miércoles, 17 de agosto de 2011

Shortcomings de Adrian Tomine

Conocí a Tomine por casualidad, buscando algo que echarme al gaznate apareció aquel álbum, Sonámbulo y otras historias. El dibujo, limpio y claro, de por sí no me llamaba la atención, pero una referencia a Raymond Carver me decidió. Por aquel entonces me estaba leyendo los cuentos de Carver con una sensación ambivalente, no podría decir que era un autor que me entusiasmara, quizás porque algunas de sus historias en aquel momento me dolían en exceso. Sin embargo su modo de escribir, la estructura general de su obra, me producía una suerte de hipnotismo al que me resultaba imposible abstraerme.


Los cuentos de Carver son instantaneas de momentos, cruciales o no, de la vida de personas absolutamente normales cargadas de cierto pesimismo meláncolico. Matrimonios o parejas al borde del avismo, seres que sobreviven a naufragios que se han llevado partes esenciales de sus ser. En concreto hay un cuento ¿Por qué no bailaís? que llevo enquistado en mi ser desde lo leí siendo casi un adolescente. Es un cuento de un hombre roto que ha sacado todos los muebles de su casa al jardín, en la misma disposición que dentro, es una escena que me resulta imposible olvidar y directamente lo primero que pensé, viví y recordé cuando me fui de lo que hasta enotnces era mi hogar.

Tomine dibuja hstorias muy parecidas, en ocasiones sólo unos minutos de la vida de alguién, pero al igual que Carver hay una pátina de melancolía nostálgica, de sentimiento de pérdida y horfandad, que me emociona tanto como me asusta.

Shortcomings es su primera novela gráfica, comprende los números del 9 al 11 de la serie de comics books que él mismo edita. Aparentemente es una historia de desamor entre dos jóvenes asiatico norteamericanos en donde los tópicos raciales son también en apariencia aquello que mueve la historia. Sin embargo en el fondo no deja de ser más que otro cuento de Tomine, y como Carner lo que se cuenta realmente es un naufragio personal, la incapacidad de salirse de sí mismo y el riesgo que se corre por la inmovilidad. En lugar de hacer una disección analítica de las relaciones entre parejas se dan unas instantaneas terribles por lo árido que te deja el alma. Pero he vivido mucho de lo que cuenta, tan literalmente que en realidad la fuente de la tristeza que me produce no es en ningún caso achacable a su autor. Por eso me siento algo mal porque Tomine no me caiga del todo bien, jejeje.

De dibujo sobrio pero estilzado su narrativa es pausada, como si él no estubiese ah´, con una sensación de frialdad cercana ala de Daniel Clowes, pero sin llegar a alcanzar el toque alucinado de este. El universo de Tomine es frío pero en absoluto insensible. El amor es una cosa dura y jodida, en donde la ley del desencuentro por lo general es lo más fuerte, una lucha contra sí mismo que no siempre ganamos, que probablemente sea más bien al contrario.

Leer a Tomine me entristece y duele, todos los aspectos de mi y mi propia vida que veo en ellos no son precisamente lo que más satisfacciones me han dado y sin embargo como con alquel cuento de Carver, me resulta imposible desprenderme de la verdad que existe en los mismo, o de la belleza que representan pese a todo.

Las rupturas amorosas, los autoengaños, el modo en que desde el dolor discutimos buscando siempre que el culpable sea otro, aún cuando sabemos que salvaremos de naufragio poco más que huesos. En la distancia el dolor de huesos no se matiza, el quedarse en estructura ósea, sin recubrimiento de carne, sangre y bilis, sin la protección que da la piel, es una de las cosas más terribles que conozco, la sensación de derrota más grande que existe porque sólo acabas viendo un culpable de todo.

No es lo mejor que he leído de Tomine, quizás porque todo el asunto racial me coge con mucha distancia, o que sus cuentos sean más efectivos en la dureza de su verdad, pero lo cierto es que me he sentido muy, pero que muy identificado con Ben Tanaka, su inmovilismo y tendencia perversa al negativismo, al pesimismo antivitalista.

Además confieso que el tipo de mujer que con mayor diferencia me pone son las japonesas. Y leyendo este comic me ha dado muchísimo miedo, me ha dejado acojonado y tembloroso.

Ains, pero es bueno el jodio.