Este es el primer album de Bastien Vivés que he leido, otro descubrimiento nacido de la mixtura entre azar y el impulso inconsciente. Hay una usuaria en el foro de descargas Exvagos cuyo catálogo de descargas comiqueras es una delicia, un regalo de esos que te dejan la boca abierta y la necesidad imperiosa de ofrecer genuflexiones. No sé quién es esta persona, más allá de su nick, glykeria, pero es muy difícil que sepa lo profundo y hondo que es mi agradecimiento. Exquisiteces puestas ahí a disposicion de mi ojo, una sólida superficie a la que agarrarse en estos tiempos de naugrafios y zozobra.
El sabor del cloro es una historia intrascendente en el sentido habitual y común de la palabra, pero a su vez completamente trascendente en el sentido original y escolástico del término. Asistimos al proceso de enamoramiento de un chaval del que desconocemos el nombre, un chico que acude a la piscina por problemas de espaldas. Allí conocerá a una chica de la que quedará prendado. No hay más escenario que la piscina, el agua, muy pocos diálogos y una morosidad en a mirada fascinante. Me recuerda un poco a El marido de la peluquera en su forma de ofrecerte el cómo ves a la mujer que amas, lo que cuenta y el cómo son una misma y única cosa.
Narrativamente es de una belleza muy original, los colores que elige, el trazo nunca recto, con esos marcos de viñetas algo titubeantes, pero muy claros y sencillos. Unas perspectivas en ocasiones descacharrantes, impropias de un autor que apenas pasa de los 20 años. Me maravilla que con tan poco, con sólo un par de curvas sea capaz de expresar tantísimo y que a su vez todo esté impulsado por una sensación de movimiento que es justo la que la historia pide para sí. Puedes pasar varias páginas en las que sólo pasa unos segundos en tiempo narrativo, pero no hay presión por acabar o ajustarse a un formato determinado, gasta exactamente el número de viñetas que necesita y requiere. Es un tebeo que pese a su longitud puedes leer muy rápido pero que en el fondo te pide exactamente un tempus determinado al que te ajustas sin esfuerzo y de manera natural.
Sus personajes no son nada sofisticados ni especialmente especiales (jejeje), son fundamentalmente avatares y es por ello que es tan sencillo el meterse en sus pieles o su deseo. Al menos en lo que respecta al lector masculino, no sé si desde la mirada de una mujer se ve igual. En realidad Vivés actúa a modo de fenomenólogo de sí mismo y en su trilogía de amor, salvo quizás el último, son fundamentalmente una descripción del proceso de enamoramiento desde la perspectiva masculina. Es cierto que no te quitas la impresión de adolescencia, pero por una vez no es la habitual en la narrativa, se manifiesta de manera tan natural y sincera, con una maestría del medio limpia y clara.
Mientras lo leía crecía en mi la admiración y esa cosa empática que es el mejor alimento que puede un humano darle a otro.
Vivés carece por completo de la frialdad de Tomine o Clowes, muy al contrario la calidez es casi una constante en su obra, uno se siente cómo y cálido junto a él a pesar de que todas sus historias son amargas, tienen sabor de cloro, de desencuentro, de incapacidad de apreciar la verdad más que a posteriori, en ese momento en el que casi empieza a perder ya su sentido, cuando el volver atrás ya es una quimera. No obstante de algún modo ves casi con el rabillo del ojo una posibilidad de esperanza, no lo sé.
Tengo la impresión que hay una generación de autores jóvenes que no se ha criado a base de capas y músculo o Asterix y Obelix, que de hecho el medio empieza a alcanzar una madurez que por desgracia otros medios hace ya un tiempo que han abandonado como impulso rector.
Voy a tirar a la basura las pelis de Haneken y Lars Von Trier.
lunes, 29 de agosto de 2011
sábado, 27 de agosto de 2011
Su poquito de actitud natural
Hoy he estado volando entre y através de tebeos reales en una libreria. Las penurias economicas de estos años me han alejado ad eternum de la sensacion maravillosa de tener un album en tus manos, la posibilidad de abrir fisicamente con las manos esos mundos de tinta cuyo sólo olor me enrojece los ojos, me eriza el bello hasta llegar a ese pequeño dolor de saber cómo tu cuerpo se rechaza a sí mismo pidiendo más. Tener en mis manos la edición real de El arte de volar o Polina me produce el sentimiento, diría que la necesidad, de tirarme de rodillas rindiendo pleitesía mientras claudico de mi.
Decía Roland Barthes que el texto es una realidad formal, que los libros sólo son cosas si se adopta una actitud natural, como gustaba a los fenomenologos. El texto es lo sagrado, no su fisicidad, ese trozo de cosa con manchurrones. Pero me encuentro ante un tebeo y no puedo sentir eso como cierto del todo, o mejor, no soy capaz de aceptar esa realidad mas allá de una novela, un ensayo, en fin un libro.
Jamás he sentido un sentimiento de posesión de lo que he leido, mi actitud fenomenológica venía de serie en ese sentido. Me he sentido y me siento tan construido de lo que otros han escrito, compuesto o dibujado que aún cuando siempre he sido un misterio para los míos, he creído darme con lo que dejaba, regalaba o recomendaba. Me he traducido toda la vida a texto, música e imagen de otro. Sin embargo en estos momentos sostener el peso de Watchmen en edición-chachi-guapa-molona en mis manos me llena de una felicidad y deseo incomensurables.
Ahi están todos en la estantería, de una mirada cubres a Tezuka, Breccia y Oesterhead, Moore, Jiro Taniguchi, Daniel Clowes, Thomas Ott, Graig Thomson, Will Eisner, Carlos Jimenez (debo entradas a este hombre, muchas además), Beto Hernández (cuanta felicidad me produce recordarme de adolescente con Sopa de la gran pena en las manos, lo hermoso que me parece aún hoy su titulo) y tantos otros pedazitos de mi, episodios de mi vida, y siempre ese olor a papel y tinta, el choque brutal que me produce topar los ojos con el dibujo.
Ahora los leo de otra manera, creo que más sabia y consciente, y me asombra que después de que casi todo cuanto he revisitado de lo mucho que amaba me sabe a paja ahora en los labios ni la música de otrora ni los tebeos que de verdad se jincaron en mi me parecen peores en absoluto.
Un amigo me contaba jocoso cómo había descubierto a un amigo en común en la playa gracias a un tatuaje minúsculo en la espalda, la escena concreta de V de Vendetta en la que la prota lee la carta de la lesbiana en la cárcel. No sólo no me parece en absoluto risible sino que es el único tatuaje que he deseado tener yo mismo, bueno, ese y otro que vi a un tipo hipermusculado en un verano no muy lejano (Porque sueño yo no lo estoy, porque sueño no estoy loco), en francés y en la misma caligrafía que en Leolo. Sé que es lo que sentiría uno de los muchos que es como yo si me viera con ambos tatuajes en el cuerpo.
No me importaría estar tatuado con un dibujo del faro de Trazo de tiza, con muchos momentos de los tebeos de Moore, de hecho es una idea que me atrae en exceso, supongo que también yo necesito mi poquito de actitud natural.
Ains.
Decía Roland Barthes que el texto es una realidad formal, que los libros sólo son cosas si se adopta una actitud natural, como gustaba a los fenomenologos. El texto es lo sagrado, no su fisicidad, ese trozo de cosa con manchurrones. Pero me encuentro ante un tebeo y no puedo sentir eso como cierto del todo, o mejor, no soy capaz de aceptar esa realidad mas allá de una novela, un ensayo, en fin un libro.
Jamás he sentido un sentimiento de posesión de lo que he leido, mi actitud fenomenológica venía de serie en ese sentido. Me he sentido y me siento tan construido de lo que otros han escrito, compuesto o dibujado que aún cuando siempre he sido un misterio para los míos, he creído darme con lo que dejaba, regalaba o recomendaba. Me he traducido toda la vida a texto, música e imagen de otro. Sin embargo en estos momentos sostener el peso de Watchmen en edición-chachi-guapa-molona en mis manos me llena de una felicidad y deseo incomensurables.
Ahi están todos en la estantería, de una mirada cubres a Tezuka, Breccia y Oesterhead, Moore, Jiro Taniguchi, Daniel Clowes, Thomas Ott, Graig Thomson, Will Eisner, Carlos Jimenez (debo entradas a este hombre, muchas además), Beto Hernández (cuanta felicidad me produce recordarme de adolescente con Sopa de la gran pena en las manos, lo hermoso que me parece aún hoy su titulo) y tantos otros pedazitos de mi, episodios de mi vida, y siempre ese olor a papel y tinta, el choque brutal que me produce topar los ojos con el dibujo.
Ahora los leo de otra manera, creo que más sabia y consciente, y me asombra que después de que casi todo cuanto he revisitado de lo mucho que amaba me sabe a paja ahora en los labios ni la música de otrora ni los tebeos que de verdad se jincaron en mi me parecen peores en absoluto.
Un amigo me contaba jocoso cómo había descubierto a un amigo en común en la playa gracias a un tatuaje minúsculo en la espalda, la escena concreta de V de Vendetta en la que la prota lee la carta de la lesbiana en la cárcel. No sólo no me parece en absoluto risible sino que es el único tatuaje que he deseado tener yo mismo, bueno, ese y otro que vi a un tipo hipermusculado en un verano no muy lejano (Porque sueño yo no lo estoy, porque sueño no estoy loco), en francés y en la misma caligrafía que en Leolo. Sé que es lo que sentiría uno de los muchos que es como yo si me viera con ambos tatuajes en el cuerpo.
No me importaría estar tatuado con un dibujo del faro de Trazo de tiza, con muchos momentos de los tebeos de Moore, de hecho es una idea que me atrae en exceso, supongo que también yo necesito mi poquito de actitud natural.
Ains.
viernes, 19 de agosto de 2011
Tu rodilla
Te veo sentada en la cama, ignorándome mientras la luz difusa del ordenador absorbe tu mirada. Y sonríes cómplice de algo en lo que no puedo participar. Estoy sentado en una esquina de este cuarto, mi cuarto por ahora, el perro duerme tranquilo en mi parte de la cama, no sé si esperándome o ocupando mi lugar, creo que algo de ambas cosas quizás.
Mi hija.
Tus dedos se mueven por un teclado con la soltura que a mi me costó ganar décadas, generando una música que había olvidado, que ahora me trae el olor dl hogar, de los calores que fueron, de una luz que usamos mil veces mientras te sopreponías a tu cuerpo. Tus piernas estilizadas y largas, el junco que se estira sobre la cama ha afilado su rostro, las curvas futuras asoman como una leve promesa, del mismo modo que el aire cálido trae la primavera. Aún así mi niña está todavía ahí, lo otro es un asomo de lo inevitable, una fuerza que también me arrastró a mi.
