martes, 9 de agosto de 2011

El arte de Volar

La mayor parte de mis espirales acaban comportándose como un bumerang , me desplazo por ellas vitalmente en movimientos centrípetos o centrífugos, en un constante ir y venir que nunca logro comprender del todo pero al que me siento esclavizado.
El amor por el tebeo es uno de los primeros, muy anterior a la idea de literatura, leía comics sin saber leer, con una intimidad que el resto de las artes tardaron más en alcanzar. Hay cierto misterio para mi en la relación del hombre con sus manos. Toda poiesis se realiza con las manos, tenemos como especie los ojos en los dedos, la memoria y probablemente todo lo importante. Incluso el amor, todo él se alcanza desde las manos.
El arte de volar es un comic duro y difícil, en donde no hay una sóla viñeta que no destile amargura y dolor. El arte se hace por momentos inabarcable cuando se exilia de la idea de si, es cuando se aliena de su concepto cuando da el fruto más puro.
A los 90 años el padre del guionista se suicidó lanzándose desde una ventana. Y desde esa ventana, después de ese último gesto de libertad comienza esta historia que es tan nuestra, ha costado y costará tanto, que me parece milagroso el poder haberla sostenido entre los ojos.
No soporto las historias de perdedores, esa endeble manera de satisfacer el hondo hueco a costa de penas ajenas, de saber reconocer al muerto como Otro no como Yo. Sin embargo me gustan los vencidos, quizás porque esa es la condición humana más humana.
Este es un comic tan sincero que descacharra, descoloca, la historia del siglo pasado está cargada de horrores y miserias. Vivir en esta España fracturada, tan dada a lo cainita, en donde el sentimiento de muerte al hermano, del deseo de pérdida en el otro, es tan viejo que se quedó a formar parte de nuestra médula, nos define, nos hace y nos deshace, es un ejercico de una dureza inabarcable.
En esta historia los personajes te asaltan a lo real, te respiran en la cara, sangran y se cagan de miedo ante tus ojos. Ese padre desconocido, deshecho, un hombre vencido y derrotado pero bueno, transita unos pasos que son los de todos los españoles, sobre todo de los que serán, una enseñanza atroz y desagradable, pero tan cierta y verdadera que como tal se enquista en ti dando lo que sólo la verdad da.
Existe un grado tan grande de intimidad y exhibición en esta obra que excede su condición de arte, qué más da que sea o no una obra maestra, porque sólo puede compararse con la vida de un hombre concreto y real, no con la literatura o el dibujo.
El arte de volar excede con mucho su dimensión y fisicidad, va más allá de la cosa que compras y puedes tocar, es un escalpelo finísimo y honrado, un sacarse las tripas con la precisión de un cirujano ofreciéndonos a todos la posibilidad de desentrañar justamente lo que hay de ti en sus viñetas. Y hay tanto, tanto, tanto… tantísimo dolor y amor.
No he parado de llorar en toda su lectura, qué poco ha cambiado todo, somos tan iguales a lo que fuimos, hemos aprendido tan poco, que casi no puedo sentir pena porque no aprender de esta naturaleza fracturada lo dice todo de nosotros.

De mi.