Muchos vivimos en carnes propias aquella transformación que vivió el comic comercial norteamericano en la segunda mitad de los 80, un hecho trasnformador para bastantes de nosotros que nos hemos quedado colgados de obras como Watchmen, Dark Knight, Año Uno y sus derivados posteriores, memorables en muchos sentidos, como Gaiman, Delano, Morrison y tantos otros. Con todo no suele nombrarse normalmente en este paquete al bueno de Veitch. Sinceramente creo que aún cuando hay algo injusto en esta falta de reconocimiento popular, lo cierto que es la obra de este autor por aquel entonces no me parece que fuera precisamente meritoria.
El Uno se publicó en el sello Epic de Marvel, aquella entelequia bienintencionada de hacer un tebeo comercial más centrado en un público adulto (mayor de edad, vamos) alejado de la censura y en el que más o menos tímidamente se tocaban temáticas más maduras. La serie que consta de 6 números, se publica antes que Watchmen y en cierto sentido antecede gran parte de lo que ocurrirá más adelante.
Parte de una idea algo absurda pero encantadora: En el momento en el que empieza una guerra nuclear masiva, la humanidad al completo, acojonadita y en pleno shock, despierta de alguna manera una entidad colectival El Uno, superhéroe pseudojipioso poco habitual. Es una serie en muchos aspectos bastante mediocre: el dibujo es suciete, pero sobre todo la narrativa, los encuadres, perspectivas y en general el ritmo de la historia, es muy torpón. Parece de hecho una obra amateur en muchos aspectos, igualmente el tono satírico es poco homogeneo siendo por momentos muy marcado y por otros más suaves. Tal falta de equilibrio hace que el conjunto no funcione adecuadamente. Por lo demás en muchos aspectos es tan tópica la historia, sobre todo en su intención (bondadosa por otra parte), dando la impresión de parecer más un ejercicio de secundaria que una obra profesional.
Sin embargo tiene aspectos de una calidad notable, las portadas son geniales, no sólo en su factura sino en la clara simboligía, bastante valiente en una época políticamente oscura. Esas hamburguesas como portadas o botes de detergente, dólares y en general toda una suerte de referencias "pop" vienen ni que pintada a una historia de una mala baba considerable. Igualmente esa imagen de conjunto tan underground está realmente bien representada, es rarísima además dentro de una historia comercial de superhéroes. Esos superhemanos americanos entregados al incesto, esa mala rusa cuyo deseo en la vida es hecharle un polvo a superman, el multimillonario friki. Tienen su encanto, desde luego, pero con todo son demasiado superficiales.
Igualmente las referencias frikosas a pensadores misticoides, iluminatis, y el despertar de la humanidad al estilo de El fin de la infancia interpretado por Castaneda tiene un encanto, no lo niego, pero creo que sobre todo porque produce justamente lo que trata de evitar. Hay un maniqueismo tan facilon entre los insntintos humanos malos y el deseo de amor universal bueno, que realmente la perspectiva salvífica asusta tanto como la perdición total. Sonroja además la inclusión de un cielo personal dentro del concepto de Unidad Universal que sonroja por inocente y falsote.
Con todo Veitch sobresale más como persona que como autor, al menos por esta época. Lejos del mejor Veitch de ahora e incluso de aquel que continuó con el trabajo de Moore en la Cosa del Pantano (pobrecito), merece mucho la pena el leer este tebeo, no sólo por razones digamos que históricas, sino porque es bueno el notar de vez en cuando que más que Creadores De La Hostia, nos faltan más artesanos sinceros y valientes, coherentes en su sentir como Veitch.
jueves, 30 de octubre de 2008
Hybris
La razón fundamental por la que me ha resultado muy difícil el hacerme un aficionado a lo que por lo común se entiende por "fantasía" es porque he sido criado desde mucho antes de saber leer con Homero. Pero no el Homero culto ni el poético, el caldo de cultivo en el que la fantasía de mi niñez se condensó era el aspecto épico más epidérmico del relato. Es por ello que me resulta difícil separar a Harryhausen de Homero, lo mismo que me resulta imposible el ver a Odiseo con otra cara diferente a la de Kirk Douglas. Los fragmentos que mi padre me leía de la Iliada y la Odisea yo los vivía en su aspecto de aventura pura y dura. Incluso cuando en la facultad me toco el leerlos de una manera más técnica me resultaba imposible el no poner a todas horas a Manowar o recrearme, junto a mi añorado colega Sulis, en las partes sangrientas y brutales del relato.
