sábado, 13 de agosto de 2011

Siniestra

He estado creyendo que soy disléxico desde que tengo recuerdos hilados, la diferencia entre izquierda y derecha nunca han estado del todo clara para mi, voy por rachas pero siempre tengo poca confianza en mi juicio. Es por ello que me han tranquilizado especialmente las simetrías, quizás mi ojo vivo devenga justamente de todo esto, un plus de esfuerzo que debes realizar constantemente para no sentirte definitivamente perdido.

Cada vez que he cogido el metro en Madrid o Barcelona, lugares enormes que desconozco y en los que me siento con síndrome de cateto de las películas patrias de los 60, la experiencia terrorífica de salir de una estación sin tener la menor idea de dónde está el norte, perdido desde el descoloque más absoluto. De algún modo mios ojos buscan migitas de pan que pueda retener para volver llegado el caso.

Recientemente me han descubierto que no soy exactamente disléxico. De muy niño lo hacía todo con la izquierda, era en realidad un niño zurdo. Se supone que por aquel entonces ya se sabía que la idea de "corregir" a un zurdo no es en absoluta buena. Es difícil que dicha corrección no acabe por generar problemas de aprendizaje. A mi me hicieron disléxico para borrar mi condición de zurdo.

No es ninguna casualidad a poco que lo pienses, pero todos los tebeos que he leído ultimamente, salvo alguna excepción, tienen un discurso político moral de izquierdas. Pero no reivindican únicamente, no son textos revolucionarios ni utópicos. Si leeís el arte de volar me entendereís.

Sin tener malas intenciones me borraron el lado siniestro de mi mente, normalizándome en derecho. No entendí hasta no hace nada que la fuente de mi pesimismo existencial mistico poético brota de mi lado izquierdo, de mi aspecto siniestro. El aspecto más venusino y pasional de mí, la obsesión por lo surrealista, lo radical y el deseo de arjé, de fundamento libertario es el lado de mi que más dificultades tiene para salir al exterior. Empecé a escribir realmente cuando un amigo me prestó una vieja Olivetti cuando tenía 16 años. Y no ha sido hasta que he podido tener un ordenador cuando de verdad mi izquierda ha despertado, ya no es autónoma y si lo fue es algo que recuerdo tan remotamente como si fuera la experiencia de otro. Mi izquierda es insuficiente y sólo puede escribir ayudada por la derecha. Todo el chorro de palabras de las últimas entradas nace de la conjunción de ambas manos, y es sin duda alguna la izquierda la que tiene acceso libre a mi interior, sólo ella.

No hay nada menos presente y más cierto que este es el reino de la injusticia. Te asalta al abrir un diario, al salir a la calle, contemplar cómo nos desplazamos, donde vivimo, qué vemos en televisión, cómo cagamos como si no lo hiciéramos.

Le llaman siniestra porque es el lado que reclama y necesita justicia, por eso no es hermana de lo apolíneo, no gusta de direcciones, planificaciones, estructuras de proyectos y objetivos prácticos. Sabe que todos estos acaban por convertirse en derecho, en rigidez e imposición. La justicia no se impone ni se fuerza, cuando somete no es justicia en absoluto porque se eleva por encima de todo sobre la libertad, esa palabra que sólo puede escribirse en el cielo y ser leída en la tierra (El arte de volar)

Cuántos norteamericanos dejaron de existir por exijir justicia en sus trabajos, cuántos dibujantes o animadores, actores, actrices, escritores, pintores, directores... cuántos seres humanos sometidos por elevar una petición de justicia con la dignidad en una mano y su trabajo en otra. En el Invierno del dibujante de Paco Roca asistimos al latrocinio de Brugera, a la explotación vil y rastrera. En El bulevar de los sueños rotos vemos a Winsord McCay derrotado, humillado y en la indigencia por reclamar arte en donde los demás sólo quieren ver dinero, todo ese comic es en realidad una patada en los huevos a nuestra conciencia de lo correcto, de lo derecho. Es mi izquierda, la siniestra, la que desde niño me hizo ver el mal de Disney, comprobar su verdadera historia en El bulevar no me ha desgarrado menos por intuirla desde siempre. Leo tantos parabienes a Pixar después de lo que se está convirtiendo, recuerdo los tebeos de Ibáñez de la calle del Percebe, los de Will Eisner en los 50 (el único que logró los derechos de autor de sus personajes sin pagar con ello con su dignidad o malviviendo), y el asco crece exponencialmente alcanzando la plenitud veo algo de Gimbly o a Pingu.

Quiero creer que todos los zurdos nos limpiamos el culo con la derecha, es, almenos para mi, la primera petición de justicia, el primer acto de dignidad.

Cada muro es una infamia.

4 comentarios:

Moquete dijo...