Hoy he conocido a tu nueva perrita, la cola feliz y un lametón en la cara han sido su presentación. Eso y su doble espolón. Nadie me trata nunca con el cariño y amor de un perro, nunca seré mejor que ellos. Y ahora, mientras Bertín descansa tranquilo rozándote con una patita, mientras escucho esa cansina canción que no puedes dejar de poner en mi ordenador necesito rozar tu rodilla. Ahora que me ignoras y de tan cómoda me has olvidado, o no, me dejas aquí como sombra en esta esquina, una presencia habitual y cómoda, papá en el rabillo del ojo, papá contemplándote asombrado.
Qué bella es la vida.
Mi hija.
Tus dedos se mueven por un teclado con la soltura que a mi me costó ganar décadas, generando una música que había olvidado, que ahora me trae el olor dl hogar, de los calores que fueron, de una luz que usamos mil veces mientras te sopreponías a tu cuerpo. Tus piernas estilizadas y largas, el junco que se estira sobre la cama ha afilado su rostro, las curvas futuras asoman como una leve promesa, del mismo modo que el aire cálido trae la primavera. Aún así mi niña está todavía ahí, lo otro es un asomo de lo inevitable, una fuerza que también me arrastró a mi.
Hoy he conocido a tu nueva perrita, la cola feliz y un lametón en la cara han sido su presentación. Eso y su doble espolón. Nadie me trata nunca con el cariño y amor de un perro, nunca seré mejor que ellos. Y ahora, mientras Bertín descansa tranquilo rozándote con una patita, mientras escucho esa cansina canción que no puedes dejar de poner en mi ordenador necesito rozar tu rodilla. Ahora que me ignoras y de tan cómoda me has olvidado, o no, me dejas aquí como sombra en esta esquina, una presencia habitual y cómoda, papá en el rabillo del ojo, papá contemplándote asombrado.
Qué bella es la vida.
jueves, 18 de agosto de 2011
Polina
Esta será la primera entrada de una larga serie que dedicaré a la obra de Bastien Vives. Para mi una de las funciones más epidermicas pero esenciales del arte es recordar la vida que llevo dentro, el redescubrir el pulso de la sangre en las venas, esa sensación de empuje desde dentro que se me ha manifestado tradicionalmente con la piel de gallina. Otrora no había día en el que no me sintiera momentaneamente excesivo e inavarcable por mi mismo. Un sentimiento de intimidad profunda, como si uno pudiera bañarse dentro de sí y descubriera que las aguas no le pertenecen.
Llevo una temporada que no me termino de creer, no sé si es mi entusiasmo dormido, si exagero dada mi condición actual, pero nunca he tenido la experiencia tab abrumadora de leer una día sí y otro también obras que me conmueven hasta el túetano, que me hacen sentir tan henchido de belleza que es imposible abarcar en este cacho de existencia compacta tantos parabienes, regalos preciosos que no pueden tener precio.
Las cuatro novelas gráficas que llevo leídas de Vives están ya inscritas en los anales de mi mismidad, tatuadas bajo mi piel.
Pero ahora quisiera empezar por Polina. Es este un tebeo enorme y precioso, de una belleza que permea cada aspecto concreto que compone el bello arte de la narrativa secuencial. No hay un sólo aspecto que no destaque, que no brille cegadoramente.
En cada albun de Vives su estilo se metamorfosea, aún cuando es obvio el hilo común, tanto narrativa como estéticamente cada obra suya es diferente. Lo que tienen en común es un trazo que ha hecho de la sencillez un modo de amplitud intimidante. Incongruentemente consigue con el menor número posible de elementos una densidad de detalle inconmensurable. Dos o tres líneas demarcan un rostro reconocible y vivo hasta el dolor, la capacidad gestual unida al saber elegir el encuadre perfecto conforma unos personajes a los que es imposible no acompañar, sentir y dolerse con ellos. Todos parecen vivos y reales.
Polina trata sobre la formación de una joven bailarina rusa de danza clásica. Seguiremos el proceso de aprendizaje artístico y vital de esta joven a la que es imposible no amar, mientras se nos desgrana el arte de la danza, con sus grandezas y misierias, de un modo tan sincero y honesto, tan rico en honduras que no puedes cerrar la boca de admiración. No son pocos los momentos en los que te emocionas y tienes incluso que dejar de leer, de mirar esos dibujos y su movimento. Acostumbrado a que la belleza me entre dosificada por el alma me resulta difícil el mantenerme erecto y no tambaleante cuando un torrente como este se me lleva.
Y es que me siento desplazado, perdido en algún punto de la lejanía, arrastrado por una ola benéfica y divina, desnudo y despeinado.
No sé nada de danza, apenas unas pincelasdas que absorví de lo que mi ex mujer me enseñó. Confieso que es un universo que nunca me ha gustado, quizás porque entre bambalinas es de una crueldad que me horroriza, pero sobre todo por la enorme cantidad de prejuicios que cargo. Sin embargo algunas de las representaciones a las que Carolina me llevó me impresionaron lo suficiente como para saber reconocer el poder y la potencialidad de ese aire que es mucho más que movimiento.
Con ese mínimo conocimiento ha sido bastante para iniciar esta aventura que propone Vives, en donde se expone con honestidad gran parte de la esencia de este arte. Oh, que un tebeo que es en el fondo narrativa estática logre este dinamismo, el que te sientas bailando junto a instantaneas, simples líneas, las justas, me parece impresionante y da una medida de la objetividad del arte. En una buena obra cabe Todo lo contable y especialmente cabe Todo el arte, es una capacidad reproductiva extraña, casi tendente a un cierto panteismo estético y moral, pero que te descacharra en tu humanidad, te descompone en elementos simples y universales, en fin, te limpian como nada que conozco pueda hacerlo.
Vives consigue hacerte sentir abrazado en complicidad, es un autor que logra hacerte leer enamorado, Dios, ¿entendeís lo que digo? Cada viñeta que he leído y probablemente las que leeré lo he hehco y haré absolutamente embelesado en amor. Quisiera poder abrazar a este joven francés, tocar reverencialmente esas manos que están hechas para religar y trascender al prójimo desde la sencillez del reconocimiento.
No recuerdo haberme emocionado tanto y tan completamente desde hace muchos años, es muy raro el que se den las condiciones precisas para que uno encuentre lo que necesita cuando no hay casi atisvos de fe. Bastien Vives ofrece con esta obra algo tan poco común como una mano, un brazo extendido que palpa sordamente tu rostro, que te limpia las lágrimas que su contacto te produce.
El verdadero arte no salva ni redime, eso es una quimera, un imposible, el modo incorrecto de afrontar una verdad, pero sí une, borra al mismo tiempo que señala, acompaña abandonando.
Precioso y bello, no sobra ni falta nada, en un libro necesario que llevaré conmigo para siempre, que ojalá os convenza para descubrir.
En el fondo no tengo palabras.
Llevo una temporada que no me termino de creer, no sé si es mi entusiasmo dormido, si exagero dada mi condición actual, pero nunca he tenido la experiencia tab abrumadora de leer una día sí y otro también obras que me conmueven hasta el túetano, que me hacen sentir tan henchido de belleza que es imposible abarcar en este cacho de existencia compacta tantos parabienes, regalos preciosos que no pueden tener precio.
Las cuatro novelas gráficas que llevo leídas de Vives están ya inscritas en los anales de mi mismidad, tatuadas bajo mi piel.
Pero ahora quisiera empezar por Polina. Es este un tebeo enorme y precioso, de una belleza que permea cada aspecto concreto que compone el bello arte de la narrativa secuencial. No hay un sólo aspecto que no destaque, que no brille cegadoramente.
En cada albun de Vives su estilo se metamorfosea, aún cuando es obvio el hilo común, tanto narrativa como estéticamente cada obra suya es diferente. Lo que tienen en común es un trazo que ha hecho de la sencillez un modo de amplitud intimidante. Incongruentemente consigue con el menor número posible de elementos una densidad de detalle inconmensurable. Dos o tres líneas demarcan un rostro reconocible y vivo hasta el dolor, la capacidad gestual unida al saber elegir el encuadre perfecto conforma unos personajes a los que es imposible no acompañar, sentir y dolerse con ellos. Todos parecen vivos y reales.
Polina trata sobre la formación de una joven bailarina rusa de danza clásica. Seguiremos el proceso de aprendizaje artístico y vital de esta joven a la que es imposible no amar, mientras se nos desgrana el arte de la danza, con sus grandezas y misierias, de un modo tan sincero y honesto, tan rico en honduras que no puedes cerrar la boca de admiración. No son pocos los momentos en los que te emocionas y tienes incluso que dejar de leer, de mirar esos dibujos y su movimento. Acostumbrado a que la belleza me entre dosificada por el alma me resulta difícil el mantenerme erecto y no tambaleante cuando un torrente como este se me lleva.
Y es que me siento desplazado, perdido en algún punto de la lejanía, arrastrado por una ola benéfica y divina, desnudo y despeinado.
No sé nada de danza, apenas unas pincelasdas que absorví de lo que mi ex mujer me enseñó. Confieso que es un universo que nunca me ha gustado, quizás porque entre bambalinas es de una crueldad que me horroriza, pero sobre todo por la enorme cantidad de prejuicios que cargo. Sin embargo algunas de las representaciones a las que Carolina me llevó me impresionaron lo suficiente como para saber reconocer el poder y la potencialidad de ese aire que es mucho más que movimiento.
Con ese mínimo conocimiento ha sido bastante para iniciar esta aventura que propone Vives, en donde se expone con honestidad gran parte de la esencia de este arte. Oh, que un tebeo que es en el fondo narrativa estática logre este dinamismo, el que te sientas bailando junto a instantaneas, simples líneas, las justas, me parece impresionante y da una medida de la objetividad del arte. En una buena obra cabe Todo lo contable y especialmente cabe Todo el arte, es una capacidad reproductiva extraña, casi tendente a un cierto panteismo estético y moral, pero que te descacharra en tu humanidad, te descompone en elementos simples y universales, en fin, te limpian como nada que conozco pueda hacerlo.
