"Sólo encuentro momentos verdaderamente felices en la
soledad.
Mi soledad es mi palacio. Ahí tengo mi silla y mi cama,
mi viento y mi sol. Cuando estoy sentada fuera de mi soledad,
estoy sentada en el exilio, estoy sentada en un país engañoso".
Grande, grande, llevo este fragmento colgando del cuello desde la primera vez que vi Léolo, son palabras que me sobrecogen, y ahora que no leo me recuerdan la urgencia de actuar, de celebrar el nombre de las cosas como si estas fueran a morir con uno mismo.
Cierro los ojos y sólo tengo mis dedos, desnudos, mientras suena insistentemente en algún punto en el que el oído se me hace médula el Kind of Blue de Miles Davis o 5 de J.J.Cale.
Mi silla, mi cama, mi viento y mi sol.
¿Cómo es posible que una palabra tras otra, que una única frase me disuelva hasta convertir en lágrima el hueso, en gallina la piel? No sé nada de Rejean Ducharme, más que la quiero con una intimidad que sólo da la carne.
Y es que en ocasiones las palabras dan carne, sangre y hueso, cordones umbilicales que nos ligan a la realidad más allá de distancias, de tiempo. No todas, no siempre, no todos los te amo tienen el sabor cobrizo de la sangre.
Oh, no sé nada de Rejean Ducharme más allá de algunas frases que sé de memoria, pero la amo con la intimidad que da el sudor.
Mi silla, mi cama, mi viento y mi sol.
No hay frase más bella, un conjuro en el que quepo todo yo.
Gracias.
3 comentarios:
"Yo estoy sola. No tengo más que cerrar los ojos para darme cuenta. Cuando se quiere saber donde se está, se cierran los ojos. Estamos donde nos encontramos cuando tenemos los ojos cerrados: estamos en la oscuridad y en el vacío."
Esta también es suya, es muy parecida a la que ponías y también pone la piel de gallina. Intentaré pillarme algo suyo.
Abrazos, apañero
Dios, esa la desconocía.
El valle de los avasallados es con diferencia el libro que más he deseado leer en mi vida. Lo busqué durante años, y ahora que está publicado me asusta.
Desde los 17 o 18 años me resuenan en lo oidos, y el poema final de léolo me desgarra por dentro como unas bacantes furiosas,
Qué bien escribe la jodia, cuánta verdad en tan poco.
Ains.
Un abrazo compi querido.
Por cierto me tienes encantao con tud dos últimas entradas. Me da cosa hasta comentarlas, pero te siento aún más cercano. Otro ejemplo de la magia del lenguaje.
Los estoicos, sabios, decían que sanaban.
Moi aussi, parce que moi je rêve moi je ne suis pas... Y me iré a reposar, la cabeza entre dos palabras, al Valle de los Avasallados... ^_^
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