Hace un tiempo leí un interesante artículo de Enric Herce Escarrà en su siempre ilustradora columna de Sedice. Hablaba al respecto la crítica en internet distinguiendo entre crítica seria y de andar por casa. Al señor Herce le molesta la proliferación de "críticos" de bajo nivel que empozoñan desde sus pedestales de bocazas con maldades sin estilo ni educación. Aboga por la crítica seria que da razones (argumentos) de todo mientras que avisa del nuevo estilo malsonante, zafio y moralmente mal intencionado que proliferan en blogs.
A Herce Escarrá le molesta la proliferación de críticas de andar por casa sustentadas en los pilares del anonimato, el radicalismo, el partidismo y la pobreza expresiva. Es algo que por lo visto han sufrido algunos de los autores noveles, como es el caso de David Mateo o él mismo. Porque no somos críticos serios y si seguimos puntualmente la descripción que Herce Escarrá hace del común de nosotros obviamente deduciremos que somos poco menos que carne de psiquiátrico. Uno debe tener en cuenta que críticar es básicamente decir algo malo. Los que hablan bien entran dentro de la crítica seria, porque no olvidemos que es fundamental argumentar las opiniones (la demagogia a fin de cuentas forma parte del acervo argumentativo humano y entra en el saco). Es curioso que se obvie la crítica apologética, es decir acrítica, ni que se confunda la misma como publicidad. Imagino que es de educación agradecer que le acaricien a uno los bajos gratuitamente. Por eso el anonimato es dudoso cuando no se habla bien pero agradecido cuando se hace lo contrario. No nos quejaremos nunca de que nos pongan por las nubes a fin de cuentas puede que nos lo merezcamos, ni pediremos que la gente se quiera hacer responsable de mensajes laudatorios rubricando los mismos con sus nombres completos, dni y a ser posible árbol genealógico.
Parece que cuando nos da por vivir una etapa victimista debemos generalizar para lograr defendernos de generalizaciones, quizás sea que lo semejante llama a lo semejante. De niño llamábamos a esto tu más. Yo aún me pregunto hasta qué punto la categoría Autores Españoles es algo que esté más de una somera y útil generalización, algo así como una manera cómoda de designar los autores que no son extranjeros. A nadie en su sano juicio se le ocurriría hablar de autores no patrios como si estos fueran una especie de sociedad uniforme y compacta. Tan autor patrio es César Mallorquí como Tobias Grumm, Rodolfo Martínez como Santiago Eximeno, cosa que nada dice en absoluto al respecto la calidad de todos ellos, mucho menos que esta calidad sea la misma.
En estos géneros ha existido siempre una sensación de víctima perpétua muy adecuada como alfombra bajo la que barrer las miserias, la técnica de echar balones fueras es muy vieja, diríra que forma parte de lo atávico instintivo o algo semejante. Deben de existir muchas novelas de terror con esta idea. Algo que se hace extensivo no sólo a los lectores sino también a los autores, buena parte de ellos procedentes de las filas de fans irredentos. Por eso es fácil defender cualquier crítica desde el sempiterno escudo tristón de "así se nos trata a los autores patrios". Cuando nos chupamos las pollas no es partidismo ni amiguismo, eso sólo puede salir de los resentidos, aquellos que siendo sólo lectores envidian el talento ajeno de abrirse la fértil imaginación para deleite universal.
Claro que hay cierto partidismo en la crítica patria, lo mismo que hay mucha crítica vengativa, pero seamos sinceros ni una ni otra son generalizadas ni tienen peso específico más allá de los cuatro frikis que leemos esto. El que yo ponga a parir la Luna Dormida o Nicho de reyes puede ser debido a muchas razones, ¿pero deben ser todas ellas motivadas por defectos morales o psicológicos míos, a tendencias malsanas y vengativas? ¿Realmente no existe la posibilidad de que dichas obras sean sencillamente truños guruños monumentales? O, siendo serios, lo que parece que da más miedo: mediocridades comunes.