Vives consigue hacerte sentir abrazado en complicidad, es un autor que logra hacerte leer enamorado, Dios, ¿entendeís lo que digo? Cada viñeta que he leído y probablemente las que leeré lo he hehco y haré absolutamente embelesado en amor. Quisiera poder abrazar a este joven francés, tocar reverencialmente esas manos que están hechas para religar y trascender al prójimo desde la sencillez del reconocimiento.
No recuerdo haberme emocionado tanto y tan completamente desde hace muchos años, es muy raro el que se den las condiciones precisas para que uno encuentre lo que necesita cuando no hay casi atisvos de fe. Bastien Vives ofrece con esta obra algo tan poco común como una mano, un brazo extendido que palpa sordamente tu rostro, que te limpia las lágrimas que su contacto te produce.
El verdadero arte no salva ni redime, eso es una quimera, un imposible, el modo incorrecto de afrontar una verdad, pero sí une, borra al mismo tiempo que señala, acompaña abandonando.
Precioso y bello, no sobra ni falta nada, en un libro necesario que llevaré conmigo para siempre, que ojalá os convenza para descubrir.
En el fondo no tengo palabras.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Shortcomings de Adrian Tomine
Conocí a Tomine por casualidad, buscando algo que echarme al gaznate apareció aquel álbum, Sonámbulo y otras historias. El dibujo, limpio y claro, de por sí no me llamaba la atención, pero una referencia a Raymond Carver me decidió. Por aquel entonces me estaba leyendo los cuentos de Carver con una sensación ambivalente, no podría decir que era un autor que me entusiasmara, quizás porque algunas de sus historias en aquel momento me dolían en exceso. Sin embargo su modo de escribir, la estructura general de su obra, me producía una suerte de hipnotismo al que me resultaba imposible abstraerme.
Los cuentos de Carver son instantaneas de momentos, cruciales o no, de la vida de personas absolutamente normales cargadas de cierto pesimismo meláncolico. Matrimonios o parejas al borde del avismo, seres que sobreviven a naufragios que se han llevado partes esenciales de sus ser. En concreto hay un cuento ¿Por qué no bailaís? que llevo enquistado en mi ser desde lo leí siendo casi un adolescente. Es un cuento de un hombre roto que ha sacado todos los muebles de su casa al jardín, en la misma disposición que dentro, es una escena que me resulta imposible olvidar y directamente lo primero que pensé, viví y recordé cuando me fui de lo que hasta enotnces era mi hogar.
Tomine dibuja hstorias muy parecidas, en ocasiones sólo unos minutos de la vida de alguién, pero al igual que Carver hay una pátina de melancolía nostálgica, de sentimiento de pérdida y horfandad, que me emociona tanto como me asusta.
Shortcomings es su primera novela gráfica, comprende los números del 9 al 11 de la serie de comics books que él mismo edita. Aparentemente es una historia de desamor entre dos jóvenes asiatico norteamericanos en donde los tópicos raciales son también en apariencia aquello que mueve la historia. Sin embargo en el fondo no deja de ser más que otro cuento de Tomine, y como Carner lo que se cuenta realmente es un naufragio personal, la incapacidad de salirse de sí mismo y el riesgo que se corre por la inmovilidad. En lugar de hacer una disección analítica de las relaciones entre parejas se dan unas instantaneas terribles por lo árido que te deja el alma. Pero he vivido mucho de lo que cuenta, tan literalmente que en realidad la fuente de la tristeza que me produce no es en ningún caso achacable a su autor. Por eso me siento algo mal porque Tomine no me caiga del todo bien, jejeje.
De dibujo sobrio pero estilzado su narrativa es pausada, como si él no estubiese ah´, con una sensación de frialdad cercana ala de Daniel Clowes, pero sin llegar a alcanzar el toque alucinado de este. El universo de Tomine es frío pero en absoluto insensible. El amor es una cosa dura y jodida, en donde la ley del desencuentro por lo general es lo más fuerte, una lucha contra sí mismo que no siempre ganamos, que probablemente sea más bien al contrario.
Leer a Tomine me entristece y duele, todos los aspectos de mi y mi propia vida que veo en ellos no son precisamente lo que más satisfacciones me han dado y sin embargo como con alquel cuento de Carver, me resulta imposible desprenderme de la verdad que existe en los mismo, o de la belleza que representan pese a todo.
Las rupturas amorosas, los autoengaños, el modo en que desde el dolor discutimos buscando siempre que el culpable sea otro, aún cuando sabemos que salvaremos de naufragio poco más que huesos. En la distancia el dolor de huesos no se matiza, el quedarse en estructura ósea, sin recubrimiento de carne, sangre y bilis, sin la protección que da la piel, es una de las cosas más terribles que conozco, la sensación de derrota más grande que existe porque sólo acabas viendo un culpable de todo.
No es lo mejor que he leído de Tomine, quizás porque todo el asunto racial me coge con mucha distancia, o que sus cuentos sean más efectivos en la dureza de su verdad, pero lo cierto es que me he sentido muy, pero que muy identificado con Ben Tanaka, su inmovilismo y tendencia perversa al negativismo, al pesimismo antivitalista.
Además confieso que el tipo de mujer que con mayor diferencia me pone son las japonesas. Y leyendo este comic me ha dado muchísimo miedo, me ha dejado acojonado y tembloroso.
Ains, pero es bueno el jodio.
Los cuentos de Carver son instantaneas de momentos, cruciales o no, de la vida de personas absolutamente normales cargadas de cierto pesimismo meláncolico. Matrimonios o parejas al borde del avismo, seres que sobreviven a naufragios que se han llevado partes esenciales de sus ser. En concreto hay un cuento ¿Por qué no bailaís? que llevo enquistado en mi ser desde lo leí siendo casi un adolescente. Es un cuento de un hombre roto que ha sacado todos los muebles de su casa al jardín, en la misma disposición que dentro, es una escena que me resulta imposible olvidar y directamente lo primero que pensé, viví y recordé cuando me fui de lo que hasta enotnces era mi hogar.
Tomine dibuja hstorias muy parecidas, en ocasiones sólo unos minutos de la vida de alguién, pero al igual que Carver hay una pátina de melancolía nostálgica, de sentimiento de pérdida y horfandad, que me emociona tanto como me asusta.
Shortcomings es su primera novela gráfica, comprende los números del 9 al 11 de la serie de comics books que él mismo edita. Aparentemente es una historia de desamor entre dos jóvenes asiatico norteamericanos en donde los tópicos raciales son también en apariencia aquello que mueve la historia. Sin embargo en el fondo no deja de ser más que otro cuento de Tomine, y como Carner lo que se cuenta realmente es un naufragio personal, la incapacidad de salirse de sí mismo y el riesgo que se corre por la inmovilidad. En lugar de hacer una disección analítica de las relaciones entre parejas se dan unas instantaneas terribles por lo árido que te deja el alma. Pero he vivido mucho de lo que cuenta, tan literalmente que en realidad la fuente de la tristeza que me produce no es en ningún caso achacable a su autor. Por eso me siento algo mal porque Tomine no me caiga del todo bien, jejeje.
De dibujo sobrio pero estilzado su narrativa es pausada, como si él no estubiese ah´, con una sensación de frialdad cercana ala de Daniel Clowes, pero sin llegar a alcanzar el toque alucinado de este. El universo de Tomine es frío pero en absoluto insensible. El amor es una cosa dura y jodida, en donde la ley del desencuentro por lo general es lo más fuerte, una lucha contra sí mismo que no siempre ganamos, que probablemente sea más bien al contrario.
Leer a Tomine me entristece y duele, todos los aspectos de mi y mi propia vida que veo en ellos no son precisamente lo que más satisfacciones me han dado y sin embargo como con alquel cuento de Carver, me resulta imposible desprenderme de la verdad que existe en los mismo, o de la belleza que representan pese a todo.
Las rupturas amorosas, los autoengaños, el modo en que desde el dolor discutimos buscando siempre que el culpable sea otro, aún cuando sabemos que salvaremos de naufragio poco más que huesos. En la distancia el dolor de huesos no se matiza, el quedarse en estructura ósea, sin recubrimiento de carne, sangre y bilis, sin la protección que da la piel, es una de las cosas más terribles que conozco, la sensación de derrota más grande que existe porque sólo acabas viendo un culpable de todo.
No es lo mejor que he leído de Tomine, quizás porque todo el asunto racial me coge con mucha distancia, o que sus cuentos sean más efectivos en la dureza de su verdad, pero lo cierto es que me he sentido muy, pero que muy identificado con Ben Tanaka, su inmovilismo y tendencia perversa al negativismo, al pesimismo antivitalista.
Además confieso que el tipo de mujer que con mayor diferencia me pone son las japonesas. Y leyendo este comic me ha dado muchísimo miedo, me ha dejado acojonado y tembloroso.
Ains, pero es bueno el jodio.
martes, 16 de agosto de 2011
In vino veritas
Qué asco.
Llevo cuatro borradores ahí muertos, todos diversas formas de no sé cómo decirlo, formas de conjugar aquel viejo dicho de que "la iglesia que más ilumina es la que arde". Bueno, todos no, hay un par de borradores llorones... El caso es que quería que esto fuera un algo espiritual, en fin, esa cosa que me esfuerzo por convocar peor que siempre me sabe a sudor y carne. Leevo un montón de entradas personales e íntimas, y tal y pascual, pero en realidad eso es sólo un trozo de mi lado oculto, una conspiración para hacerme ver un tipo sensible y raro, especial, a fin de cuentas.
Qué asco.
Y es que te tomas un par de series de progresión geométrica de cervezas y el resto de pesdazos, cr5iados a base de grandes hermanos, todas las películas de los albóndigas en remojo, las de tinto brass o tinto grasss, joder con la cerveza. Ya sabeís ese 90% de la Ley Sturgeon que me ha encantado siempre deglutir, que ha sido fundamentlalmente mi alimento si comparo numéricamente, y que ahora me sabe a paja. Bueno, pues esa parte de mi se rebela con un cuarteto o septeto de cervezas y pide su lugar en este mundo blogero. No soy guay ni chachi, no escribo con el culo dada la cultura general, pero no nos engañemos, tengo faltas de ortografía, de sintáxis y no acabo frases que empiezo. Me voy por las ramas, me asquea la idea de perdedor porque me he sentido partícipe de la misma toda la puta vida. Si me contais hisotrias que me "entretengan" por Dios no me hableis de mi mismo. Para eso tengo a Tarkowsky, y vuelvo a ser molon.
