Me he pasado la vida renegando por pesado y tedioso contra Tarkovsky, quizás porque su cine lo vi en el tránsito adolescente de mis primeros años de facultad, algo de lo que he vivido en exceso.
Actualmente estoy viendo su filmografía pausadamente, con tranqulidad, porque sueño con sus películas durante varios días y eso hace que me sea imposible el vivirlas de seguido. Me obsesionan, me colman en exceso, tanto tiempo de mala vida, de padecer tanta basura consentida me han dado un aguante espiritual muy corto.
Creo que puedo afirmar sin que me tiemble el pulso, con toda la sinceridad que puedo dar que T. es el mejor director que he podido disfrutar en lo que llevo de vida. Y lo digo conscientemente de la soplapollez que implica el pretender sostener "el mejor" de nada, especialmente de cualquier arte, esa cosa monstruosa y terrible. Lo colectivo puede prescindir de esa visión parcial de lo estrictamente individual.
Este señor me ha descubierto lo que es el observar el cine, creo honestamente que es el único modo verdadero de vivirlo y sé que esto queda pretencioso que te cagas, pero sinceramente es algo que sé. Llamadlo fe, si quereis. Su exquisita fotografía muestra, uno casi cree que no es un medio, una herramienta, sino directamente la exposición de lo real. Y lo cree hasta el preciso momento en el que el actor protagonista ve el regalo de su hijo. Incluso en un rendirse derrotado por la imposibilidad de verdad en el arte no se deja de buscar esta misma, la Verdad es el centro de su obra y en concreto de esta enorme, preciosa, grande, grande, grande película. Vivida desde una nostalgia gestada por un engaño.
Muchas veces he visto por ahí que el cine es un arte de la imagen y del tiempo, sin embargo pese a que creo que eso es cierto mi experiencia me dice que sobre todo el cine es Símbolo. Por eso son símbolos su tiempo y su espacio, su misma naturaleza. El tonto de Lars (que creo que debe en su mejor faceta muchíiiiiiiisimo a T.) ese solemne idiota creyó una vez que la Verdad del cine debe ser buscar lo Real, algo que paradójicamente nunca ha hecho, ignorando el poder del símbolo o violándolo con el esperpento más epidermico, esto es, superficial.
Esta es una película en la que la sinceridad te salpica en la cara, en donde se desangra todo aquello que su autor ha aprendido, una película cargada de Verbo aún cuando es consciente de la necesidad de silencio, y en donde él mismo se contradice suicida. Nunca he visto tan claro lo impúdico que hay escondido en la esencia de este Arte, aunque desde niño he sentido horror por el teatro que es donde mejor se ejemplifica lo que digo, la encarnación de esa paradoja en donde lo mejor se ha movido siempre buscando una Verdad usando como herramientas y material lo más apariencial, lo más falso posible.
En estos tiempos de tribulaciones espirituales me acuerdo mucho de algunas charlas privadas con Nasi, en mi época extinta de usuario de Sedice, al respecto la Objetividad del arte. Menudo gilipollas era yo por entonces.
Este cine ha hecho que desee predicarlo, en un momento en el que ya no podía predicar nada por falta de feL lo mejor de mi persona han sido desde siempre aquellos que he tenido alzados tras mis espaldas, esa gente que me sirve para pasar este jodido devenir entre dos nadas con la confirmación de no estar ni haberlo estado nunca solo.
A pesar de ser un puto descastado, pero eso es otra historia, una para un blog afortunadamente, juas juas juas.
Nota: Esta entrada procede de una opinión que he puesto en web Leelibros de Sedice. Aunque esta última no es santo de mi devoción, debo decir que Leelibros me parece una iniciativa necesaria. Aunque tengan ficha de Juan Salvador Gaviota, Pero nadie es perfecto.