Si yo acepto la posibilidad de esas faltas personales ¿sería posible que dichas obras fueran malas de solemnidad? Como mera posibilidad digo.
No es necesario aludir a lo personal para eliminar el valor de una crítica que es negativa, muy posiblemente la explicación más sencilla sea válida porque con rigor el que yo sea un tipo sin vida, un amargado que vigila atentamente los gustos de quienes no me gustan para fusilarlos allí donde pueda, nada dice de si la obra en cuestión es buena o mala. El que existieran muchos críticos de andar por casa como yo no haría buena ninguna de las obras de las que echamos pestes.
Podemos englobar a todo autor patrio en una misma categoría ontológica, pero si es necesario distinguir entre autores y críticos serios y de "andar por casa" no vale con que existan críticos de andar por casa pero no autores caseros. Hoy en día hay tantos unos como de otros, autores que escriben mediocridades como andan por sus casas y cuyos egos no están a la altura de lo que demandan ni de lo que producen. Y ojo, lo más raro de todo es que venimos a aqui a hablar de obras pero hablamos de personas. De un crítico amateur o no se habla en genérico, pero de los autores lo correcto es hablar de sus obras. Y si es bien, tanto mejor, como poco es una muestra de salubridad mental impagable.
Cada cual pone los acentos donde le parece, a mi me gusta entender lo radical en términos etimológicos como una necesidad de atender a las raices.
En cuanto a la expresión pobre es cierto, pero con todo me niego a considerar Truño gurruño como un ejemplo de la mimsa. No se pretende siquiera que sea un argumento y por tanto nadie puede pretender que sea eso meramente una crítica. Sin embargo decir que La Luna dormida es un truño gurruño (truño zurullo es una repetición, ambas palabras significan lo mismo y aunque uno tiene un lenguaje pobre y torpe es capaz de distinguir entre mierdas, después de todo lleva leyendo a autores dados a tetralogías media vida) suele ser el colofon que viene tras una creación de personajes deficientes, cargadas de tópicos (y no, no acepto que no son tópicos porque intenta dárseles un algo más que los haga cotidianos, eso es algo que se juzga en los resultados no en las intenciones), en los que más que personas hay perchas de las cuales colgar situaciones. Porque no basta buscar intencionalmente lo cotidiano, curiosamente los autores de no andar por casa son incapaces por lo general de construir situaciones de andar por casa con un mínimo de credibilidad. En este caso además las situaciones son diferentes versiones de la sexualidad masculina desde la perspectiva del porno más casual. El truño gurruño se invoca cuando se perciben esos ecos estruendosos de terror modernillo entendido por meter algún mito exótico, sexo y algo de sangre. Invocar sin más estos elementos no hace una obra buena, por lo general suele ser más bien al contrario; y por eso el Truño gurruño se aparece, como puntuación, colofón, no argumento. Como digo la pobreza del truño gurruño es en el fondo una suerte de espejo donde reflejar tanto mi falta de recursos como denotar muy gráficamente la calidad que soy capaz de ver en un texto en el que no hay más sustancia que el haberlo leido gratuitamente. Económicamente el truño gurruño tiene más valor que tres párrafos apologéticos en los que se reitera continuadamente lo chachi, guay y chuli que es el relato.
Finalmente lo mediocre puede ser patrio, incluso gustar a mucha gente, pero no deja de ser mediocre. Un Truño Gurruño tiene el plus de ejemplificar maravillosamente no sólo a sí misma sino a todo un conjunto de mediocridades. Lo que no es poco.
Salud.
viernes, 11 de julio de 2008
Guerra Mundial Z, de Max Brooks
Es verano y el ser humano occidental siente la necesidad de tornar el enclaustramiento laboral por el estipendio veranieno playil. Nadie es capaz de explicar satisfactoriamente el por qué, si asumimos que estaremos cegados por la luz, agobiados por el calor, mojados y empanados de arena, consideramos relajante el leer un best-seller en la playa. Dicen los que saben de esto que sólo puede leerse en la playa best-sellers justamente por la imposibilidad física de leer nada en la playa. Otras escuelas de pensamiento de corte más positivista hablan de concentraciones de efluvios sobaquiles y semejantes en proporciones altas que cocidas a buena temperatura sencillamente idiotizan mejor. Sea como fuere yo que detesto leer en la playa necesito alimentarme de algún BS y a esto vengo, queridos míos.
