No creo en las casualidades, el azar suele ser una cosa a posteriori con el que usualmente queremos poetizar nuestra realidad con pseudoreligión. Lo cual no quita que las padezca tanto y en momentos tan particulares que sin creer en ella me dejo engañar encantado. Mi mollera está a rebosar últimamente de perros, los veo y los trato continuamente, y no hay una sola vez en la que no desee hacer un trueque con cualquiera de ellos. JL el perrohombre. De alguna manera tenía que encontrarme por pura casualidad.
Ains.
Me he puesto a ver Wilfred porque es un nombre omnipresente en las fantasias de adolescente de mi mejor amigo. Le daba por construir diálogos con perros o pájaros imaginarios, siempre llamados Wilfred, en unos arrebatos surrealistas de locura descacharrantes. Los guardo todo en el corazón de mi memoria.
Wilfred es una comedia de tv, un remake de la original australiana. La premisa es sencilla y atractiva. El prota es un abogado con una crisis de identidad de dos pares de cojones, un deprimido infeliz sin sentido en la vida, al que un día la nueva vecina le pedirá que cuide de su perro Wilfred. Sólo el prota ve a Wilfred como un señor disfrazado de perro que habla. Para el resto de la humanidad sólo es un perro cualquiera.
Los 6 capítulos que componen la primera temporada son irregulares, se atisva en ellos la intención futurible de hacer una comedia romántica, lo que en no pocas ocasiones es la muerte de la calidad en favor a la cursilería o el tópico más nauseabundo. Esperemos que no ocurra.
Lo mejor es sus altas dosis de cinismo, cualquiera que haya tenido y amado perros habrá deseado alguna vez poder tener una charla tomándose unas cervecitas con el animal. Willfred fuma, bebe, le da a los porros cosa mala y pese a todo sigue la lógica de cualquier perro.
La relación entre ambos oscila entre la amistad, el colegeo, o las putadas a medio camino entre la enseñanza espiritual y lo puramente escatológico. El humor inteligente y el chusco se intercambian papeles de continuo en un discurso que a mi me atrae sobremanera. He convivido con los suficientes como para considerar la vida substancialmente peor sin su compañía existencial. Pero hay que saber entender su psicología.
Tiene un puntillo a Donnie Darko, pero con una ida de olla controlada. La idea de base de que es imposible ser feliz estando cuerdo es para mi una suerte de mantra, algo que si repito con fe lo mismo resulta que es así y todo. No conozco a nadie cuerdo feliz, y tanto yo como la mayor parte de los que he querido estan en mayor o menor medida como una chota. La única diferencia es que un loco asimila normalmente el dolor, y en general el estado de las cosas de un modo más sincero.
Hace mucho que no fantaseaba con nada relativo al cine o la tv, por eso me agrada sentirme un poco enamorado de ese chucho mal hablado, fumeta borrachuzo y filósofo cínico. Y no es que las considerciones perrunas me parezcan superiores a las humanas, en su esencia no son diferentes salvo en las maneras, quizás el ser humano habitual rechace todo esto precisamente por no querer reconocer lo que disfruta de sus olores, quiere ignorar el tiempo que pasa pensando con las pelotas y en la polla. El único defecto es su amor por Matt Damon.
Creo que incluso voy a comprarme un oso de peluche gigante como apoyo, nunca mejor dicho, para mi terapia.
Salud.
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