jueves 1 de septiembre de 2011

Platón

Hay básicamente dos platones, el que uno lee y del que otros hablan. Lo más triste de la eterna lucha entre apariencia y realidad es que sus contiendas son siempre manifiestas en lo más vulgar de lo cotidiano. Muy pocas veces he reconocido a Platón lejos de leerlo cuando he leído su nombre, y es que el más grande de todos los filósofos que ha habido y habra nunca se mencionaba a sí mismo en sus diálogos. Platón para Platón era un extraño, ahora me doy cuenta de que no es raro de que nunca aparezca cuando lo invocan.

Releo ahora sus diálogos como muchos otros leen la Biblia o las Upanishad, pero yo solo quiero religarme con él, yo que no soy capaz de leer el griego y que por eso mismo no he tenido con él más que una relación mediada, manoseada por otro, y aún así el amor que siento hacia él es tan grande que no es posible que vaya dirigido a nada más que a una persona de carne y hueso, un muerto de hace dos mil y pico de años.

Tenemos una cultura tan individualista que valoramos por lo que se consige pero nunca, jamás, por lo que se es. Platón fue un hombre honesto, un hermano mayor fiel que nunca ha cambiado precisamente porque su discurso está inscrito y es, en cada palabra, cambio. Platón era mi semejante, mi hermano, mi compañero. Y de él no he conocido más que palabras.

Era el único humano que conozco que creía que en que la bondad dirige el cosmos, no una voluntad sino la bondad, el Bien y por ende la Verdad, la Justicia. Tan grande fue su amor que se le confunde con su maestro, aquel único hombre bueno que sé de verdad que ha podido servir de Maestro o Profeta, ese Sócrates de ojos saltones, feo, con predileccion por el bebercio y el vivir bien, pero el Vvir Bien de Verdad.

Porque Platón me enseñó el amor antes siquiera de saber que lo experimentaba conocí a Epicuro y a Lucrecio, a los que amo más que al propio Platón, por él supe de Sexto Empírico y Pirrón, pude nombrar mi escepticismo como lo que es, supe querer a Diógenes y sus perros hermanos, ser el cínico que soy, el sectario perruno.

Nadie ha escrito un texto tan profundo y honesto como el Teetetos, nadie ha sabido dar definición de lo que es saberse perteneciente e hijo de una nación como él. El respeto por los presocráticos, la necesidad y superación de la física, pero sobre todo el respeto y la curiosidad, la filosofía en definitiba, el amor no por el saber sino por la sabiduría.

La necesidad el el hambre del arjé, del fundamento.

Mi amado hermano.