Hoy toca el BS recomendado por Knut para este verano.
Por supuesto va de Zombies.
El autor es hijo de Mel Brooks. Va de lo que dice el título. Y el otro libro del autor es Guía de supervivencia Zombie.
¿No os parece encantadoramente ideal de la muerte?
Además, no sólo porque ambiental y contextualmente es deliciosamente estético leer un BS de zombies en la playa, es que encima es jodidamente entretenido y a su manera bestsellers bastante original.
Vamos por lo bueno antes y dejemos lo malo para la letra pequeña.
Si hay un subgénero paradigmático de las relaciones brutalmente descompensadas en las relaciones cine/literatura son los zombies. El cine ha tenido un peso gigantesco en la configuración del imaginario popular, algo que lo igualaa todos los demás monstruos, sin embargo la contrarréplica literaria en los demás casos es más amplia y rica que con los zombies. Esto ha creado una dependencia literaria excesiva del modelo válido reconocido. Básicamente es: No te salgas de Romero.
Hay excepciones, claro que sí, pero si no las obvio nada de lo que estoy diciendo vale una mierda. No hablaré entonces de Ojos Verdes, ea.
GMZ cumple con creces en el aspecto lúdico, es un libro sumamente divertido de leer y en general bastante cachondo. Letra gordota y pesadete (ya sabemos es mejor que vean que leemos tochos a tutiplen, no hay nada como constatar que el BS del de al lado es más canijo) Además se aleja lo suficiente del tópico como para resultar a priori ya de por sí interesante.
La Guerra Mundial Zombie ha terminado y la ONU encarga a Brooks el hacer un informe que de cuente de lo que ha ocurrido globalmente, que establezca una cronología de lo que ha pasado y tal. Lo que nosotros leemos el la parte de ese libro que recoge las diferentes entrevistas que ha ido realizando Brooks en sus viajes por el mundo. Todos son relatos en viva voz de supervivientes del holocausto.
No hay protas, los capítulos son generalmente cortos, lo cual compone un mosaico tan adictivo como fácil de leer. Las entrevistas son además tremendamente variadas. Por lo general mantienen un buen nivel, sin ser tampoco el acabose. Tiene un aspecto especulativo delicioso en muchos aspectos, aunque globalmente la falta de ambición real lo lastre.
Uno termina el libro pensando ¿por qué no se me ocurrió a mi? La idea es tan buena que dificilmente la realización quede a la altura de lo que promete. En manos de un autor más capaz y de mirada más larga habría dado sin dudas mucho más de sí. Pero con todo Brooks se las compone para realizar un trabajo más que digno.
Es una pena que precisamente la especulación vaya progresando a marchas forzadas hacia lo trillado, que aunque inicialmente se de una visión realista y cruel de la cultura norteamericana sea el nauseabundo mensaje prototipico useño el que, como siempre, cale hondo en la mentalidad mundial. Igualmente ocurre con las demás superpotencias, con una Rusia tan corrupta como mala es la China o maléfico Castro. Gusta que de estopa a todo cristo, pero en ocasiones molesta por caer tan de lleno en el tópico autocontemplativo.
Con todo es una obra que no te hace sentir gilipollas que entretiene que es cosa mala y que a fin de cuentas es una ucronia zombie que no se queda meramente en los inicios de la catástrofe sino que la recorre toda ella y sobre todo, habla de cómo el mundo se reconstruye, los efectos psicológicos globales y en fin, esas cosillas que nunca has visto en una peli.
Salud!!!
Hoy toca el BS recomendado por Knut para este verano.
Por supuesto va de Zombies.
