viernes, 12 de agosto de 2011

El bulevar de los sueños rotos

Tebeo alucinado y alucinante, puñetazo psicodélico en las tripas, practicamente me ha dejado seco, sin palabras. LA vida es una amalgama de lo horrible y lo bello indistinguible más que através del engaño del tiempo, esa causalidad que prende en la memoria desde que uno inicia esto llorando. En su aspecto benéfico el mero hecho de que existan autores de los que no tengo ahora, mientras escribo, la menor idea de quiénes son, pero cuya obra, con independencia de cuándo fueron creadas se olcutan por los caminos, como minas antipersonas.

Pocos placeres y sensaciones de religación más profunda me da la sorpresa de saber inagotable el arte de verdad. Nunca oí hablar de este autor, de hecho me he enfrentado a este tebeo con la despreocupación de un veraneante en la playa. Si bien su título me da pavor por sus resonancias musicales, por ese aire posturil de pena estetico impuesta por la necesidad de follarse a lo más grande, el dibujo ejerció de sirena sobre mis ojos. Tenía que leerlo simplemente porque parecía undergrownmente interesante.

Y ha sido empezar y sentirme arrastrado por una fuerza abrumadora, un torrente de locura, pena y belleza gigantesco. Cómo domina este señor la narrativa, cómo llena la página y construye realidades desde lo más bizarro y loco.

En el comic nunca es posible distinguir lo real de lo imaginario, es el medio donde la locura es capaz de crecer con mayor fuerza, porque es fundamentalmente un medio alucinado. Psicodélico y enteógeno. Por favor, no quedaros con la superficie de la palabra, con su puiel engañosa, lo enteógeno no se aplica cuando se apela a la raíz al estudio de drogas psicotrópicos, el entheos es la vivencia íntima de dios, el entusiasmo es un amor externo y omnóvoro. No es raro que las culturas más antiguas veneraran la locura.

Cuenta la historia de diversos animadores desde los comienzos del siglo XX hasta su muerte, tres generaciones interrelacionadas por el trabajo en la animación, el entusiasmo hacia ella, y la absoluta voracidad de una cultura centrada en el pecuño, en el vil y sucio dinero. El propio autor fue hijo de un animador y quizás por eso, por la verdad ontólogica que hay tras su experiencia, este tebeo crece y crece conforme pasas las páginas. Alcanza dimensiones que escapa a su finitud, toca tantos temas, tan bien, que la sensación de estremecimiento medular dura, creciendo, mucho después de haber leído estas viñetas sangrantes.

Puedo decir que es lo mejor que he leído en muchos años, y no es poco decir en absoluto, me siento agradecido por la oportunidad de haberme clavado esto en el pecho. Me ha dejado estremecido, embargado místicamente en la sensación de estar hermanado, en la imposibilidad de la soledad aún cuando esta se cobra su precio con unas condiciones esclavizadoras y destructivas.

Es un tebeo durísimo y terrible, una somanta de hostias, un grito de dolor al cielo, una protesta, un compromiso, una mostración de sabiduría exquisita, de delicadeza y verdad, que me hace sentir minúsculo e ignorante, pero de alguna manera un poco más salvado que ayer.

Amar es lo que más duele de todo, creo, pero bendice como nada.