 

Pocos autores son tan fieles, tan minuciosos en su adaptación. Leer Vic and Blood es casi lo mismo que leer Un muchacho y su perro. No importa cuantas veces lea la adaptación o el relato, siempre me encuentro emocionado con ambos. O los cuentos de poe, en donde Corben se mueve como pez en el agua, adaptándose siempre a diferentes estilos de dibujo, desde la perfección de sus lápices a la monstruosa capacidad para dar color con el aerografo. La casa en el confin de la tierra es también ejemplar y tremendamente recomendable, sobre todo porque es hasta ahora el mejor relato de terror ontoepistémico, mistico, que he leido, muy por encima de lovecraft.

Descubro que ahora me gusta más que antes, que cuando antes me aburría ahora veo matices, homenajes, un amor tanto por el lector como por el medio y los géneros que toca, que unido al hecho de haber sido siempre un tipo independiente en un mundo de tiburones hace que deba rendirle el homenaje pertinente y debido. Den es algo más que bichos lovecraftianos con mundo howardiano y algo de inocente sexo, en sí mismo es un misterio como personaje a la vez que una extraña forma de ver al Emperador de Todas las Cosas: a fin de cuentas no deja de ser más que el sueño friki de viajar a otro mundo, con otro cuerpo, y el destino a tirarte a todo lo que puedas para salvar el mundo de pulposidades, brujas maléficas, magos repugnantes, zombies y mutaciones por doquier.

Gracias Richard, por haber estado toda mi adolescencia conmigo, por tu arte, tu humanidad.