La cultura griega, pese a tener muchos puntos en común con lo que sería el futuro cristianismo carecía de un concepto de pecado tal y como lo entendemos. Para ellos lo más cercano es la hybris, la desmesura aplicada al ego desmedido. Si moira determinaba el destino personal de cada individuo la hybris consistía en querer más y buscarlo. No es complicado entender que para una cultura en la que el exceso es visto como el mayor "pecado" el "término medio" o pan metron fuera algo así como un ideal moral. Sin embargo el aspecto por el que me he sentido siempre más atraido no es este, que suele ser lo que uno se encuentra más fácilmente extendido.
Aunque la épica es algo que me puede y pierde, no es la Iliada mi libro favorito, sino La Odisea. Precisamente porque en cierto sentido Odiseo representa un cierto tipo de ideal hecho carne. No es el mejor guerrero ni atleta, siendo en ambas facetas un tipo bastante bueno, tampoco realmente es su astucia tan desbordante por sí misma, sino que es en cierto sentido el motor de todo lo demás. Porque es la hybris de Odiseo la que motiva el largísimo retorno a casa que vive, esa historia ancestral de formación en la tras perder el hogar, y pese a cualquier destino que quiera invocarse, la vuelta implica un regresarse a uno mismo. Y es un camino que se recorre en virtud a la Hybris, al orgullo de oponerse ante los mismos dioses, no el pensarse más o el quererse más, sino el hacerse más. Es esa desmesura la que me desarma, causa de que el tolkienismo y variantes no me pueda.
Porque la fantasía desde la hybris es una fantasía no conservadora ni nostálgica. Odiseo es astuto con los dioses, bordea el límite de lo moral asumiendo los costes cada vez que pasa la línea en algún sentido.
En mi fuero más interno he soñado siempre que el origen de la filosofía y la ciencia (siempre siamesas hasta la eternidad) es la hybris, esa desmesura que nos caracteriza como especie, y que cuando va dirigida a los dioses, no cuestionando su existencia sino clamándo derechos, me emociona y conmociona hasta el tuétano más viejo de mi cuerpo, el que pertenece a los pozos de ADN que me ha dado la vida. Es esa hybris la que hace posible el que haya nacido ese niño-medicina, ese niño-ganado ganado al Azar y por ello indigno de dignidad, enfermo de hybris en su oposición existencial al Destino. La hybris de Prometeo y Pandora, a fin de cuentas el origen fundamental del movimiento que toda religión monoteista ha o bien negado o devaluado, suelo fértil donde sembrar hybris.
Porque cada porción del Destino que hemos tomado para nosotros no ha sido un regalo ni un premio de dios alguno, y aunque eso pueda salvarnos o perdernos, es prerrogativa nuestra el tomar el destino desde las mismísimas manos de los dioses.
El orgullo como la virtud de asumir la responsabilidad del hacerse.
La cultura griega, pese a tener muchos puntos en común con lo que sería el futuro cristianismo carecía de un concepto de pecado tal y como lo entendemos. Para ellos lo más cercano es la hybris, la desmesura aplicada al ego desmedido. Si moira determinaba el destino personal de cada individuo la hybris consistía en querer más y buscarlo. No es complicado entender que para una cultura en la que el exceso es visto como el mayor "pecado" el "término medio" o pan metron fuera algo así como un ideal moral. Sin embargo el aspecto por el que me he sentido siempre más atraido no es este, que suele ser lo que uno se encuentra más fácilmente extendido.
Aunque la épica es algo que me puede y pierde, no es la Iliada mi libro favorito, sino La Odisea. Precisamente porque en cierto sentido Odiseo representa un cierto tipo de ideal hecho carne. No es el mejor guerrero ni atleta, siendo en ambas facetas un tipo bastante bueno, tampoco realmente es su astucia tan desbordante por sí misma, sino que es en cierto sentido el motor de todo lo demás. Porque es la hybris de Odiseo la que motiva el largísimo retorno a casa que vive, esa historia ancestral de formación en la tras perder el hogar, y pese a cualquier destino que quiera invocarse, la vuelta implica un regresarse a uno mismo. Y es un camino que se recorre en virtud a la Hybris, al orgullo de oponerse ante los mismos dioses, no el pensarse más o el quererse más, sino el hacerse más. Es esa desmesura la que me desarma, causa de que el tolkienismo y variantes no me pueda.