En el fondo me la pela que venga el papa, joder si no miro el fesibuk casi ni me entero, y para qué cojones ando yo mirando eso. No conozco a casi nadie de mis "amigos" y no lo digo con maldad, joder, ni siquiera recuerdo los nicks y cuando lo hago es por lo general en una nebulosa de buenismo antrópico o antológico no sé qué es lo que quiero decir. ¿Antropológico? Bah, me dan asco las gentes que se pretenden lo que no son. Y un padre folla o sino a santo de quñe estoy yo en el puto mundo. Así que pòr mis partes el papa puede irse a toma.... no, no, no que ya estoy demasiado borracho para otro borrador. El papa puede ir a donde quiera, que yo, igualmente lo miraré, sí
con Asco. Y Mucho.
Además no soy especial ergo raro porque cada uno de vosotros cuatro me lo confirma, jodidos cabrones. Quisiera tanto tantísimo el poder abrazaros primero sobrio y luego Dios (puag) dirá, sin compromisos ni buscando nada personal más allá de veros el careto en directo y agrqadeceros todo cuanto me dais únicamente viniendo aquí, a leer esta mierda que compongo de lo que vivo, una suerte de intento de salir de los barrotes al menos con los brazos, porque en realidad lo que sé como Verdad sólo se compone de lo minimo que puede llamarse afirmación.
Os quiero.
Os quiero-
He estado tres veces en una discoteca, vñalgame Dios (puag) pero sólo una con un amigo, en el Spook que da miedito, y eso vale mucho. Como el poder tener el privilegio de querer como en el fondo sabía que debía ser, al único troll que he tenido. Él sabe quién es. O al cabrón de Pesanervios que hacía lo que yo trato de hacer ahora, pero bien, pero bien de verdad porque cada vez que lo leo me conmueve y sólo sé de él un nick y su multiverso de blogs solipsistas en apariencia. Como ahora le va bien al jodio desaparece, y es justo y bueno, dofer, quizás yo desaparezca de aquí de verdad, no por morirme ni vainas por el estilo, únicamente por hacerme gozosamente real, tan completo que no necesite expresarme más, ni decirme...
Llevo cuatro borradores ahí muertos, todos diversas formas de no sé cómo decirlo, formas de conjugar aquel viejo dicho de que "la iglesia que más ilumina es la que arde". Bueno, todos no, hay un par de borradores llorones... El caso es que quería que esto fuera un algo espiritual, en fin, esa cosa que me esfuerzo por convocar peor que siempre me sabe a sudor y carne. Leevo un montón de entradas personales e íntimas, y tal y pascual, pero en realidad eso es sólo un trozo de mi lado oculto, una conspiración para hacerme ver un tipo sensible y raro, especial, a fin de cuentas.
Qué asco.
Y es que te tomas un par de series de progresión geométrica de cervezas y el resto de pesdazos, cr5iados a base de grandes hermanos, todas las películas de los albóndigas en remojo, las de tinto brass o tinto grasss, joder con la cerveza. Ya sabeís ese 90% de la Ley Sturgeon que me ha encantado siempre deglutir, que ha sido fundamentlalmente mi alimento si comparo numéricamente, y que ahora me sabe a paja. Bueno, pues esa parte de mi se rebela con un cuarteto o septeto de cervezas y pide su lugar en este mundo blogero. No soy guay ni chachi, no escribo con el culo dada la cultura general, pero no nos engañemos, tengo faltas de ortografía, de sintáxis y no acabo frases que empiezo. Me voy por las ramas, me asquea la idea de perdedor porque me he sentido partícipe de la misma toda la puta vida. Si me contais hisotrias que me "entretengan" por Dios no me hableis de mi mismo. Para eso tengo a Tarkowsky, y vuelvo a ser molon.
En el fondo me la pela que venga el papa, joder si no miro el fesibuk casi ni me entero, y para qué cojones ando yo mirando eso. No conozco a casi nadie de mis "amigos" y no lo digo con maldad, joder, ni siquiera recuerdo los nicks y cuando lo hago es por lo general en una nebulosa de buenismo antrópico o antológico no sé qué es lo que quiero decir. ¿Antropológico? Bah, me dan asco las gentes que se pretenden lo que no son. Y un padre folla o sino a santo de quñe estoy yo en el puto mundo. Así que pòr mis partes el papa puede irse a toma.... no, no, no que ya estoy demasiado borracho para otro borrador. El papa puede ir a donde quiera, que yo, igualmente lo miraré, sí
con Asco. Y Mucho.
Además no soy especial ergo raro porque cada uno de vosotros cuatro me lo confirma, jodidos cabrones. Quisiera tanto tantísimo el poder abrazaros primero sobrio y luego Dios (puag) dirá, sin compromisos ni buscando nada personal más allá de veros el careto en directo y agrqadeceros todo cuanto me dais únicamente viniendo aquí, a leer esta mierda que compongo de lo que vivo, una suerte de intento de salir de los barrotes al menos con los brazos, porque en realidad lo que sé como Verdad sólo se compone de lo minimo que puede llamarse afirmación.
Os quiero.
Os quiero-
He estado tres veces en una discoteca, vñalgame Dios (puag) pero sólo una con un amigo, en el Spook que da miedito, y eso vale mucho. Como el poder tener el privilegio de querer como en el fondo sabía que debía ser, al único troll que he tenido. Él sabe quién es. O al cabrón de Pesanervios que hacía lo que yo trato de hacer ahora, pero bien, pero bien de verdad porque cada vez que lo leo me conmueve y sólo sé de él un nick y su multiverso de blogs solipsistas en apariencia. Como ahora le va bien al jodio desaparece, y es justo y bueno, dofer, quizás yo desaparezca de aquí de verdad, no por morirme ni vainas por el estilo, únicamente por hacerme gozosamente real, tan completo que no necesite expresarme más, ni decirme...
domingo, 14 de agosto de 2011
Un satori en la oscuridad
No sé escribir sobre música, en mi experiencia de las letras no hay nada más alejado de la música. Los que me conoceis de largo habreís notado que no suelo hacer entradas de música, es un ámbito en el que siento que no tengo nada que decir, algo que me asombra porque como buen español tengo que decir de casi cualquier cosa imaginable. Sin embargo desconozco las razones por las que nunca hablo de música con nadie. Puede que en realidad sea porque la música que siento que me pertenece con mayor intimidad de toda me viene de mi amigo Antonio, toda todita toda, o bien de los casettes que me gravaba o de los discos que ponía en su casa, siempre a saltos por la ansiedad de condensar toda aquella maravilla espiritual en el corto tiempo que pasábamos juntos. Para mi el concepto música concoca el verme con Antonio en la feria del disco antigüo, el aprender constelaciones esperando que el verano se gastara, sobre la grupa de un viejo walkman blanco philips, mientras soñaba o esperaba o ansiaba el que la parálisis estival me trajeran a Carolina o a Carmen. Era en el fondo música que me regalaba otro, y por eso a pesar de que el blues o el jazz son meramente míos, la música que oigo sigo disfruto y siento, sin comas que valgan es la que me legó mi amado hermano astral, el ser a quien menos podré agradecer nunca su existencia. Recurro a esa música cuando mi ateismo se conjuga con mi solipsismo y la rabia talibán parece querer comérselo todo a hostias. He soñado toda mi vida que una ventana será mi salvación, he volado con mi imaginación junto a Hrabal desde que supe que se lanzó a volar, o cuando leí El arte de volar. Sé que el volar representa libertad y toda esa vaina, para mi volar ha significaddo siempre una suerte de final. Me he visto volando y me veo volando cienes de veces. No quiero acabar como mis abuelos, y me parece un ejercicio de dignidad, el único posible, el lanzarse por una ventana cagándose en Dios y esperando que la gravedad por fin traiga algo de levedad, de paz, de silencio, de amor.
Al final siempre oigo las músicas de Antonio, me siento elevado y no sé qué significa eso, cuando mis huesos calan en Jethor Tull, me pierdo gozoso en las músicas de Soul Bisontes y me hermano en el siñencio con Pablo Cobollo y sus textículos.
Cuando aún no cumplia los 10 años vivía enamorado de la puta de mi calle, una mujer triste y hermosa que regentaba un kiosko donde pagaba mi impuesto por verla, pobre hijo el suyo, todos éramos amigos de él por poder perdernos contemplando a su madre. Una señora estupenda, hermosa como pocas y buena, que colgada de un hijodeputa se entregó a la prostitución para que aquel niño que nadie quería tuviera una vida que lo hundía en la miseria de saberse tan sólo y sometido a la injusticia, que lloro ahora que escribo esto, porquer nunca me porté con él como es lo justo. No recuerdo ni su nombre ni el de su madre. Pero cerca de aquel kiosko escuché por primera vez una gitarra eléctrica. Las tardes estivales son lentas y difíciles cuando eres un niño que no duerme siesta y se despierta, siempre, a las 7 de la mañana.
Aquella era una casa de locos, casi ni era una casa, el padre de mi amigo y sus novecientos hermanos construía la casa cuando un trabajo de mierda se lo permitía, no era una casa de protección oficial, sólo un solar que se levantaba desde la pobreza, un lugar que descubría desnudo el ladrillo, en cuya salita, vieja sin haberse estrenado nunca, albergaba sólo unas sillas, una mesita y una estufa eléctrica. Pasábamos las tardes indolentes usando el viejo Monopoly de alguién, todos, mayores y pequeños, soábamos enbelesados con aquellos fajos de billetes falsos.
En ocasiones mientras trabajaba el padre ponía un casete en la radio. Aquella tarde fue de blues y por vez primera en mi vida oí una gitarra eléctrica. Recuerdo haber salido aquella tarde de la casa, sentarme junto al bordillo de la calle y escuchar la música desde la calle. Las lágrimas corrían por mi cara con una naturalidad que sólo reconoczoco ahora. Con el tiempo, ya con 18 años reconocí a aquel señor. Albert King llorando I play the blues for you. Pero aquello fue un atisvo, el rayo de luz que conoces cuando vienes llorando al mundo, con la primera arcada de aire que llena tus pulmones, cuando conocí a Antonio la guitarra aguda, filosa, ruidosa y terriblemente bella cobró un sentido que ocupa en mi alma el espacio de Dios, y que aún ahora, mientras escribo me pone la carne de gallina.
Para mi el blues y el jazz es la música de mi soledad, como lo es también J.J. Cale, Manu Chao o Sting. Pero la psicodelia y las guitarras chillonas, el Nadie nace domesticado me viene exclusivamente de Antonio, toda esa música alucinada, mistica y enteogénica, las guitarras afiladas o sucias, el heavy, el punk, todo eso que oigo cada vez que me puedo a mi mismo tiene la huella de un hermano, la enseñanza de un Otro al que amo y admiro, un hermano y un padre elegido.
