sábado, 17 de septiembre de 2011

Nadie nace domesticado

Bicheando entre los ebooks que tengo en el Ipad, me encuentro en ocasiones libros de autoayuda en los que caigo sin remisión. En cierto punto del final de mi adolescencia cambié la lectura de novela romántica para mujeres (sí, la de los vikingos en las portadas) por los libros de superación y semejantes vainas. El público objetivo no deja de ser el mismo así que es normal que me atraigan.

En estos dos últimos meses de alguna manera se me ha cruzado El principito tantas veces que al final lo he vuelto a releer. Hay filósofos que he leido menos, tan grande es mi verguenza, juas juas juas. En ocasiones aparece alguien en Leelibros que me agrede con su buenismo por mis comentarios a este libro, gracas a las Rosas Chorras que esto ocurre pues me llena de una vida estúpida pero agradable.

Ahora quisiera centrarme en el capítulo 21, el del zorrito que enseña al pequeño príncipe el valor de domesticar. Sostiene el lindo mamífero que sólo cuando se domestica se logra diferenciar al individuo de la masa. Que el domesticar es en el fondo un establecer vínculos, olvidando que el sadomasoquismo y el asesinato no dejan de ser también forma de crear vínculos. Pero en fin, me jode muy mucho el que tras las etereas composiciones de "lo importante es lo que no se ve" y demás ralea siempre se esconda un deseo de poder, de evangelizar, convertir, someter y mentir, que supone de largo, uno de los aspectos más repugnantes de nuestra cultura.

Todos los latinismos acabados en -tico significan un "estar relacionado". Lo domestico es lo relacionado con el domo, es decir, aquello que se vincula con el Señor de la Casa. El dominus es el señor de la casa, no de un hogar (que procede de hoguera) Así que domesticar es la acción de relacionar a algo vivo con el señor de un entorno. Es la misma obsesión de mentar a príncipes y princesas, la legitimación de suyo de un orden de cosas gerárquico y piramidal, donde todos los elementos se vinculan por dominio (otra vez la misma raiz de los cojones) En ese capítulo toda la poesía se constituye como una instrucción para el sometimiento.

A la mierda con la forma más pura de amor, al carajo la agapé, la libertad es una cuerda que debe tenderse en un único sentido, amarrada al señor y hecha realidad en virtud al carácter eminentemente positivo de tal figura. El zorro le llora al niño para que lo domestique, no sin recordar nuevamente que lo importante "no se ve"

Si "no ves" las injusticias pero sí la emanación directa y divina del poder del señor tanto más fácil es que esas injusticias se perpetuen. Claro que hemos hecho que lo invisible sea lo superior, el poder es una mercancía valiosa que vale tanto más cuanto lo ejerces en la invisibilidad.

Hay una obsesión por la luz, la iluminación, pero de seguido se ahorca a esta en haras a una "invisibilidad" que en todo punto es lo mismo que decir oscuridad. No ves, luego cree.... estás domesticado.

Idea, eidos, procede del concepto primario de imagen, eidolon. Teoría, theorein, de mirar con atención. Verdad, aletheia, es desvelar. El ser humano está hecho de ojos y manos, no sólo es capaz de mirar sino también de ver. Pensar es jugar con lo visto, destruirlo, descomponerlo, sumar y restar lo Visible.

Queremos tésis, thesis (afirmar) y construimos hipótesis (lo que precede a la afirmación, lo que está debajo) de lo que vemos. Si no podemos ver, si dependemos de la importancia sublime de lo invisible, todas las tesis serán compuestas por otros, tu libertad es la de elegir sin más razones que las que otro sostienen (y rara vez dan) un camino determinado. A eso lo llaman Fe, Creer. Lo invisible es un Credo que Ve Otro.

Todos los príncipes han venido al mundo tan desnudos como el más pobre de nosotros, todos vinieron llorando e hinchando los pulmones del mismo aire. Tu ropa se quedará cuando te vayas, tus posesiones y logros no serán conjugados más, te irás del mismo modo que viniste. Seas Príncipe o Mendigo cagas y apestas, sudas y meas, el sexo que no comprendes te vuelve loco. Lo visible no es de nadie porque es lo que somos todos en primera instancia.

Nadie nace domesticado, nadie pertenece a ningún Señor. En su madurez Platón se preguntaba hasta dónde tendrían que llegar las ideas, ¿hay una idea de pelo? ¿de mierda?

Temen que busques la cosa misma, el pragmauto, que te enfrentes al numen, a la libertad, a la muerte como si estas fueran lo peor de lo peor. No quieren que los veas.

Domesticar es cegar, como aprendí con Soul Bisontes: los padres de Quasimodo le pegaban... le pegaban chicles en los ojos.

Lo invisible es para los príncipes pegar chicles en los ojos, la mejor manera de domesticar.

Y es que la libertad acojona más que la muete.