El autor es hijo de Mel Brooks. Va de lo que dice el título. Y el otro libro del autor es Guía de supervivencia Zombie.
¿No os parece encantadoramente ideal de la muerte?
Además, no sólo porque ambiental y contextualmente es deliciosamente estético leer un BS de zombies en la playa, es que encima es jodidamente entretenido y a su manera bestsellers bastante original.
Vamos por lo bueno antes y dejemos lo malo para la letra pequeña.
Si hay un subgénero paradigmático de las relaciones brutalmente descompensadas en las relaciones cine/literatura son los zombies. El cine ha tenido un peso gigantesco en la configuración del imaginario popular, algo que lo igualaa todos los demás monstruos, sin embargo la contrarréplica literaria en los demás casos es más amplia y rica que con los zombies. Esto ha creado una dependencia literaria excesiva del modelo válido reconocido. Básicamente es: No te salgas de Romero.
Hay excepciones, claro que sí, pero si no las obvio nada de lo que estoy diciendo vale una mierda. No hablaré entonces de Ojos Verdes, ea.
GMZ cumple con creces en el aspecto lúdico, es un libro sumamente divertido de leer y en general bastante cachondo. Letra gordota y pesadete (ya sabemos es mejor que vean que leemos tochos a tutiplen, no hay nada como constatar que el BS del de al lado es más canijo) Además se aleja lo suficiente del tópico como para resultar a priori ya de por sí interesante.
La Guerra Mundial Zombie ha terminado y la ONU encarga a Brooks el hacer un informe que de cuente de lo que ha ocurrido globalmente, que establezca una cronología de lo que ha pasado y tal. Lo que nosotros leemos el la parte de ese libro que recoge las diferentes entrevistas que ha ido realizando Brooks en sus viajes por el mundo. Todos son relatos en viva voz de supervivientes del holocausto.
No hay protas, los capítulos son generalmente cortos, lo cual compone un mosaico tan adictivo como fácil de leer. Las entrevistas son además tremendamente variadas. Por lo general mantienen un buen nivel, sin ser tampoco el acabose. Tiene un aspecto especulativo delicioso en muchos aspectos, aunque globalmente la falta de ambición real lo lastre.
Uno termina el libro pensando ¿por qué no se me ocurrió a mi? La idea es tan buena que dificilmente la realización quede a la altura de lo que promete. En manos de un autor más capaz y de mirada más larga habría dado sin dudas mucho más de sí. Pero con todo Brooks se las compone para realizar un trabajo más que digno.
Es una pena que precisamente la especulación vaya progresando a marchas forzadas hacia lo trillado, que aunque inicialmente se de una visión realista y cruel de la cultura norteamericana sea el nauseabundo mensaje prototipico useño el que, como siempre, cale hondo en la mentalidad mundial. Igualmente ocurre con las demás superpotencias, con una Rusia tan corrupta como mala es la China o maléfico Castro. Gusta que de estopa a todo cristo, pero en ocasiones molesta por caer tan de lleno en el tópico autocontemplativo.
Con todo es una obra que no te hace sentir gilipollas que entretiene que es cosa mala y que a fin de cuentas es una ucronia zombie que no se queda meramente en los inicios de la catástrofe sino que la recorre toda ella y sobre todo, habla de cómo el mundo se reconstruye, los efectos psicológicos globales y en fin, esas cosillas que nunca has visto en una peli.
Salud!!!
martes, 8 de julio de 2008
Adios compañero
Me acabo de enterar de que Dish ha acabado con su vida. No suelo ser en exceso sentimental pero lo cierto es que en esta ocasión algo se ha soltado dentro de mi. Dish no era mi escritor favorito ni estaba entre los más destacados en cuanto a popularidad, sin embargo su coherencia, sensibilidad y libertad eran algo demasiado especial y único como para no distinguirse del resto.
Quedan algunas obras brutalmente buenas, nada complacientes pero cargadas de una empatía poco habitual.
Descansa en paz, compañero.
Joder.
