jueves, 22 de septiembre de 2011

Gran Hermano

Anhelamos un sentido de las cosas, una forma de hilar la existencia en la que no quepa un resquicio para la humillación, que nos haga grandes y considerados, importantes y especiales en un universo de cosas desquiciadas y practicamente fuera de control. Conocemos buscando leyes universales, deseamos un escape de una neurosis que nos saca de lo normal, y como ocurre con el sentido común, no hay nada más raro y escaso que la normalidad.

¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Siempre peticiones de sentido, de historia e Historia, un suponer un narrador, un espectador universal, un hacedor y cualesquiera formas de suplantarlos.

Y en sentido contrario un demiurgo malvado, una conspiración universal, el capitalismo, el marxismo, los mercados, siempre la suposición de alguien Grande, un supervisor y manipulador, a fin de cuentas un jodido Plan.

Pero ¿y si realmente la cospiración universal, el motor del sentido de las cosas, eso que marca objetivos buenos o malos, irracionales o racionales, sencillamente no ha ejercido nunca bajo un Plan? ¿Y si el Gran Hermano, El Ojo De Saurón, realmente no vigila ni tiene Plan alguno?

Dick nunca concluyó en sus paranoias el que el demiurgo no tubiese un plan, una intención malvada, algo que a fin de cuentas de sentido a las cosas. Estamos atados a un mercado que realmente no piensa ni tiene planeado nada más allá de un competir con nada jugándose la sangre y el pellejo, de los que siendo nada han construido todo, incluso legitimado el poder invisible que ejercen los mercados.

Las ideas quedaron para el papel o discursos para crellentes, da igual la condición moral o política, al final los planes de ejecución proceden de una instancia que no tiene cabeza. Nuestro Dios es omnipotente, pero nada más, es esa su única característica. El Mercado parecerá perfecto mientras se quiera que lo parezca, en realidad es una gallina sin cabeza que corre para escapar de una muerte que es precisamente lo que la puso en fuga. Moriste y te echaste a correr.

Claro que hay Grandes Hermanos, pero están ahí porque quisimos que el azar fuera sentido, empezamos en un punto y no pudimos más que seguir corriendo, cada vez más lejos de la cabeza y por ende con un corazón marchito y que sólo bombea ruina.

¿Quién Vigila al Vigilante que Nunca Vigiló?

Queda la esperanza de que algún día un hijo nuestro sepa mirar de cerca al Ojo del Gran Hermano y por fin constatar que más que ojo es ojete, y sí, ese tipo de ojete. Pero claro, una esperanza es también un modo de buscarse una historia, un sentido de las cosas, la venida de héroes redentores y arcadias felices.

Salud!