Cuando creo que el mal está ya a sólo una batalla de lograr su triunfo, la vida me regala un trocito pequeño, un minúsculo pedacito de futuro. Después de la lluvia que ha pasado por mi cielo sevillano la luz aparece nueva, excesiva y maternal no sólo es cargar consigo misma sino, también, de su hija. Tiene, lo sé, un halo de futuro, un proyecto para dar únicamente un pasito al frente.
Me ha costado muchos años alcanzar a ganarme el derecho de este futuro, mañana mismo a esta hora será presente, nada más y nada menos, pero por ahora quiero quedarme con lo que es: mi futuro.
Ha terminado agosto con un final resplandeciente, se ha traido, en honor a su augusto nombre a un niño del final del verano, una promesa hecha carne. Carne, Dios bendito, el cosmos hecho niño. Y a mi este lluvioso, por ahora, septiembre con su pequeño nilagro en forma de futuro.
Algunas de las cosas que no cambian, las que realmente merecen la pena (por algo se llama amor), cobran su esplendor real, esa luz sobre luz de la que hablaba, paradójicamente en un trocito de futuro.
Hubo un día, uno lo suficientmente lejano para merecerse el título de mítico en el que el bolsillo de mi abrigo cobijó una mano extranjera, fría y suave, una mano que sin ser mía ha sido más yo que cualquiera de las que estoy usando ahora. Ese día ví un futuro que sólo ahora entiendo, que sólo ahora sé que es mío de todo derecho.
Hasta mañana.
2 comentarios:
Ya contarás ya, que nos enteremos un poquito mejor. Hasta mañana y enhorabuena (por lo que sea)
Bueno, bueno, parece mentira que no conozcas ya mi vena(zo) lírica/o, juas juas juas.
El "hasta mañana" en el fondo es sólo un luego, de alguna manera me he sentido ultimamente un tanto descolgado de cualquier luego. Ahora tengo algunos, al menos los suficientes para atender al hecho de que la sangre corre por mis venas. Algo que olvido con uan facilidad que acojona.
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