A mi me han dado a luz muchas veces, no he perdido la esperanza de volver a hacerlo tantas veces como me sea posible, me permitan. Tu me diste a luz con tantas cosas que no soy homnbre suficiente para agradecerlo, pero hay dos discos a los que recurro como un enfermo cuando no puedo conmigo mismo, cuando no sé qué camino tomar.
Uno es el primero de Dark, y el otro es Satori.
Te quiero por tantas cosas que la culpa me impide agradecertelo como es debido y recurro cobardemente a esto.
Al final siempre oigo las músicas de Antonio, me siento elevado y no sé qué significa eso, cuando mis huesos calan en Jethor Tull, me pierdo gozoso en las músicas de Soul Bisontes y me hermano en el siñencio con Pablo Cobollo y sus textículos.
Cuando aún no cumplia los 10 años vivía enamorado de la puta de mi calle, una mujer triste y hermosa que regentaba un kiosko donde pagaba mi impuesto por verla, pobre hijo el suyo, todos éramos amigos de él por poder perdernos contemplando a su madre. Una señora estupenda, hermosa como pocas y buena, que colgada de un hijodeputa se entregó a la prostitución para que aquel niño que nadie quería tuviera una vida que lo hundía en la miseria de saberse tan sólo y sometido a la injusticia, que lloro ahora que escribo esto, porquer nunca me porté con él como es lo justo. No recuerdo ni su nombre ni el de su madre. Pero cerca de aquel kiosko escuché por primera vez una gitarra eléctrica. Las tardes estivales son lentas y difíciles cuando eres un niño que no duerme siesta y se despierta, siempre, a las 7 de la mañana.
Aquella era una casa de locos, casi ni era una casa, el padre de mi amigo y sus novecientos hermanos construía la casa cuando un trabajo de mierda se lo permitía, no era una casa de protección oficial, sólo un solar que se levantaba desde la pobreza, un lugar que descubría desnudo el ladrillo, en cuya salita, vieja sin haberse estrenado nunca, albergaba sólo unas sillas, una mesita y una estufa eléctrica. Pasábamos las tardes indolentes usando el viejo Monopoly de alguién, todos, mayores y pequeños, soábamos enbelesados con aquellos fajos de billetes falsos.
En ocasiones mientras trabajaba el padre ponía un casete en la radio. Aquella tarde fue de blues y por vez primera en mi vida oí una gitarra eléctrica. Recuerdo haber salido aquella tarde de la casa, sentarme junto al bordillo de la calle y escuchar la música desde la calle. Las lágrimas corrían por mi cara con una naturalidad que sólo reconoczoco ahora. Con el tiempo, ya con 18 años reconocí a aquel señor. Albert King llorando I play the blues for you. Pero aquello fue un atisvo, el rayo de luz que conoces cuando vienes llorando al mundo, con la primera arcada de aire que llena tus pulmones, cuando conocí a Antonio la guitarra aguda, filosa, ruidosa y terriblemente bella cobró un sentido que ocupa en mi alma el espacio de Dios, y que aún ahora, mientras escribo me pone la carne de gallina.
Para mi el blues y el jazz es la música de mi soledad, como lo es también J.J. Cale, Manu Chao o Sting. Pero la psicodelia y las guitarras chillonas, el Nadie nace domesticado me viene exclusivamente de Antonio, toda esa música alucinada, mistica y enteogénica, las guitarras afiladas o sucias, el heavy, el punk, todo eso que oigo cada vez que me puedo a mi mismo tiene la huella de un hermano, la enseñanza de un Otro al que amo y admiro, un hermano y un padre elegido.
A mi me han dado a luz muchas veces, no he perdido la esperanza de volver a hacerlo tantas veces como me sea posible, me permitan. Tu me diste a luz con tantas cosas que no soy homnbre suficiente para agradecerlo, pero hay dos discos a los que recurro como un enfermo cuando no puedo conmigo mismo, cuando no sé qué camino tomar.
Uno es el primero de Dark, y el otro es Satori.
Te quiero por tantas cosas que la culpa me impide agradecertelo como es debido y recurro cobardemente a esto.
sábado, 13 de agosto de 2011
Siniestra
He estado creyendo que soy disléxico desde que tengo recuerdos hilados, la diferencia entre izquierda y derecha nunca han estado del todo clara para mi, voy por rachas pero siempre tengo poca confianza en mi juicio. Es por ello que me han tranquilizado especialmente las simetrías, quizás mi ojo vivo devenga justamente de todo esto, un plus de esfuerzo que debes realizar constantemente para no sentirte definitivamente perdido.
Cada vez que he cogido el metro en Madrid o Barcelona, lugares enormes que desconozco y en los que me siento con síndrome de cateto de las películas patrias de los 60, la experiencia terrorífica de salir de una estación sin tener la menor idea de dónde está el norte, perdido desde el descoloque más absoluto. De algún modo mios ojos buscan migitas de pan que pueda retener para volver llegado el caso.
Recientemente me han descubierto que no soy exactamente disléxico. De muy niño lo hacía todo con la izquierda, era en realidad un niño zurdo. Se supone que por aquel entonces ya se sabía que la idea de "corregir" a un zurdo no es en absoluta buena. Es difícil que dicha corrección no acabe por generar problemas de aprendizaje. A mi me hicieron disléxico para borrar mi condición de zurdo.
No es ninguna casualidad a poco que lo pienses, pero todos los tebeos que he leído ultimamente, salvo alguna excepción, tienen un discurso político moral de izquierdas. Pero no reivindican únicamente, no son textos revolucionarios ni utópicos. Si leeís el arte de volar me entendereís.
Sin tener malas intenciones me borraron el lado siniestro de mi mente, normalizándome en derecho. No entendí hasta no hace nada que la fuente de mi pesimismo existencial mistico poético brota de mi lado izquierdo, de mi aspecto siniestro. El aspecto más venusino y pasional de mí, la obsesión por lo surrealista, lo radical y el deseo de arjé, de fundamento libertario es el lado de mi que más dificultades tiene para salir al exterior. Empecé a escribir realmente cuando un amigo me prestó una vieja Olivetti cuando tenía 16 años. Y no ha sido hasta que he podido tener un ordenador cuando de verdad mi izquierda ha despertado, ya no es autónoma y si lo fue es algo que recuerdo tan remotamente como si fuera la experiencia de otro. Mi izquierda es insuficiente y sólo puede escribir ayudada por la derecha. Todo el chorro de palabras de las últimas entradas nace de la conjunción de ambas manos, y es sin duda alguna la izquierda la que tiene acceso libre a mi interior, sólo ella.
No hay nada menos presente y más cierto que este es el reino de la injusticia. Te asalta al abrir un diario, al salir a la calle, contemplar cómo nos desplazamos, donde vivimo, qué vemos en televisión, cómo cagamos como si no lo hiciéramos.
Le llaman siniestra porque es el lado que reclama y necesita justicia, por eso no es hermana de lo apolíneo, no gusta de direcciones, planificaciones, estructuras de proyectos y objetivos prácticos. Sabe que todos estos acaban por convertirse en derecho, en rigidez e imposición. La justicia no se impone ni se fuerza, cuando somete no es justicia en absoluto porque se eleva por encima de todo sobre la libertad, esa palabra que sólo puede escribirse en el cielo y ser leída en la tierra (El arte de volar)
Cuántos norteamericanos dejaron de existir por exijir justicia en sus trabajos, cuántos dibujantes o animadores, actores, actrices, escritores, pintores, directores... cuántos seres humanos sometidos por elevar una petición de justicia con la dignidad en una mano y su trabajo en otra. En el Invierno del dibujante de Paco Roca asistimos al latrocinio de Brugera, a la explotación vil y rastrera. En El bulevar de los sueños rotos vemos a Winsord McCay derrotado, humillado y en la indigencia por reclamar arte en donde los demás sólo quieren ver dinero, todo ese comic es en realidad una patada en los huevos a nuestra conciencia de lo correcto, de lo derecho. Es mi izquierda, la siniestra, la que desde niño me hizo ver el mal de Disney, comprobar su verdadera historia en El bulevar no me ha desgarrado menos por intuirla desde siempre. Leo tantos parabienes a Pixar después de lo que se está convirtiendo, recuerdo los tebeos de Ibáñez de la calle del Percebe, los de Will Eisner en los 50 (el único que logró los derechos de autor de sus personajes sin pagar con ello con su dignidad o malviviendo), y el asco crece exponencialmente alcanzando la plenitud veo algo de Gimbly o a Pingu.
Quiero creer que todos los zurdos nos limpiamos el culo con la derecha, es, almenos para mi, la primera petición de justicia, el primer acto de dignidad.
Cada muro es una infamia.
Cada vez que he cogido el metro en Madrid o Barcelona, lugares enormes que desconozco y en los que me siento con síndrome de cateto de las películas patrias de los 60, la experiencia terrorífica de salir de una estación sin tener la menor idea de dónde está el norte, perdido desde el descoloque más absoluto. De algún modo mios ojos buscan migitas de pan que pueda retener para volver llegado el caso.
Recientemente me han descubierto que no soy exactamente disléxico. De muy niño lo hacía todo con la izquierda, era en realidad un niño zurdo. Se supone que por aquel entonces ya se sabía que la idea de "corregir" a un zurdo no es en absoluta buena. Es difícil que dicha corrección no acabe por generar problemas de aprendizaje. A mi me hicieron disléxico para borrar mi condición de zurdo.
No es ninguna casualidad a poco que lo pienses, pero todos los tebeos que he leído ultimamente, salvo alguna excepción, tienen un discurso político moral de izquierdas. Pero no reivindican únicamente, no son textos revolucionarios ni utópicos. Si leeís el arte de volar me entendereís.
Sin tener malas intenciones me borraron el lado siniestro de mi mente, normalizándome en derecho. No entendí hasta no hace nada que la fuente de mi pesimismo existencial mistico poético brota de mi lado izquierdo, de mi aspecto siniestro. El aspecto más venusino y pasional de mí, la obsesión por lo surrealista, lo radical y el deseo de arjé, de fundamento libertario es el lado de mi que más dificultades tiene para salir al exterior. Empecé a escribir realmente cuando un amigo me prestó una vieja Olivetti cuando tenía 16 años. Y no ha sido hasta que he podido tener un ordenador cuando de verdad mi izquierda ha despertado, ya no es autónoma y si lo fue es algo que recuerdo tan remotamente como si fuera la experiencia de otro. Mi izquierda es insuficiente y sólo puede escribir ayudada por la derecha. Todo el chorro de palabras de las últimas entradas nace de la conjunción de ambas manos, y es sin duda alguna la izquierda la que tiene acceso libre a mi interior, sólo ella.