Quedan algunas obras brutalmente buenas, nada complacientes pero cargadas de una empatía poco habitual.
Descansa en paz, compañero.
Joder.
martes, 1 de julio de 2008
Kavafis, el 15 y Pascual Ferry.
Corría 1989, yo cursaba 2º de bachillerato y compraba mensualmente una variada mezcla de tebeos, lo que incluía La cosa del pantano, V de Vendeta, Akira (por entonces quincenal), el Zona 84 (antes 1984), el Cimoc y de tanto en tanto Cairo, a pesar de odiar hasta el extremo la línea clara. Por entonces no era elitista, o al menos el elitismo era si acaso una tendencia más que una realidad sustentada en una nada un pelín menos gorda que la actual.
En cierto sentido creo que a distancia que va de los 10 a los 15 fue el horizonte donde luego he ido caminando, no sólo en un sentido cultural me temo. Pero los 15 fueron algo especial. Desde este ahora todo el camino que se extiende desde aquel entonces y termina bajo mis pies está cargado de un número cíclico y creciente de quemas brutales. En algún punto que soy incapaz de situar la frontera entre optimismo y pesimismo debió ser pasada, me gustaría recordarlo para así tener algo de esperanza de poder encontrar unas tierras más cómodas que las que habitan estas palabras, pero mentiría si dijera otra cosa.
Nunca he hablado de Ferry en estos años de internete, algo curioso cuando el móvil que me ha ido moviendo todos estos años ha sido el amor evangélico por el arte que me conmueve, la necesidad de compartir todo lo que me ha confortado con la sensación vital de no ser más que uno entre muchos, uno concreto y específico, tanto que por necesidad ha de ser universal. Y es extraño porque Pascual ocupa exactamente el mismo lugar en mis querencias que Prado, son ambos autores con los que tengo vinculaciones digamos que personales. A ambos los he visto en la distancia, con idéntica sensación de desengaño, de tan imbécil que llego a ser.
Astiberri publicó hace unos años en un solo album todas las historias largas que hizo Ferry a finales de los 80 y a primeros de los 90. Creo que en otras entradas he hablado de la enorme impresión que me produce el leer de golpes obras que me han llevado años seguir. De golpe y porrazo me encuentro con todo Ferry en sólo 300 páginas, un montón de años que empiezan justo cuando yo tenía 15.
Puede que mi olvido se deba también a que la persona que por entonces iba en paralelo a mis descubrimientos y emociones al respecto Ferry era alguien que tenía perfectamente parcelado en esa porción del pasado que uno guarda en cajas dentro de algún armario cargado de alcanfor. Manuel Osuna Llinares amó y conoció a Ferry y con él a Beroy junto conmigo. Tristemente Beroy se dilulló en algún punto, después de apuntar algunas historias interesantes y un estilo del que yo he quedado colgado en más sentidos que en meramente melancóliico. Pero sobre todo estaba Ferry.
La edición de Astiberri es tan hermosa que he estado llorando con cada página, muy especialmente con las “entrevistas” en donde Ferry explica algo de sus historias, pero sobre todo por el modo en que las ha hilado.
Uno sabe que está con un trozo de alguien entre las manos, en cierto sentido lo has sabido siempre, desde el mismo momento en que leíste a Ferry. Pero el reencuentro con Sebastián Gorza ha sido para mi algo mucho más grande de lo que soy capaz de explicar con palabras.
Al final en este mundo friki uno se da cuenta de que casi todos hemos pasado por los mismos amores, más que por las mismas experiencias, quién más quién menos ha dejado algo en los mismos libros y cada uno de nosotros lo ha tocado, quedándose a su vez infectado. Veo ahora que mi necesidad de hablar de todos los nombres de los que he hablado y hablaré estos años es la descubriros también a todos vosotros, los que leeís esto y los que no. Estos blogs me han dado a su vez la posibilidad de reconocerme en muchas de vuestras palabras.
¿Cuántos hemos soñados juntos en algún topos atemporal colgados de los Trípodes? ¿Cuánta gente está junta entre las páginas de It?
