Tengo algo que decirte que no puede esperar
Así empezó tu llamada telefónica, bajo las interferencias tu voz tenía la cualidad de una psicofonía, un susurro quedo y en trompa.
No habías comido en todo el día, saliste del trabajo directamente sobre aquellos hongos que hablaban por ti, a tu través. Nunca estaré del todo seguro si me llamaste pidiendo ayuda u ofreciéndola.
Me encuentro muy mal y no me puedo mover, dijiste tras comentarme brevemente tu locura. Pero tengo algo muy importante que decirte, algo muy importante. Oh, tío, te llamo porque debo decirte que es la hostia, muy importante. No me creeras, no me vas a entender.
Aún ahora, muchos años después de aquello te creo. Te he visto y te veo, continuaste. Estás equivocado, no estás solo, somos lo mismo todo es lo mismo. Te llamo para decirte que somos uno, que eres hermoso. Pero no me entenderás.
Cuando llegué estabas blanco, mortecino, luminoso y brillante. Podía ver atisvos de normalidad brevemente en tu mirada. Estabas lo suficientemente bien para tranquilizarme, pero aún así hablaste y hablaste, en espirales torpes pero iluminadas.
Ahora sé que los dos sabíamos que teníamos que unirnos en ese momento, estar juntos porque era necesario un observador, como decía Eduardo Nicol un individuo no conforma nunca a una persona, para ser personas se necesitan, mínimo, dos.
José Luis posee cierto carácter de individuo porque ha estado junto a ti en aquel momento en el que me descubriste la existencia de Dios, el sujeto que se aposenta en el nicho del arte visionario, de aquel fuego del que hablaba el Domador de Versos, en donde arderían para renacer todas las imágenes y los versos. La Imaginación, la libertad, la justicia y la verdad.
Todo es muy sencillo, pero no me vas a entender. Estamos equivocados, Dios existe, lo es Todo. Te vi y supe que te equivocabas, todos somos Uno, la verdad es muy hermosa y buena.
Aquel discurso lo llevo tatuado de por vida, siempre te he creido porque me has enseñado desde la paciencia y el amor sin condiciones, me has esperado porque estuviste allí y lo supiste mucho antes que yo.
Me has enriquecido de tantas maneras y formas, con tanto contenido epifánico, mistico, que mis oidos están llenos casi en exclusiva de tus regalos, de las músicas que atropellabas en tu viejo equipo de música, aquellos discos que no reposaban una única canción nunca, que se vertían en el alimento de aquel walkman gordo y devorador de pilas. La banda sonora la mayor parte de mis primeros amores de todo.
Antonio, mi querido amigo, mi hermano astral, el compañero que querría tener en cualesquiera vida que pudiera tener, oh, no hay años en una sóla para agradecerte todo cuanto me has enseñado, regalado.
Y encima aquí esta Juan, todo hermosura y esperanza. El bello Juan que juega con tebeos sagrados, bajo el cobijo de la literatura y el arte que ha ido dando a luz a sus padres, con el legado sagrado que es la cultura que forma y no deforma, con todo ese material eterno y mágico con el que los hombres han forjado en su imaginación todas las posibles conjugaciones del amor.
Gracias, gracias, gracias.
1 comentarios:
Joder macho, me has emocionado hasta la médula. Pero que bonito escribes cuando quieres, mamón.
Gracias por este precioso regalo, algún día se lo daré a leer a Joel y le explicaré quién es ese Tío astral qué velaba por él, imbuido aún en su propia entelequia existencial.
Abrazos y besos...
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