No hay nada menos presente y más cierto que este es el reino de la injusticia. Te asalta al abrir un diario, al salir a la calle, contemplar cómo nos desplazamos, donde vivimo, qué vemos en televisión, cómo cagamos como si no lo hiciéramos.
Le llaman siniestra porque es el lado que reclama y necesita justicia, por eso no es hermana de lo apolíneo, no gusta de direcciones, planificaciones, estructuras de proyectos y objetivos prácticos. Sabe que todos estos acaban por convertirse en derecho, en rigidez e imposición. La justicia no se impone ni se fuerza, cuando somete no es justicia en absoluto porque se eleva por encima de todo sobre la libertad, esa palabra que sólo puede escribirse en el cielo y ser leída en la tierra (El arte de volar)
Cuántos norteamericanos dejaron de existir por exijir justicia en sus trabajos, cuántos dibujantes o animadores, actores, actrices, escritores, pintores, directores... cuántos seres humanos sometidos por elevar una petición de justicia con la dignidad en una mano y su trabajo en otra. En el Invierno del dibujante de Paco Roca asistimos al latrocinio de Brugera, a la explotación vil y rastrera. En El bulevar de los sueños rotos vemos a Winsord McCay derrotado, humillado y en la indigencia por reclamar arte en donde los demás sólo quieren ver dinero, todo ese comic es en realidad una patada en los huevos a nuestra conciencia de lo correcto, de lo derecho. Es mi izquierda, la siniestra, la que desde niño me hizo ver el mal de Disney, comprobar su verdadera historia en El bulevar no me ha desgarrado menos por intuirla desde siempre. Leo tantos parabienes a Pixar después de lo que se está convirtiendo, recuerdo los tebeos de Ibáñez de la calle del Percebe, los de Will Eisner en los 50 (el único que logró los derechos de autor de sus personajes sin pagar con ello con su dignidad o malviviendo), y el asco crece exponencialmente alcanzando la plenitud veo algo de Gimbly o a Pingu.
Quiero creer que todos los zurdos nos limpiamos el culo con la derecha, es, almenos para mi, la primera petición de justicia, el primer acto de dignidad.
Cada muro es una infamia.
viernes, 12 de agosto de 2011
Vi
Antes de que a Knut lo naciera ya tenía un nick, por entonces internet era algo que tenían los más pudientes, una cosa lenta y engorrosa, en donde los cybercafes y echar la mirada al reloj eran el pan de cada día. Mi pequeña Clara era entonces un junco estilizado de ojos enormes y risa contajiosa. En su boca José Luis era un laberinto imposible, una montaña rusa de sonidos complicados que de ninguna manera podía representarme. Tardabas más en pronunciarlo que en echarme esa mirada que te iluminaba de alegría.
Yo era entonces, y para siempre, Ví.
Mamá, que siempre ha estado un poco loca de lengua, lo metaforfoseó en Vino y para mi de alguna manera aquello me hermanaba con Léolo pareciéndome justo y adecuado. En realidad me siento más Ví o Vino o Vinito (como finalmente se metamorfoseó) que José Luis o Jose o Kanut, el resto de mis nombres.
Ví nunca ha sido del todo de este mundo, en ocasiones honda, la mayor parte de las veces ha sido un corpúsculo compacto, ensimismado en su dureza, un pulsar silencioso y de ávara densidad. Pero en los comienzos fue una puerta que abrió otro mundo paralelo en aquella pequeña tilde de carne que eras tu, tan pequeña y con tantos cojones.
Todos los días Vi te recogía de la guardería, como la puntualidad era un defecto cercano a la obsesión gastaba los minutos que faltaban a tu salida espiándote desde la calle. Tu corrias despreocupada, te veía ida y cun el cuello muy tieso mientras acelerabas aquel tricliclo de plástico rojo. Para Vi era una espera gozosa, al final tu me recibías con una alegría que sólo puede clasificarse de divina, había tanta luz en una cosa tan pequeña y delgada. Es mi Vi, es mi Vi, gritabas señalándome como si fuera un evento milagroso, alguien a quien habías estado esperando desde mucho.
Caminaba contigo al hombro, desbarrando historias fantásticas y absurdas, tópicos de nuestro camino a casa. En la primera esquina, unos metros justo antes de llegar, gesticulaba como un personaje de dibujos animados, haciendo con muchos aspavientos como si caminara sin ruido, con tus pies colgando al cuello y tu cuerpecito tenso de emoción, con apenas una carcajada asomando. Entonces saltabamos la esquina y asustábamos a aquella fuente donde comenzaba Reina Mercedes. Se te ponía carita de sinvergüenza, ojillos malinos de diversión. Después te enseé a poner el verde el semáforo a costa de quedar como un imbécil, pero en tus labios las palabras mágicas sonaban serias y solmemnes. No te preocupes que no las desvelaré, se lo debo al pobre Vi.
Yo te enseñaba palabras y tu me las devolvías nuevas, resplandecientes, convertías el gusano Jazmin en una hermosa mariposa Taclim, ejerciendo de poderosa hechicera al igual que me bautizaste a mi.
Como siempre lo mejor de mi mismo me lo ha dado otro.
Te amo mi pequeña y hermosa Clara, te deslizas por el borde de la niñez, casi dentro ya del todo en la adolescencia. Se me hace raro hablar contigo de libros, porque Vi siempre ha sido tu nino, pero tu cada vez eres más tu y menos yo. Inevitable y necesario.
Ojalá existiera un Dios al que poder agradecer toda la belleza que he vivido.
Gracias Clara, hija mía, gracias por hacerme.
Yo era entonces, y para siempre, Ví.
Mamá, que siempre ha estado un poco loca de lengua, lo metaforfoseó en Vino y para mi de alguna manera aquello me hermanaba con Léolo pareciéndome justo y adecuado. En realidad me siento más Ví o Vino o Vinito (como finalmente se metamorfoseó) que José Luis o Jose o Kanut, el resto de mis nombres.
Ví nunca ha sido del todo de este mundo, en ocasiones honda, la mayor parte de las veces ha sido un corpúsculo compacto, ensimismado en su dureza, un pulsar silencioso y de ávara densidad. Pero en los comienzos fue una puerta que abrió otro mundo paralelo en aquella pequeña tilde de carne que eras tu, tan pequeña y con tantos cojones.
Todos los días Vi te recogía de la guardería, como la puntualidad era un defecto cercano a la obsesión gastaba los minutos que faltaban a tu salida espiándote desde la calle. Tu corrias despreocupada, te veía ida y cun el cuello muy tieso mientras acelerabas aquel tricliclo de plástico rojo. Para Vi era una espera gozosa, al final tu me recibías con una alegría que sólo puede clasificarse de divina, había tanta luz en una cosa tan pequeña y delgada. Es mi Vi, es mi Vi, gritabas señalándome como si fuera un evento milagroso, alguien a quien habías estado esperando desde mucho.
Caminaba contigo al hombro, desbarrando historias fantásticas y absurdas, tópicos de nuestro camino a casa. En la primera esquina, unos metros justo antes de llegar, gesticulaba como un personaje de dibujos animados, haciendo con muchos aspavientos como si caminara sin ruido, con tus pies colgando al cuello y tu cuerpecito tenso de emoción, con apenas una carcajada asomando. Entonces saltabamos la esquina y asustábamos a aquella fuente donde comenzaba Reina Mercedes. Se te ponía carita de sinvergüenza, ojillos malinos de diversión. Después te enseé a poner el verde el semáforo a costa de quedar como un imbécil, pero en tus labios las palabras mágicas sonaban serias y solmemnes. No te preocupes que no las desvelaré, se lo debo al pobre Vi.
Yo te enseñaba palabras y tu me las devolvías nuevas, resplandecientes, convertías el gusano Jazmin en una hermosa mariposa Taclim, ejerciendo de poderosa hechicera al igual que me bautizaste a mi.
Como siempre lo mejor de mi mismo me lo ha dado otro.
Te amo mi pequeña y hermosa Clara, te deslizas por el borde de la niñez, casi dentro ya del todo en la adolescencia. Se me hace raro hablar contigo de libros, porque Vi siempre ha sido tu nino, pero tu cada vez eres más tu y menos yo. Inevitable y necesario.
Ojalá existiera un Dios al que poder agradecer toda la belleza que he vivido.
Gracias Clara, hija mía, gracias por hacerme.
El bulevar de los sueños rotos
Tebeo alucinado y alucinante, puñetazo psicodélico en las tripas, practicamente me ha dejado seco, sin palabras. LA vida es una amalgama de lo horrible y lo bello indistinguible más que através del engaño del tiempo, esa causalidad que prende en la memoria desde que uno inicia esto llorando. En su aspecto benéfico el mero hecho de que existan autores de los que no tengo ahora, mientras escribo, la menor idea de quiénes son, pero cuya obra, con independencia de cuándo fueron creadas se olcutan por los caminos, como minas antipersonas.
Pocos placeres y sensaciones de religación más profunda me da la sorpresa de saber inagotable el arte de verdad. Nunca oí hablar de este autor, de hecho me he enfrentado a este tebeo con la despreocupación de un veraneante en la playa. Si bien su título me da pavor por sus resonancias musicales, por ese aire posturil de pena estetico impuesta por la necesidad de follarse a lo más grande, el dibujo ejerció de sirena sobre mis ojos. Tenía que leerlo simplemente porque parecía undergrownmente interesante.
Y ha sido empezar y sentirme arrastrado por una fuerza abrumadora, un torrente de locura, pena y belleza gigantesco. Cómo domina este señor la narrativa, cómo llena la página y construye realidades desde lo más bizarro y loco.
En el comic nunca es posible distinguir lo real de lo imaginario, es el medio donde la locura es capaz de crecer con mayor fuerza, porque es fundamentalmente un medio alucinado. Psicodélico y enteógeno. Por favor, no quedaros con la superficie de la palabra, con su puiel engañosa, lo enteógeno no se aplica cuando se apela a la raíz al estudio de drogas psicotrópicos, el entheos es la vivencia íntima de dios, el entusiasmo es un amor externo y omnóvoro. No es raro que las culturas más antiguas veneraran la locura.