Porque la fantasía desde la hybris es una fantasía no conservadora ni nostálgica. Odiseo es astuto con los dioses, bordea el límite de lo moral asumiendo los costes cada vez que pasa la línea en algún sentido.
En mi fuero más interno he soñado siempre que el origen de la filosofía y la ciencia (siempre siamesas hasta la eternidad) es la hybris, esa desmesura que nos caracteriza como especie, y que cuando va dirigida a los dioses, no cuestionando su existencia sino clamándo derechos, me emociona y conmociona hasta el tuétano más viejo de mi cuerpo, el que pertenece a los pozos de ADN que me ha dado la vida. Es esa hybris la que hace posible el que haya nacido ese niño-medicina, ese niño-ganado ganado al Azar y por ello indigno de dignidad, enfermo de hybris en su oposición existencial al Destino. La hybris de Prometeo y Pandora, a fin de cuentas el origen fundamental del movimiento que toda religión monoteista ha o bien negado o devaluado, suelo fértil donde sembrar hybris.
Porque cada porción del Destino que hemos tomado para nosotros no ha sido un regalo ni un premio de dios alguno, y aunque eso pueda salvarnos o perdernos, es prerrogativa nuestra el tomar el destino desde las mismísimas manos de los dioses.
El orgullo como la virtud de asumir la responsabilidad del hacerse.
lunes, 20 de octubre de 2008
PLUTON, BRB Nero
Vale, no deja de ser una versión patria del Enano Rojo con menos mala leche, pero si no cuidamos este pequeño entretenimiento apretencioso sin maldad ni malicia perderemos toda legitimidad cada vez que recordamos el árbol genealógico de Daniel Écija cuando estamos en el WC.
Tengo esperanzas de que la cosa mejore con el tiempo, pero por ahora, sin ser delicatessen, al menos da cierto gusto maravilloso por ver la tele.
Dadle una oportudinad aunque sólo sea por la esperanza de que cree algo de escuela, tarde o temprano los Pperos nos gobernaran de nuevo. Joer, pensad en Escenas de Matrimonio.
Cifi patria, en capítulos de menos de media hora. ¿Ande se ha visto algo igual?
Edito:
Después de que la semana pasada no se emitiera el capítulo de rigor porque la Santa Iglesia protestara por un puto diálogo tonto, lo de esta semana no tiene nombre. Es de lo peor que he visto en la tele en mucho tiempo. No guión, no historia, tópicos a mansalva, una chapuza en toda regla, desde el comienzo en el que se RESUME EL CAPÍTULO QUE NO EMITIERON ECHANDO LECHES, porque coño, hasta ahora es el único que CONTINÚA. Si añades la canción del final... menuda puta mierda.
Me desdigo, Enano Rojo se la come con papas. Esperemos que la cosa mejore, porque sino borro esta entrada.
Tengo esperanzas de que la cosa mejore con el tiempo, pero por ahora, sin ser delicatessen, al menos da cierto gusto maravilloso por ver la tele.
Dadle una oportudinad aunque sólo sea por la esperanza de que cree algo de escuela, tarde o temprano los Pperos nos gobernaran de nuevo. Joer, pensad en Escenas de Matrimonio.
Cifi patria, en capítulos de menos de media hora. ¿Ande se ha visto algo igual?
Edito:
Después de que la semana pasada no se emitiera el capítulo de rigor porque la Santa Iglesia protestara por un puto diálogo tonto, lo de esta semana no tiene nombre. Es de lo peor que he visto en la tele en mucho tiempo. No guión, no historia, tópicos a mansalva, una chapuza en toda regla, desde el comienzo en el que se RESUME EL CAPÍTULO QUE NO EMITIERON ECHANDO LECHES, porque coño, hasta ahora es el único que CONTINÚA. Si añades la canción del final... menuda puta mierda.
