Me deslizo en el sueño hilando hebras de ceniza, buscando acomodo tras la sombra de palabras que no logro encontrar, descolgándome en un silencio afásico, un run run sordo que confundo con un rechinar de dientes.
Te recuerdo incómodo, sin saber hacerme con este espacio en el exilio e imagino un lugar donde quepa todo cuanto perdí, un rincón donde la luz es tibia en las noches. Mientras tanto mis pies cuelgan de un muro, pesados y verticales, como queriendo echar raices lunares, dando la espalda a todo lo que está quieto. Tengo 11 años y no te conozco, como siempre estoy allí donde ya no estoy, retornando sin anclajes, henchido de nada.
Espero.
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