Antes de que a Knut lo naciera ya tenía un nick, por entonces internet era algo que tenían los más pudientes, una cosa lenta y engorrosa, en donde los cybercafes y echar la mirada al reloj eran el pan de cada día. Mi pequeña Clara era entonces un junco estilizado de ojos enormes y risa contajiosa. En su boca José Luis era un laberinto imposible, una montaña rusa de sonidos complicados que de ninguna manera podía representarme. Tardabas más en pronunciarlo que en echarme esa mirada que te iluminaba de alegría.
Yo era entonces, y para siempre, Ví.
Mamá, que siempre ha estado un poco loca de lengua, lo metaforfoseó en Vino y para mi de alguna manera aquello me hermanaba con Léolo pareciéndome justo y adecuado. En realidad me siento más Ví o Vino o Vinito (como finalmente se metamorfoseó) que José Luis o Jose o Kanut, el resto de mis nombres.
Ví nunca ha sido del todo de este mundo, en ocasiones honda, la mayor parte de las veces ha sido un corpúsculo compacto, ensimismado en su dureza, un pulsar silencioso y de ávara densidad. Pero en los comienzos fue una puerta que abrió otro mundo paralelo en aquella pequeña tilde de carne que eras tu, tan pequeña y con tantos cojones.
Todos los días Vi te recogía de la guardería, como la puntualidad era un defecto cercano a la obsesión gastaba los minutos que faltaban a tu salida espiándote desde la calle. Tu corrias despreocupada, te veía ida y cun el cuello muy tieso mientras acelerabas aquel tricliclo de plástico rojo. Para Vi era una espera gozosa, al final tu me recibías con una alegría que sólo puede clasificarse de divina, había tanta luz en una cosa tan pequeña y delgada. Es mi Vi, es mi Vi, gritabas señalándome como si fuera un evento milagroso, alguien a quien habías estado esperando desde mucho.
Caminaba contigo al hombro, desbarrando historias fantásticas y absurdas, tópicos de nuestro camino a casa. En la primera esquina, unos metros justo antes de llegar, gesticulaba como un personaje de dibujos animados, haciendo con muchos aspavientos como si caminara sin ruido, con tus pies colgando al cuello y tu cuerpecito tenso de emoción, con apenas una carcajada asomando. Entonces saltabamos la esquina y asustábamos a aquella fuente donde comenzaba Reina Mercedes. Se te ponía carita de sinvergüenza, ojillos malinos de diversión. Después te enseé a poner el verde el semáforo a costa de quedar como un imbécil, pero en tus labios las palabras mágicas sonaban serias y solmemnes. No te preocupes que no las desvelaré, se lo debo al pobre Vi.
Yo te enseñaba palabras y tu me las devolvías nuevas, resplandecientes, convertías el gusano Jazmin en una hermosa mariposa Taclim, ejerciendo de poderosa hechicera al igual que me bautizaste a mi.
Como siempre lo mejor de mi mismo me lo ha dado otro.
Te amo mi pequeña y hermosa Clara, te deslizas por el borde de la niñez, casi dentro ya del todo en la adolescencia. Se me hace raro hablar contigo de libros, porque Vi siempre ha sido tu nino, pero tu cada vez eres más tu y menos yo. Inevitable y necesario.
Ojalá existiera un Dios al que poder agradecer toda la belleza que he vivido.
Gracias Clara, hija mía, gracias por hacerme.
5 comentarios:
No tengo críos pero emociona hasta las pestañas leer lo que pones de la tuya. Estoy este mes con problemas de conexión, pero que sepas que te leo todo lo que escribes y que muchas veces no sé lo que comentarte, porque el hecho de escribir ante una pantalla tiene muchas limitaciones.
Pero para este post de tu niña se me ha ocurrido ponerte un enlace en donde Manu chao habla de otra niña (creo) (no se puede responder de otra manera a esas evocaciones tuyas):
http://www.youtube.com/watch?v=Ouw_ZaGWBpU&feature=player_embedded#at=19
Si soy un moñas por ponerte cancioncitas lo admito. Pasa a veces. No se repetirá...
Nada, nada, esto es tu casa hombre, puedes poner la música que quieras incluso Locomía.
Este es un blog que no se alimenta de los comentarios sino de los lectores.
Muchas gracias Paco, dentro de unso meses me quiero pasar por Valencia, para conocer al hijo de Zarox, así que tienes que guardarme una tardecita noche o lo que sea, sería una jodienda el morirse sin haberte dado el abrazo que llevo años guardándote, con crisis y todo el jodido cada vez se hace más gordo.
Un abrazo compañero.
Ah, y amo a Manu chao desde hace eones, de las pocas fusiones que realmente tienen valor por sí mismas. La canción que pones la hemos escuchado cienes de veces, me pasé toda una semana en Holanda con ese disco en el MP3 y jazz vejuno donde nunca tocan más de 5 personas.
:)
Me has vuelto a emocionar. Ojalá que los recuerdos que ahora atesoro sobre mi hijo permanezcan siempre tan vívidos.
Es sencillamente maravilloso poder leer un recuerdo (un sentimiento) tan bonito.
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