¿Y qué coño hace aquí Kavafis?
La esperanza de que los que no conozcais siquiera el nombre lo leais. Es un regalo de aquel entonces, de los 15, que me hizo Ferry y del que hasta ahora, no sé por qué no he hablado a nadie.
Sabed que os quiero, jodios!
En cierto sentido creo que a distancia que va de los 10 a los 15 fue el horizonte donde luego he ido caminando, no sólo en un sentido cultural me temo. Pero los 15 fueron algo especial. Desde este ahora todo el camino que se extiende desde aquel entonces y termina bajo mis pies está cargado de un número cíclico y creciente de quemas brutales. En algún punto que soy incapaz de situar la frontera entre optimismo y pesimismo debió ser pasada, me gustaría recordarlo para así tener algo de esperanza de poder encontrar unas tierras más cómodas que las que habitan estas palabras, pero mentiría si dijera otra cosa.
Nunca he hablado de Ferry en estos años de internete, algo curioso cuando el móvil que me ha ido moviendo todos estos años ha sido el amor evangélico por el arte que me conmueve, la necesidad de compartir todo lo que me ha confortado con la sensación vital de no ser más que uno entre muchos, uno concreto y específico, tanto que por necesidad ha de ser universal. Y es extraño porque Pascual ocupa exactamente el mismo lugar en mis querencias que Prado, son ambos autores con los que tengo vinculaciones digamos que personales. A ambos los he visto en la distancia, con idéntica sensación de desengaño, de tan imbécil que llego a ser.
Astiberri publicó hace unos años en un solo album todas las historias largas que hizo Ferry a finales de los 80 y a primeros de los 90. Creo que en otras entradas he hablado de la enorme impresión que me produce el leer de golpes obras que me han llevado años seguir. De golpe y porrazo me encuentro con todo Ferry en sólo 300 páginas, un montón de años que empiezan justo cuando yo tenía 15.
Puede que mi olvido se deba también a que la persona que por entonces iba en paralelo a mis descubrimientos y emociones al respecto Ferry era alguien que tenía perfectamente parcelado en esa porción del pasado que uno guarda en cajas dentro de algún armario cargado de alcanfor. Manuel Osuna Llinares amó y conoció a Ferry y con él a Beroy junto conmigo. Tristemente Beroy se dilulló en algún punto, después de apuntar algunas historias interesantes y un estilo del que yo he quedado colgado en más sentidos que en meramente melancóliico. Pero sobre todo estaba Ferry.
La edición de Astiberri es tan hermosa que he estado llorando con cada página, muy especialmente con las “entrevistas” en donde Ferry explica algo de sus historias, pero sobre todo por el modo en que las ha hilado.
Uno sabe que está con un trozo de alguien entre las manos, en cierto sentido lo has sabido siempre, desde el mismo momento en que leíste a Ferry. Pero el reencuentro con Sebastián Gorza ha sido para mi algo mucho más grande de lo que soy capaz de explicar con palabras.
Al final en este mundo friki uno se da cuenta de que casi todos hemos pasado por los mismos amores, más que por las mismas experiencias, quién más quién menos ha dejado algo en los mismos libros y cada uno de nosotros lo ha tocado, quedándose a su vez infectado. Veo ahora que mi necesidad de hablar de todos los nombres de los que he hablado y hablaré estos años es la descubriros también a todos vosotros, los que leeís esto y los que no. Estos blogs me han dado a su vez la posibilidad de reconocerme en muchas de vuestras palabras.
¿Cuántos hemos soñados juntos en algún topos atemporal colgados de los Trípodes? ¿Cuánta gente está junta entre las páginas de It?
¿Y qué coño hace aquí Kavafis?
La esperanza de que los que no conozcais siquiera el nombre lo leais. Es un regalo de aquel entonces, de los 15, que me hizo Ferry y del que hasta ahora, no sé por qué no he hablado a nadie.
Sabed que os quiero, jodios!
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