Me desdigo, Enano Rojo se la come con papas. Esperemos que la cosa mejore, porque sino borro esta entrada.
viernes, 17 de octubre de 2008
Estándar Comercial
Buscando información para las vacaciones soñadas en Amsterdam me topé con un concepto que ha estado dando vueltas desde entonces a mi cabeza. Un cultivador elitista de marihuana sostenía que en el boom que ha vivido este mundillo en la última década, con la proliferación de bancos de semillas a mansalva y su consecuente oferta de miles de variedades. La cosa ha llegado a un extremo en el que se venden marcas comerciales básicamente, a pesar de que tras nombres rimbombantes se esconde poca substancia para aquel con cierta experiencia. El punto fuerte del negocio de la semilla de marihuana está en el hecho de que cuando dos razas se mezclan la generación siguiente resultante de sus semillas posee un fuerte vigor híbrido. Esa generación, llamada F1, posee unas carácterísticas especiales que se diluyen en las generaciones posteriores. Por eso se venden tantas semillas.
Uno de los éxitos recientes ha sido la comercialización de semillas feminizadas. El coñazo de cultivar la maría estriba en el hecho de que es una planta sexuada, pero que sólo la hembra y sus flores ofrecen psicoactividad. Por eso nunca tienes la seguridad de que las X semillas que plantes vayan a ser hembras y es toda una desgracia de que si se te escapa un macho te polinizará con toda seguridad a tus hembras. El proceso de feminizar a las semillas consiste usualmente en revertir el sexo de una hembra químicamente, para autofertilizarla y conseguir semillas feminizadas S1. Así te aseguras de que prácticamente la totalidad de las semillas que germines sean hembras, por lo que el trance dramático de ir sexándolas y cepillarte sin piedad a los machos te lo pasas. Por el contrario una White Widow feminizada no es genéticamente igual que una WW feminizada. Lo lógico sería que el grado de degradación en la pureza se viera recompensada por un precio sustancialmente menor. No es el caso.
Este forero se quejaba de que la mayor parte de esas genéticas rimbombantes actuales en realidad se parecían muy poco a los apellidos que llevan, pero que fundamentalmente ofrecían hierva que olía más o menos y que coloca sin más. La gente quiere colocarse únicamente y es eso lo que pide. Y a todo esto le llamaba Estándar Comercial.
No resulta dificultoso el extrapolar todo esto a cualquier aspecto cultural. Porque generalmente todos asumimos aquello de que el 90% de cualquier cosa es basura, obviando aquella parte que sin serlo directamente configura en el fondo el baremo de calidad de un momento determinado.
Me doy cuenta de que tengo el paladar saturado de ejemplos de Estándar Comercial, incluso que hay autores que han desplazado su carrera hacia lugares cómodamente situados en lo Estándar con gran éxito. Que mucha gente que echa pestes de Operaciones Triunfos y derivados no tiene reparos en alabar el Estándar de su momento como si fuera La Polla En Verso o Palabra De Dios. Vivimos en una época de Grandes Muertes, todo ha sido muerto y certificado como tal al menos dos o tres veces. Se nos murió la Historia, la Verdad, Dios y el Arte, entre muchas otras cosas, y sin embargo no es raro encontrar voces proclamando Obras Maestras por todas partes.
Un Estándar Comercial como Wall-E tiene encendidas críticas laudatorias. Los Puentes de Madison, como otrora el coñazo aquel de Love Story, se ensalza como Estándar de historia amorosa (cuando da nauseas en ese sentido, por tramposa y falsa, joder!) Un plagiario como Tarantino aclamado por sus virtudes, una basura deleznable como 300, una nadería como Dark Knight, El niño del pijama de rayas, La vida es bella, Camino hacia la perdición, Mystic River etc, etc,, etc.
Un mundo en donde un cine tan insustancial (que no malo, ojo) como el de los Coen o las reiteraciones constantes sobre sí mismo de un Allen se encumbran como ejemplos de calidad, es un mundo que a todas luces a sucumbido ante el Estándar Comercial.
Y no estamos muy lejos del cagadero, no señor.
Aunque para cagadero Sitges. Aún me duele el alma con los restos que llevo en lo alto de Plastas tan Gordas como Dante 01 o Eden Log.
Ya ni Dios nos puede coger confesados!