Cuenta la historia de diversos animadores desde los comienzos del siglo XX hasta su muerte, tres generaciones interrelacionadas por el trabajo en la animación, el entusiasmo hacia ella, y la absoluta voracidad de una cultura centrada en el pecuño, en el vil y sucio dinero. El propio autor fue hijo de un animador y quizás por eso, por la verdad ontólogica que hay tras su experiencia, este tebeo crece y crece conforme pasas las páginas. Alcanza dimensiones que escapa a su finitud, toca tantos temas, tan bien, que la sensación de estremecimiento medular dura, creciendo, mucho después de haber leído estas viñetas sangrantes.
Puedo decir que es lo mejor que he leído en muchos años, y no es poco decir en absoluto, me siento agradecido por la oportunidad de haberme clavado esto en el pecho. Me ha dejado estremecido, embargado místicamente en la sensación de estar hermanado, en la imposibilidad de la soledad aún cuando esta se cobra su precio con unas condiciones esclavizadoras y destructivas.
Es un tebeo durísimo y terrible, una somanta de hostias, un grito de dolor al cielo, una protesta, un compromiso, una mostración de sabiduría exquisita, de delicadeza y verdad, que me hace sentir minúsculo e ignorante, pero de alguna manera un poco más salvado que ayer.
Amar es lo que más duele de todo, creo, pero bendice como nada.
Pocos placeres y sensaciones de religación más profunda me da la sorpresa de saber inagotable el arte de verdad. Nunca oí hablar de este autor, de hecho me he enfrentado a este tebeo con la despreocupación de un veraneante en la playa. Si bien su título me da pavor por sus resonancias musicales, por ese aire posturil de pena estetico impuesta por la necesidad de follarse a lo más grande, el dibujo ejerció de sirena sobre mis ojos. Tenía que leerlo simplemente porque parecía undergrownmente interesante.
Y ha sido empezar y sentirme arrastrado por una fuerza abrumadora, un torrente de locura, pena y belleza gigantesco. Cómo domina este señor la narrativa, cómo llena la página y construye realidades desde lo más bizarro y loco.
En el comic nunca es posible distinguir lo real de lo imaginario, es el medio donde la locura es capaz de crecer con mayor fuerza, porque es fundamentalmente un medio alucinado. Psicodélico y enteógeno. Por favor, no quedaros con la superficie de la palabra, con su puiel engañosa, lo enteógeno no se aplica cuando se apela a la raíz al estudio de drogas psicotrópicos, el entheos es la vivencia íntima de dios, el entusiasmo es un amor externo y omnóvoro. No es raro que las culturas más antiguas veneraran la locura.
Cuenta la historia de diversos animadores desde los comienzos del siglo XX hasta su muerte, tres generaciones interrelacionadas por el trabajo en la animación, el entusiasmo hacia ella, y la absoluta voracidad de una cultura centrada en el pecuño, en el vil y sucio dinero. El propio autor fue hijo de un animador y quizás por eso, por la verdad ontólogica que hay tras su experiencia, este tebeo crece y crece conforme pasas las páginas. Alcanza dimensiones que escapa a su finitud, toca tantos temas, tan bien, que la sensación de estremecimiento medular dura, creciendo, mucho después de haber leído estas viñetas sangrantes.
Puedo decir que es lo mejor que he leído en muchos años, y no es poco decir en absoluto, me siento agradecido por la oportunidad de haberme clavado esto en el pecho. Me ha dejado estremecido, embargado místicamente en la sensación de estar hermanado, en la imposibilidad de la soledad aún cuando esta se cobra su precio con unas condiciones esclavizadoras y destructivas.
Es un tebeo durísimo y terrible, una somanta de hostias, un grito de dolor al cielo, una protesta, un compromiso, una mostración de sabiduría exquisita, de delicadeza y verdad, que me hace sentir minúsculo e ignorante, pero de alguna manera un poco más salvado que ayer.
Amar es lo que más duele de todo, creo, pero bendice como nada.
jueves, 11 de agosto de 2011
In Somnio (III) Deletreando canutos
Me cuesta horrores entender qué quieren decir con dejar la mente en blanco. Todo lo más que he conseguido en mis intentos de alcanzar tal estatus es construir mentalmente una imagen en blanco. Dicen los orientales que la consciencia es como el cielo, en él las emociones y los pensamientos son nubes que simplemente pasan. Meditar por tanto no es dejar la mente en blanco, mucho menos imaginar el blanco. Sé que debería soltarme y contemplar lo que me ocurre pero inebitablemente acabo siempre con un discurso mental todo lleno de palabras.
No he dejado de experimentar el continuo chorro de palabras que azota mi mente desde que tengo recuerdos, las imágenes incluso me evocan palabras e ideas en torrentes. Mi ex pareja me descubrió que cuando hablo de mi lo hago en términos narrativos, o lo que es peor, aludiendo a historias que he leído o visto, a ideas que he desarrollado en ese monólogo perpetuo, una máquina traductora d la realidad en letras conjugadas, un engarzarse continuamente en conceptos, ideas, términos y aqueología etgimológica. Me es imposible el deletrearme, quisiera descomponerme en una semántica comprensible pero me es imposible el hacerlo sin acudir a escritores, poetas, pintores, directores, actores, y en definitiva a lo que otros pensaron, dijeron, expresaron o, como gusta decir a muchos, crearon.
No hay pastilla ni droga que sea capaz de callarme en mi silencio, ojalá pudiera tener una paz momentanea, puntual, un silencio que me permita oir a la realidad directamente, pero me quedo colgando de otros como si mis brazos no fueran míos.
Y sin embargo sólo me veo como una referencia externa, no soy especial ni diferente, no he querido ser nada de eso jamás, hasta la cáscara que ne recubre es en el fondo el trabajo de otro, la tradución exacta de la misma emoción que vivieron hombres hace miles de años. Soy el canto de amor de Lucrecio, las cartas de Epicuro, el dolor de Kierkegaard, los textos de apoyo de los comics de Moore, el hambre de las biñetas biográficas de Carlos Jimenez, he vivido décadas en Palomares, amado a Bianca, estoy en las fotos de la miseria que capturaba Juan Rulfo, en El libro de los abrazos de Galeano, en un cuento de Carver que leí mucho antes de vivirlo, pero que de alguna manera reconocí. En mi sangre y en mi semen habitan viñetas, diálogos, el rostro actual de Leguin, la locura de Dick, la empatía de Sturgeon. Mi pellejo es un entramado de las palabras de Hrabal, ojalá pudiera tatuarme al completo Una Soledad Demasiado Ruidosa, en mis venas corre Lem, impulsado por los latidos de un corazón constituido de los diálogos de Platón, ni siquiera soy un anarquista sino un Desposeido, conozco perros cuya mierda vale mas que yo.
Es un consuelo muy pobre, lo sé, sin embargo sólo soy un compendido de los amores de muchos otros, tan ajenos a mis circunstancias, que nadie creería que se puede ser hijo de tantos padres y madres, hermanos de un número inabarcable, y aunque sea pobre es un consuelo real. Absolutamente cierto, soy página y tinta, celuloide y pintura, soy algo tan absurdo como una melodía, el saxo de Sonny Rollins, los silencios del Kind of Blue, el etorno retorno a casa que supone oir un viejo blues. Soy Léolo y sus hermanos, soy un starker, un gusano de arrakis, un filósofo cínico y una puta sabia.
Antes de que me alcance el sueño, ahora qué no sé que camino de mi vida tomar, os invoco a todos, mis letras, deletreemos canutos juntos.
Aún queda tiempo...
No he dejado de experimentar el continuo chorro de palabras que azota mi mente desde que tengo recuerdos, las imágenes incluso me evocan palabras e ideas en torrentes. Mi ex pareja me descubrió que cuando hablo de mi lo hago en términos narrativos, o lo que es peor, aludiendo a historias que he leído o visto, a ideas que he desarrollado en ese monólogo perpetuo, una máquina traductora d la realidad en letras conjugadas, un engarzarse continuamente en conceptos, ideas, términos y aqueología etgimológica. Me es imposible el deletrearme, quisiera descomponerme en una semántica comprensible pero me es imposible el hacerlo sin acudir a escritores, poetas, pintores, directores, actores, y en definitiva a lo que otros pensaron, dijeron, expresaron o, como gusta decir a muchos, crearon.
No hay pastilla ni droga que sea capaz de callarme en mi silencio, ojalá pudiera tener una paz momentanea, puntual, un silencio que me permita oir a la realidad directamente, pero me quedo colgando de otros como si mis brazos no fueran míos.
Y sin embargo sólo me veo como una referencia externa, no soy especial ni diferente, no he querido ser nada de eso jamás, hasta la cáscara que ne recubre es en el fondo el trabajo de otro, la tradución exacta de la misma emoción que vivieron hombres hace miles de años. Soy el canto de amor de Lucrecio, las cartas de Epicuro, el dolor de Kierkegaard, los textos de apoyo de los comics de Moore, el hambre de las biñetas biográficas de Carlos Jimenez, he vivido décadas en Palomares, amado a Bianca, estoy en las fotos de la miseria que capturaba Juan Rulfo, en El libro de los abrazos de Galeano, en un cuento de Carver que leí mucho antes de vivirlo, pero que de alguna manera reconocí. En mi sangre y en mi semen habitan viñetas, diálogos, el rostro actual de Leguin, la locura de Dick, la empatía de Sturgeon. Mi pellejo es un entramado de las palabras de Hrabal, ojalá pudiera tatuarme al completo Una Soledad Demasiado Ruidosa, en mis venas corre Lem, impulsado por los latidos de un corazón constituido de los diálogos de Platón, ni siquiera soy un anarquista sino un Desposeido, conozco perros cuya mierda vale mas que yo.
Es un consuelo muy pobre, lo sé, sin embargo sólo soy un compendido de los amores de muchos otros, tan ajenos a mis circunstancias, que nadie creería que se puede ser hijo de tantos padres y madres, hermanos de un número inabarcable, y aunque sea pobre es un consuelo real. Absolutamente cierto, soy página y tinta, celuloide y pintura, soy algo tan absurdo como una melodía, el saxo de Sonny Rollins, los silencios del Kind of Blue, el etorno retorno a casa que supone oir un viejo blues. Soy Léolo y sus hermanos, soy un starker, un gusano de arrakis, un filósofo cínico y una puta sabia.
Antes de que me alcance el sueño, ahora qué no sé que camino de mi vida tomar, os invoco a todos, mis letras, deletreemos canutos juntos.
Aún queda tiempo...
