lunes, 29 de noviembre de 2010

Adios Tana

Ayer buena parte de mi universo vital se ha desgarrado. La planta baja de mi casa se ha incendiado brutalmente mientras dormíamos, por fortuna estos días atrás he estado con una de mis crisis de asmas propias de estas fechas. así que las molestas sibilancias de mi pecho han sido para mi, para mi familia, la salvación.

Los bomberos nos decían que estábamos de celebración y no de luto, que nos salvamos por los pelos.

Sin embargo... mi pequeña Rottweiler, mi Tana querida, mi compañera. mi hija perruna, mi hermana no lo ha logrado. Tengo mi casa hecha unos zorros, no tengo trabajo ni siquiera puedo costearme un paquete de tabaco, un simple desayuno. Toda mi vida he bordeado de alguna manera la nada, ahora esa nada tiene forma de cristales rotos, de humo negro, pero de algún modo irracional donde me siento realmente roto es allí donde Tana se había alojado, en algún punto duro de aquello que soy.

No puedo creer en Dios, ni en sentido alguno del universo, no creo en entidades sobrenaturales bonachonas, del tipo que sean. El tiempo me ha ido moldeando en ese sentido, pero sí hay algo en lo que creo, esto es: el amor. Lo único que une.

Tana me eligió desde muy pequeña, a mi y a mi familia, se agarró a nuestras vidas feliz de compartirla con nosotros y nunca pidió más que estar junto a nosotros. Me resulta imposible el no pensar en ella, y sé que nunca más... nunca.

Gracias pequeña, gracias, gracias, gracias, gracias.

Te amamos, te amo negrita, mi amor...