Uno de los éxitos recientes ha sido la comercialización de semillas feminizadas. El coñazo de cultivar la maría estriba en el hecho de que es una planta sexuada, pero que sólo la hembra y sus flores ofrecen psicoactividad. Por eso nunca tienes la seguridad de que las X semillas que plantes vayan a ser hembras y es toda una desgracia de que si se te escapa un macho te polinizará con toda seguridad a tus hembras. El proceso de feminizar a las semillas consiste usualmente en revertir el sexo de una hembra químicamente, para autofertilizarla y conseguir semillas feminizadas S1. Así te aseguras de que prácticamente la totalidad de las semillas que germines sean hembras, por lo que el trance dramático de ir sexándolas y cepillarte sin piedad a los machos te lo pasas. Por el contrario una White Widow feminizada no es genéticamente igual que una WW feminizada. Lo lógico sería que el grado de degradación en la pureza se viera recompensada por un precio sustancialmente menor. No es el caso.
Este forero se quejaba de que la mayor parte de esas genéticas rimbombantes actuales en realidad se parecían muy poco a los apellidos que llevan, pero que fundamentalmente ofrecían hierva que olía más o menos y que coloca sin más. La gente quiere colocarse únicamente y es eso lo que pide. Y a todo esto le llamaba Estándar Comercial.
No resulta dificultoso el extrapolar todo esto a cualquier aspecto cultural. Porque generalmente todos asumimos aquello de que el 90% de cualquier cosa es basura, obviando aquella parte que sin serlo directamente configura en el fondo el baremo de calidad de un momento determinado.
Me doy cuenta de que tengo el paladar saturado de ejemplos de Estándar Comercial, incluso que hay autores que han desplazado su carrera hacia lugares cómodamente situados en lo Estándar con gran éxito. Que mucha gente que echa pestes de Operaciones Triunfos y derivados no tiene reparos en alabar el Estándar de su momento como si fuera La Polla En Verso o Palabra De Dios. Vivimos en una época de Grandes Muertes, todo ha sido muerto y certificado como tal al menos dos o tres veces. Se nos murió la Historia, la Verdad, Dios y el Arte, entre muchas otras cosas, y sin embargo no es raro encontrar voces proclamando Obras Maestras por todas partes.
Un Estándar Comercial como Wall-E tiene encendidas críticas laudatorias. Los Puentes de Madison, como otrora el coñazo aquel de Love Story, se ensalza como Estándar de historia amorosa (cuando da nauseas en ese sentido, por tramposa y falsa, joder!) Un plagiario como Tarantino aclamado por sus virtudes, una basura deleznable como 300, una nadería como Dark Knight, El niño del pijama de rayas, La vida es bella, Camino hacia la perdición, Mystic River etc, etc,, etc.
Un mundo en donde un cine tan insustancial (que no malo, ojo) como el de los Coen o las reiteraciones constantes sobre sí mismo de un Allen se encumbran como ejemplos de calidad, es un mundo que a todas luces a sucumbido ante el Estándar Comercial.
Y no estamos muy lejos del cagadero, no señor.
Aunque para cagadero Sitges. Aún me duele el alma con los restos que llevo en lo alto de Plastas tan Gordas como Dante 01 o Eden Log.
Ya ni Dios nos puede coger confesados!
martes, 14 de octubre de 2008
Nihilismo
Probablemente uno de los pensadores con mayor influjo en el pensamiento occidental del siglo pasado fue, modas a parte, Nietzsche . Lo Es curioso por cuanto que se le ha reconocido muy tardíamente la categoría de “filósofo”, quizás porque el eco que más ha tenido su pensamiento ha sido sobre todo en lo literario. No puedo negar mi simpatía y cariño por el quejica germano, inversamente proporcional al sentimiento de hastío que me dan sus seguidores y exégetas literarios, con Hesse a la cabeza.
N. es un filósofo asistemático y tremendamente literario, más dado a la simbología que al argumento racional propiamente dicho. Esto suele ser más común de lo quese cree, por lo general Platón es explicado siempre desde una posición sistemática, cosa que es una verdad a medias. Cuando te enfrentas directamente a su obra la seguridad que predican manuales y profesores de filosofía está menos presente y obvia que la duda constante y el sometimiento contínuo a crítica. Platón nunca terminó su sistema, es más lo cambió muy mucho a lo largo de la vida. Con N. pasa algo parecido sólo que con la agravante de que nunca ha habido sistema propiamente dicho ni interés duradero por hacerlo. El N. de apolo y Dionisios es muy diferente al de la voluntad de poder o nihilismo.