Caramba, como efecto de la zurdera contrariada sólo había oído hablar de la tartamudez, lo de la dislexia es nuevo para mí.
Este zurdo tuvo mejor suerte: mi mano izquierda siempre ha hecho lo que le ha salido de las narices. Sólo me molesta su manía de emborronar según escribe (muchas veces el tipex llega hasta la manga). De alguna manera con los ordenadores la derecha se ha hecho con el poder ejecutivo, ya que al final es ella la que cliquea; no sé qué pensar.

Da gusto el ritmo que has cogido. Se echaban mucho de menos las reseñas de comics y la manera de estar en el mundo que va con ellas. Tienen un efecto compensatorio la mar de sano del talibán paranoide e hiper-dirigido que hay en mí. Unas medias luces para nada siniestras. (ainns, esto de ser de ciencias) En breves alguna de esas recomendaciones seguro que cae.

¡Un saludo!

Knut dijo...

Según me ha dicho mi psicóloga y mi psiquiatra yo no soy realmente disléxico. Cuando niño en el colegio me diagnosticarón dislexia, me apartaron de las clases normales y me pusieron en una clase improvisada en la cocina que no se usaba. Estábamos yo y dos niños retrasados, aunque esto sólo lo supe años después cuando me lo contó mi padre. Recuerdo que me obligaban a escribir con la derecha, pero yo tenía la manía de usar la izquierda, cogía los lápices con la mano como un gurruño, casi haciendo una espiral.

Sin embargo los estudios los saqué sin problemas, salvo los años que estudié físicas que los pasaba en los billares.

En aquellos años pasé muuucho tiempo creyendo que no pertenecía a este mundo, que de alguna manera el yo de los espejos y yo mismo nos intercambiamos. Me sentía torpe porque las normas de los espejos se ajustaban mucho mejor a mi sentimiento interior que el día a día en este otro lado.

Creo que amo a Dick por esa razón, del mismo modo que de alguna manera también mi naturaleza talibán se gestó por entonces.

Por lo que sé de ti creo que el tebeo de El bulevar te va a gustar, es a su manera muy muy taliban. Y duro, desquiciado, psicodélico y tan veraz que da miedo.

Un besazo querido compañero y amiguete en las distancias. Ojalá pudiera irme contigo a Alemania, sería maravilloso poder visitar algunos cementerios y joder alemanas a diestro y siniestro, juas juas juas.

moquete dijo...

Calla, calla, que para complejo de cateto años 60 el que atravieso yo ahora. Si ya de por sí soy patoso, no sabiendo alemán, te puedes imaginar el panorama. Aunque, dados los extraños vericuetos por que discurre la mente femenina, vete a saber. Con un punto caballeroso igual el torpón mediterráneo triunfa y todo. La esperanza es lo último que se pierde, jaja.

Antes de marchar estuve dando una vuelta para despedirme de la ciudad y aproveché para tirarme un buen rato en una tienda de comics. Cayó uno, aunque al final fue "Polina" y no "El bulevar". En parte por prejuicio superficial gafapastil, para qué vamos a negarlo, en parte porque las viñetas de Deitch, tan "saturadas", me resultaban un poco estresantes. Ya volveré, aunque sea a sorbitos. Lo que contaba sobre la clase de códigos que manejaban en la animación (entiendo que en este caso trasladables al comic) era la mar de interesante; curioso aquello de la relación entre la actitud del personaje y el nivel de detalle de sus dientes.
Pero sí, lo que hace Vives es una pasada. Como la forma de representar varía, incluso dentro de una misma viñeta en función de las necesidades de la historia, sin restarle protagonismo, con una sucesiónerie de niveles de estilización que se hace totalmente natural... (bueno, un poco de perogrullo, imagino que en eso se esfuerzan la mayoría, jeje) Chulísimo, sí señor.

Lo de exponer tu interioridad de la manera en que vienes haciendo últimamente tiene narices. Pero aún más mérito no quedarse ahí, tender puentes al exterior con ello. Chapó, amigo.

Knut dijo...

Qué alegría de saber de ti!!!!

Me alegra que te haya gustado Polina, es mucho mejor en general que el El Bulevar. Es cierto que el dibujo tarda un poco en entrar y que da cierto mal rollito, pero es que encaja de puta madre en lo que cuenta.

Voy leyendo todo lo que cae en mis manos de Vivés, y aunque Polina creo que objetivamente es el mejor, no me ha defraudado nunca, y no sé, pero me da que el tipo irá mejorando con los años. Quieran los hados que pueda seguir ese desarrollo. Unas esperanzas que me acongoja, juas juas juas.

Te agradezco infinitamente el que hayas sido la razón principal para volver a leer y "reseñar" comics, tu y en menor medida Pesanervios (que hacía unas reseñas que me encantaban) Personalmente es algo que me ha venido alucinantemente bien, voy teniendo la sensación de que mis pilas me duran más y tienen hambre.

Por el coco que te entreveo al final seguro que te comerás con papas a los cuadriculados alemanes, jejeje

Un abrazo de oso. Espero poder conocerte algún día compañero, aunque al menos tengo la alegría de saberme tu careto y por ahora me basta (aunque no me sobra)