miércoles, 14 de septiembre de 2011

De profundis (I)

Bucear através de constructos que son recuerdos, que son historias, parásitos cuya semántica encierra un símbolo desnudo que nada sabe de culpas. Adentro la luz no es rayo sino espacio, no va en líneas, sabes que eres tocado por el sol, por el aire, que tu rara vez tocas. Dar brazas con esfuerzo hacia dentro, desde arriba la espiral se hace punto, en el dentro convergen todos los adentros, todos los centros.

Encuentro imágenes una vez raspo el engranaje que compuse para comprender o esquivar mis recuerdos, un lenguaje de ruina, la sintáxis simple de la que todo parte. Cuesta mucho no volver a enredarse, en un momento la mirada se hace clara, un instante que o cura o se pierde.

Tengo 8 años y todos los días, a primera hora, en el momento preciso en el que mi oronda maestra entra en el aula, toda la clase se pone en pié, los rostros serios y graves. Desde el abajo desde el que los miro, la única esquina en donde hay un niño que se queda sentado sin saber por qué, sus rostros son uno sólo. Un atisvo de un universo que no puedo compartir, que anhelo sin comprenderlo. Al instante rezan un padre nuestro colectivo, sus voces una sóla, su devoción una puerta que nunca podré cruzar. No sé a dónde pertenezco, no sé qué soy. Estoy en una jaula.

El tetris compone una línea diferente.