El nihilismo, literalmente la doctrina sobre la nada, es fruto del proceso histórico inevitable de la Muerte de Dios, porque una vez muerto el Garante de todo, lo ontológico y lo moral, no hay ya arquitectura sólida que sea capaz de sostener con rigor el entramado de ideas y valores con el que se ha ido viviendo durante milenios. Un nihilista es entonces aquel que después de contemplar cómo se han ido derrumbando los Grandes Conceptos, vive en un universo nadificado, despojado de los valores sólidos de antaño y por ello mismo nadeante.
Pero yo creo que existe otra fuente además de N., el romanticismo filosófico que se parece poco al artístico, supone un último estallido de fe en el Misterio como ontología fundante, la búsqueda del absoluto como sujeto fundante de todo tiende por propia naturaleza a la decepción nihilista.
El universo silencioso, Carente de Sentido, toma entonces fuerza en lo eidético narrativo, sus pensadores escriben fragmentariamente, no hay historia en las historias sino trozo, desorden. Cioran vomita sus frases llenas de una amargura decepcionante, Miller emprende su viaje de sexo y palabra al París idealizante en donde viven las putas y mueren las trascendencias. El Infierno es obra y gracia del hombre y su ciencia.
Y es que muerto dios, todo empieza a marchitarse, especialmente las mayúsculas y es que desde entonces incluso los números van en minúsculas. Porque tras el cadáver aséptico de la divinidad no queda ni los efluvios mortecinos de la putrefacción: eso sería ya un Sentido, una Historia.
Lo primero que mata Cioran y todos aquellos que claman silenciosamente el valor omnímodo de la nada es la posibilidad incluso conceptual de lo colectivo. Como si en el fondo se cayera en un pozo transformador, en una máquina que fabrica erizos homogéneamente uniformes en su miseria.
El Nihilismo troca sustancia y vida en ausencia, equivoca la nada con el vacío y cae en el error de pensar en términos de ausencia. Convierten su pensamiento en una sucesión de huellas cada vez más amplia, es decir, en un discurrir de ausencias. La brutal desaparición del Fundamento Columnar de todo da lugar a un viento terrible, despiadado, que se lo ventila paradójicamente todo, y es que no puede enterrarse lo que en rigor no tiene sustancia. El duelo por el Sentido se convierte en la celebración por la Nada.
Yo, que soy esencialmente un erizo, no soy capaz de entender el nihilismo, no puedo asimilar la ira, el asco, el desprecio por todo lo humano. Me parece que yerran cuando ven la Nada y sólo son capaces de aceptarle una actividad destructiva, darle esencia detructora es en el fondo lo mismo que quedarse colgado de la nostalgia mosqueada de una ausencia. Porque es propio de erizos el ver el mundo como una colectividad de silencio y átomos, pequeñas existencias duras y consistentes, aisladas en su mismidad de un todo que respira sobre la nada. Manda cojones que lo más básico y simple de todo, la colectividad de la existencia del mundo: el simple hecho de que todo es siempre mucho.
Y es que el nihilismo me asquea, me enfermiza el lloro continuo, la constante queja plañidera de un Cioran que es ciego al simple hecho de la colectividad de las cosas, qué más da Sentido alguno cuando todo es colectivo. Ah, quizás es que leíamos mal a los orientales, a lo mejor lo que ocurre es que antes de que las líneas de aquellas palabras entraran en los ojos teníamos en mente las interpretaciones lastimeras de los Nuestros.
Porque el escepticismo es una curiosidad en paréntesis no una curiosidad muerta, se duda por amor no por un deseo de muerte.
Así que tengo que decirlo: que le den a Nietzsche, Cioran y todos los quejitas (muchos de ellos maravillosos, jejeje) que nos asolan.
