Este es el primer album de Bastien Vivés que he leido, otro descubrimiento nacido de la mixtura entre azar y el impulso inconsciente. Hay una usuaria en el foro de descargas Exvagos cuyo catálogo de descargas comiqueras es una delicia, un regalo de esos que te dejan la boca abierta y la necesidad imperiosa de ofrecer genuflexiones. No sé quién es esta persona, más allá de su nick, glykeria, pero es muy difícil que sepa lo profundo y hondo que es mi agradecimiento. Exquisiteces puestas ahí a disposicion de mi ojo, una sólida superficie a la que agarrarse en estos tiempos de naugrafios y zozobra.
El sabor del cloro es una historia intrascendente en el sentido habitual y común de la palabra, pero a su vez completamente trascendente en el sentido original y escolástico del término. Asistimos al proceso de enamoramiento de un chaval del que desconocemos el nombre, un chico que acude a la piscina por problemas de espaldas. Allí conocerá a una chica de la que quedará prendado. No hay más escenario que la piscina, el agua, muy pocos diálogos y una morosidad en a mirada fascinante. Me recuerda un poco a El marido de la peluquera en su forma de ofrecerte el cómo ves a la mujer que amas, lo que cuenta y el cómo son una misma y única cosa.
Narrativamente es de una belleza muy original, los colores que elige, el trazo nunca recto, con esos marcos de viñetas algo titubeantes, pero muy claros y sencillos. Unas perspectivas en ocasiones descacharrantes, impropias de un autor que apenas pasa de los 20 años. Me maravilla que con tan poco, con sólo un par de curvas sea capaz de expresar tantísimo y que a su vez todo esté impulsado por una sensación de movimiento que es justo la que la historia pide para sí. Puedes pasar varias páginas en las que sólo pasa unos segundos en tiempo narrativo, pero no hay presión por acabar o ajustarse a un formato determinado, gasta exactamente el número de viñetas que necesita y requiere. Es un tebeo que pese a su longitud puedes leer muy rápido pero que en el fondo te pide exactamente un tempus determinado al que te ajustas sin esfuerzo y de manera natural.
Sus personajes no son nada sofisticados ni especialmente especiales (jejeje), son fundamentalmente avatares y es por ello que es tan sencillo el meterse en sus pieles o su deseo. Al menos en lo que respecta al lector masculino, no sé si desde la mirada de una mujer se ve igual. En realidad Vivés actúa a modo de fenomenólogo de sí mismo y en su trilogía de amor, salvo quizás el último, son fundamentalmente una descripción del proceso de enamoramiento desde la perspectiva masculina. Es cierto que no te quitas la impresión de adolescencia, pero por una vez no es la habitual en la narrativa, se manifiesta de manera tan natural y sincera, con una maestría del medio limpia y clara.
Mientras lo leía crecía en mi la admiración y esa cosa empática que es el mejor alimento que puede un humano darle a otro.
Vivés carece por completo de la frialdad de Tomine o Clowes, muy al contrario la calidez es casi una constante en su obra, uno se siente cómo y cálido junto a él a pesar de que todas sus historias son amargas, tienen sabor de cloro, de desencuentro, de incapacidad de apreciar la verdad más que a posteriori, en ese momento en el que casi empieza a perder ya su sentido, cuando el volver atrás ya es una quimera. No obstante de algún modo ves casi con el rabillo del ojo una posibilidad de esperanza, no lo sé.
Tengo la impresión que hay una generación de autores jóvenes que no se ha criado a base de capas y músculo o Asterix y Obelix, que de hecho el medio empieza a alcanzar una madurez que por desgracia otros medios hace ya un tiempo que han abandonado como impulso rector.
Voy a tirar a la basura las pelis de Haneken y Lars Von Trier.

2 comentarios:
¿Haneken? Juas juas juas , seguro que pensaba en el meado ese que llaman cerveza, Heineken.
Sé que tengo un problema con la b y las v, sois tan buenos que no me lo recordais.
Tengo que editar el título, otra ida de olla mía, es El GUSTO del cloro, que no es precisamente lo mismo.
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