miércoles 7 de septiembre de 2011

En mis ojos

Nuevamente Bastien Vivés, y qué Vivés.

En la honda de El gusto del cloro volvemos de nuevo a vivir el proceso de enamoramiento, como parece ser la obsesión de este autor. Sin embargo en esta ocasión hay una novedad que no sólo le funciona a la perfección sino que logra emocionar desde la primera viñeta. En esta ocasión se nos escamotea por completo al protagonista y casi la totalidad de la narración consistirá en ver lo que el protagonista que en un juego en el que caes sin darte cuenta. Verás através de sus ojos y evidentemente sólo verás una cosa. Nunca oimos al protagonista deberemos intuir qué es lo que dice y piensa, pero al poco nos daremos cuenta de que somos nosotros los que estamos ahí y entonces te descacharra, te mete hondamente en sus páginas sin que ocurra nada especial.

Ahí está el dibujo nervioso de Vivés de nuevo, una sencillez aparente que oculta un control absoluto de lo que está contando, la rara habilidad de contar muchísimo más que lo que hay o ves. El descuido nunca es lo que parece ser y realmente no soy capaz de asimilar del todo la capacidad inhumana que tiene este autor para jugar con las posibilidades del medio como lo hace, con esa intimidad que es universal, Creo que es imposible que exista un sólo lector que no sienta empatia inmediata con cualquiera de sus comics, es imposible porque nos cuenta a todos y lo logra con una capacidad sobrenatural para recoger momentos que es imposible el ver en un actor o incluso el vivir tan rápida y eficazmente en una novela.

Es puro noveno arte, es tebeo en su quintaesencia, un ejemplo de las honduras que es capaz y, encima, accesible a cualquiera con la paciencia de gastar media hora de su vida. Si os fiais de mi aunque sólo sea un poco y os leeis El gusto del cloro aunque no os gusten los tebeos aseguro que como poco os sentireís más vivos y hermosos, o triste por recordar.

Vivés genera sobre todo emociones y con ellas un deleite personal exquisito, veo mi amor y mi ver enamorado en cada una de las viñetas que le he leído, el modo de mirar, de percibir una realidad que se compone únicamente en esa persona. El modo en que te nutres de expresiones, sencillamente ese éxtasis desesperado por volver a unos rasgos desde lo que se dibuja y crea todo lo demás. No importa tanto la historia como su proceso, esos elementos que vivimos en la privacidad de nuestras miserias pero que componen el alfabeto en el que practicamente todos hemos caido.

Me da vergüenza el haber leído todos sus tebeos virtualmente, tanto más cuanto he tenido algunos de ellos en la mano y deben leerse sosteniendo su peso, como debe ser. No puedo creer que nadie que nunca haya leído un tebeo no acabe enamorado a su vez de Vivés, es imposible el no querer a este hombre cuando lo has leido en un par de ocasiones.

El sabor del cloro es el tebeo más hermoso,, bello y bonito que he leído en décadas, es un placer sensorial el caer en él, en repasar sus viñetas en colgarte de los detalles que están ahí para emocionar. Si alguna vez tengo la suerte de volver a vivir lo que se cuenta en sus páginas me temo que la interesada recibirá toda su obra al completo, me gustaría tanto poder decir: así te veo, o simplemente quedar con el par de mujeres a las que he amado en mi vida para mostrarles el modo preciso y exacto en el que las he mirado, lo que he visto y sido desde ellas.

Bastien logra precisamente eso.

Me gustaría tanto poder agradecerselo en persona, sobre todo para constatarle que lo que hace y realiza es ni más ni menos que el Bien y la Belleza platónicos, realmente siento que soy una copia de la idea que mueve a sus personajes masculinos e inevitablemente me siento enamorado cada vez que lo leo. Enamorado, algo tan estúpido como grande.

Aún no asimilo que un tipo tan joven pueda hacer esto, enriquecer lo mínimo de esta manera, hacerme sentirme vivo, y no por el ahora sino sobre todo por el antes.

Cada vez que termino la lectura de algo de él, acabo por pensar una y otra vez: Estoy vivo.

Estoy vivo.

Vivo.

Mañana veré a mi hija y el viernes ayudaré a mi cuñado a pintar su casa, la de mi hermana, y eso me hace sentir tan feliz, tan vivo.

Por cierto, he salido hoy de mi psicóloga con el ánimo por las nibes, y es que empiezo a sentirme algo completo, un atisvo de salud mental que me da esperanzas.