N. es un filósofo asistemático y tremendamente literario, más dado a la simbología que al argumento racional propiamente dicho. Esto suele ser más común de lo quese cree, por lo general Platón es explicado siempre desde una posición sistemática, cosa que es una verdad a medias. Cuando te enfrentas directamente a su obra la seguridad que predican manuales y profesores de filosofía está menos presente y obvia que la duda constante y el sometimiento contínuo a crítica. Platón nunca terminó su sistema, es más lo cambió muy mucho a lo largo de la vida. Con N. pasa algo parecido sólo que con la agravante de que nunca ha habido sistema propiamente dicho ni interés duradero por hacerlo. El N. de apolo y Dionisios es muy diferente al de la voluntad de poder o nihilismo.
El nihilismo, literalmente la doctrina sobre la nada, es fruto del proceso histórico inevitable de la Muerte de Dios, porque una vez muerto el Garante de todo, lo ontológico y lo moral, no hay ya arquitectura sólida que sea capaz de sostener con rigor el entramado de ideas y valores con el que se ha ido viviendo durante milenios. Un nihilista es entonces aquel que después de contemplar cómo se han ido derrumbando los Grandes Conceptos, vive en un universo nadificado, despojado de los valores sólidos de antaño y por ello mismo nadeante.
Pero yo creo que existe otra fuente además de N., el romanticismo filosófico que se parece poco al artístico, supone un último estallido de fe en el Misterio como ontología fundante, la búsqueda del absoluto como sujeto fundante de todo tiende por propia naturaleza a la decepción nihilista.
El universo silencioso, Carente de Sentido, toma entonces fuerza en lo eidético narrativo, sus pensadores escriben fragmentariamente, no hay historia en las historias sino trozo, desorden. Cioran vomita sus frases llenas de una amargura decepcionante, Miller emprende su viaje de sexo y palabra al París idealizante en donde viven las putas y mueren las trascendencias. El Infierno es obra y gracia del hombre y su ciencia.
Y es que muerto dios, todo empieza a marchitarse, especialmente las mayúsculas y es que desde entonces incluso los números van en minúsculas. Porque tras el cadáver aséptico de la divinidad no queda ni los efluvios mortecinos de la putrefacción: eso sería ya un Sentido, una Historia.
Lo primero que mata Cioran y todos aquellos que claman silenciosamente el valor omnímodo de la nada es la posibilidad incluso conceptual de lo colectivo. Como si en el fondo se cayera en un pozo transformador, en una máquina que fabrica erizos homogéneamente uniformes en su miseria.
El Nihilismo troca sustancia y vida en ausencia, equivoca la nada con el vacío y cae en el error de pensar en términos de ausencia. Convierten su pensamiento en una sucesión de huellas cada vez más amplia, es decir, en un discurrir de ausencias. La brutal desaparición del Fundamento Columnar de todo da lugar a un viento terrible, despiadado, que se lo ventila paradójicamente todo, y es que no puede enterrarse lo que en rigor no tiene sustancia. El duelo por el Sentido se convierte en la celebración por la Nada.
Yo, que soy esencialmente un erizo, no soy capaz de entender el nihilismo, no puedo asimilar la ira, el asco, el desprecio por todo lo humano. Me parece que yerran cuando ven la Nada y sólo son capaces de aceptarle una actividad destructiva, darle esencia detructora es en el fondo lo mismo que quedarse colgado de la nostalgia mosqueada de una ausencia. Porque es propio de erizos el ver el mundo como una colectividad de silencio y átomos, pequeñas existencias duras y consistentes, aisladas en su mismidad de un todo que respira sobre la nada. Manda cojones que lo más básico y simple de todo, la colectividad de la existencia del mundo: el simple hecho de que todo es siempre mucho.
Y es que el nihilismo me asquea, me enfermiza el lloro continuo, la constante queja plañidera de un Cioran que es ciego al simple hecho de la colectividad de las cosas, qué más da Sentido alguno cuando todo es colectivo. Ah, quizás es que leíamos mal a los orientales, a lo mejor lo que ocurre es que antes de que las líneas de aquellas palabras entraran en los ojos teníamos en mente las interpretaciones lastimeras de los Nuestros.
Porque el escepticismo es una curiosidad en paréntesis no una curiosidad muerta, se duda por amor no por un deseo de muerte.
Así que tengo que decirlo: que le den a Nietzsche, Cioran y todos los quejitas (muchos de ellos maravillosos, jejeje) que nos asolan.
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