viernes, 29 de julio de 2011

Exilio (II)

Sólo tengo ojo para el detalle. Mi memoria pertenece a un plano semántico tan diferente de mi ojo que siempre me pierdo intentando mediar puentes entre ambos. Calculo entonces de manera incorrecta, confundiendo álgebra con aritmética, sorprendido de que subido a estos años que arrastro aún no haya aprendido a caminar en el barro sin mirar de continuo a mis pies. No dejas huella en el barro.

Mi cabeza es un paisaje de adolescencia cuyos personajes nunca logran traducirse con sus actores.

Busco mi rostro y encuentro mil caras, me apena el que tantas de ellas me den la espalda, molestas quizás por la imposibilidad de traducirnos. Sólo nos une el remedo parcial de otros ojos, el calor robado de una mejilla imposible que nunca pudo ser mía. Trato de unir los retales sin ser capaz de ver todo el conjunto, el detalle sólo muestra lo roto. Y el deseo de querer estar en cada trozo, entero y completo, henchido del aire que respiras, de consumirme en el hambre de saberme mirado como yo te veo a ti.