Aruku Hito (El Caminante)
La fortuna quiere que después de tanto tiempo de desierto cada día me caiga un regalo en forma de tebeo. Para algo han servido todas las horas que gasté de pies recorriendo librerías de viejo, kioskos raros con un almacen de viejos tebeos, todo el sudor de acudir en agosto en las mañanas buscando la redención en libros de segunda mano o tebeos descatalogados. Toda aquella mierda que me hinqué y que parecía falta de toda utilidad cobra sus frutos veinte años después.
Hasta donde alcanza mi memoria, el recuerdo de un abrazo tiene forma de papel y tinta, un olor peculiar que se asomaba con la levedad del papel, muchas veces ajado, viejo y crujiente, con trazas de humedad. De alguna manera recuerdo todos aquellos viajes, tanto sólo como en compañía, aquellos paseos en los que todo yo era búsqueda perpetua, cuando encontraba en sitios imposibles el coche de la que sería mi mujer con el tiempo, allí donde dejaba improvisados papelitos con mensajes crípticos y lleno de amor.
La obra de Taniguchi tiene una cualidad que me recuerda a aquellos tiempos, desde El almanaque de mi padre quedé enamorado del trazo de este autor japonés, uno de esos artistas con los que sabes podrías tener a un gran amigo, un estupendo conversador, alguien que acompañar en un silencio cómplice. Sus ojos son los tuyos, capaz de captar una luz, un detalle y una humanidad en sus personajes que te hace hasta sentirte orgulloso por poder llamarte ser humano.
La mayor parte de su obra está dirigida a la naturaleza, una naturaleza exuberante y bellísima que te llena con los detalles. El caminante es quizás la más bella en este sentido. Muy probablemente el lector habitual lo lea cagando leches con una sensación pronunciada de sopor. No pasa nada reseñable, la historia, sutil, es lenta y absolutamente contingente.
Y es que Taniguchi es un maestro de la contingencia, toda su obra pende de detalles cotidianos visto con una meláncolía y nostalgia gozosa, por contradictorio que pueda parecer. Nunca sabremos cuál es el nombre del caminante, tendremos pequeños avisos de su vida, dosificados con delicadeza y un exquisito gusto por el detalle amoroso.
El tebeo tiene cierta naturaleza ambarina, recoge imágenes y texto como el ámbar conserva a los insectos. Aunque no puedas tocar en rigor nada, esa eternidad de momentos hermanados, engarzados en la página, contiene un pedazo de realidad que se mueve, se hace viva, en la consciencia del lector.
La naturaleza, que aborrece el vacío, se llena en sus páginas de una verdad que de sencilla se hace absoluta, la ciudad y el bosque se hermanan por los senderos que transitan esos personajes triviales, esos niños que se ríen del perro meando o el paseo involuntario por la noche porque se olvidaron las llaves. El andar bajo la lluvia, ese momento de libertad que te empapa y no cuesta ni dinero ni esfuerzo: ocurre.
Es este un manga que ocurre sin que pase nada, sin que haya acción, diálogos filosóficos, efectos especiales o tias en bolas. El manga de Taniguchi es de todos el que recoge el paso del tiempo de manera más acertada y directa, siempre los años pasan sobre y por sus personajes. Para mi es esencial ese regalo que encuentro en sus dibujos hiperdetallados, el reconocer la pureza del amor que me da.
Pronto necesitaré otro cuerpo, ya casi no me caben todos los dibujos que llevo dentro.
Ains y tengo más por leer, una pila de caricias, abrazos y besos, una montaña de humedad cálida humana, una rista de lectores a los que iniciar y que no conozco.
Pienso en el pequeño Juan y en Joel, en mi Clara ya adolescente, en lo muchísimo que tienen por descubrir, tanto que ni siquiera juntos podríamos abarcarlo todo, así que es su legado y su tarea traer más ojos al mundo.
Algunos de ellos nos bendice, y aunque es pobre como esperanza es lo suficientemente bella como para que mis pies deseen caminar.
Un abrazo.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Daytripper
Me produce una tonta felicidad ver las estanterías pobladas de tebeos que no llevan capas en sus portadas ni efectos especiales, que no son de fantasía ni ciencia ficción (casi siempre mal entendida) Uno puede comprarse un álbum de Jiro Taniguchi en donde sólo se cuentan los paseos del protagonista, obras aparentemente aburridas y plácidas que germinan dentro de uno pertinazmente, sin querer ni poder marcharse. De pronto me asaltan autores que desconozco, dibujos desde los que me quedo colgando aún cuando me voy. Y ese olor a papel y tinta.
Daytripper es un tebeo obra de dos hermanos brasileros, relata aparentemente de modo desordenado la vida y las muertes de su protagonista, un escritor tendente a la melancolía, las historias recorrerán momentos vitales de la vida de Bras, este tipo de sucesos que nos marcan a todos de un modo u otro, probablemente secretos que uno calza en la memoria, que sólo son importantes para quien lo vive, en fin, que te definen por su propia voluntad.
A mi ha tardado en llegarme, consciente de sus buenas intenciones, en ocasiones el lirismo que ofrece no es precisamente con el que empatizo, muchas de sus situaciones me saben a constructo aún cuando es obvia la experiencia de donde surgen. No es que su poesía me parezca mala, quizás es que estos temas los he encontrado en tebeos mejores, sin ir más lejos los dos últimos que comento.
Sin embargo es tan importante lo que ocurre como el aspecto formal de la obra, las continuas referencias al metalenguaje, a la naturaleza de ser escritor, su necesidad, a las complejas relaciones padre/hijo, la luz de la infancia y el agua de la adolescencia. Es un tebeo bello y hermoso, con una clara intención de hacer pensar y acompañar, de querer emocionarte con lo simple. Este aspecto formal engrandece la historia y es de largo lo mejor.
Probablemente sea por la estructura de mi amor por el detalle y lo moroso, que siempre ha encontrado hueco en algún autor japonés, y es difícil que la cotidianidad de la vida me de muestras de magia superiores en verdad a la que ya he vivido con Tezaku, con Ikkyu, Taniguchi y alguno que olvido por impronunciable.
Soy entonces consciente que la exigencia de mi experiencia es excesiva, no puedo esperar que todo sea Kurosawa, en ocasiones ni él llega a su altura, ni encontrarme con la profundidad simbólica de un estudio Gimbli. Pero también lo suficientemente viejo para agradecer una caricia que no esperaba como se debe.
Y Daytripper es justamente eso, una caricia que no esperas. Un tebeo sincero y muy lindo, que no es poco.
In Somnio (II)
Es la primera vez que te escribo en mi vida y no sé por qué ni las razones por las que lo hago ni, sobre todo, por las que hasta ahora no lo he hecho nunca. Espero el sueño que sé que vendrá mientras me despojo de mis prejuicios, me libero en mi propio líquido mientras te escribo.
Te he visto en las dos últimas barbacoas en las que me han participado. En la primera de ella intercambiamos palabras que sólo eran tópicos, mi verbo y mi mente se disocian en lo cotidiano, luchando aparentemente por una memoria que no me sirve sino que se sirve de mí. Creo que por esa y otras razones no te he visto o te olvidé que es lo mismo. Pero en la segunda ocasión supe reconocerte y tu me reconociste, sólo posee verdad el animal que habita en mi, ese ser sin rostro que huele la verdad como yo vivo en la apariencia, mi enemigo y mi amante, mi hermano y mi liberación. Hablé por tanto contigo sabiendo quién eres, pero mis palabras torpes sólo eran fruto de la improvisación que habita en mi miedo. Y aún así sé que me viste y te vi.
Supe de tu existencia cuando escribía manchurrones en las cartas que mandaba a mi hija de bebé, después te seguí en sus ojos mientras comía riendo con mis payasadas, cuando me dijo papá con plena consciencia, y no puedes saber con exactitud todo cuanto te digo. Ha sido ahora cuando he descubierto la zona concreta del rabillo de mi ojo que te convoca. En estas ocasiones estabas casada, no eras tu, como no lo has sido en otras tantas. era y es mi deseo de completitud al que permito engañarme para seguir ciegamente con una fidelidad imposible porque no estás en ella ni sobre ella.
Escribo automáticamente con la espera que san orfi me alcance pues sé que lo hará. Hoy decido soñar antes de que me coga el sueño, elegir por una vez mi deseo y por eso te recreo allí donde te he visto ultimamente. Las señales son siempre claras, la tercera letra me avisa a posteriori pero con certeza. No puedo ser ambicioso así que me soñaré hblandote sin más, me avergüenza hacerte saber cuánto te necesito y acabar siendo invisible. Hoy soñaré que te hablo y me ves, quieran los dioses que alguna vez quieras que te toque.
Te he visto en las dos últimas barbacoas en las que me han participado. En la primera de ella intercambiamos palabras que sólo eran tópicos, mi verbo y mi mente se disocian en lo cotidiano, luchando aparentemente por una memoria que no me sirve sino que se sirve de mí. Creo que por esa y otras razones no te he visto o te olvidé que es lo mismo. Pero en la segunda ocasión supe reconocerte y tu me reconociste, sólo posee verdad el animal que habita en mi, ese ser sin rostro que huele la verdad como yo vivo en la apariencia, mi enemigo y mi amante, mi hermano y mi liberación. Hablé por tanto contigo sabiendo quién eres, pero mis palabras torpes sólo eran fruto de la improvisación que habita en mi miedo. Y aún así sé que me viste y te vi.
Supe de tu existencia cuando escribía manchurrones en las cartas que mandaba a mi hija de bebé, después te seguí en sus ojos mientras comía riendo con mis payasadas, cuando me dijo papá con plena consciencia, y no puedes saber con exactitud todo cuanto te digo. Ha sido ahora cuando he descubierto la zona concreta del rabillo de mi ojo que te convoca. En estas ocasiones estabas casada, no eras tu, como no lo has sido en otras tantas. era y es mi deseo de completitud al que permito engañarme para seguir ciegamente con una fidelidad imposible porque no estás en ella ni sobre ella.
Escribo automáticamente con la espera que san orfi me alcance pues sé que lo hará. Hoy decido soñar antes de que me coga el sueño, elegir por una vez mi deseo y por eso te recreo allí donde te he visto ultimamente. Las señales son siempre claras, la tercera letra me avisa a posteriori pero con certeza. No puedo ser ambicioso así que me soñaré hblandote sin más, me avergüenza hacerte saber cuánto te necesito y acabar siendo invisible. Hoy soñaré que te hablo y me ves, quieran los dioses que alguna vez quieras que te toque.
martes, 9 de agosto de 2011
Adios Chunky Rice
Aunque lo primero que llamó mi atención de los tebeos fueron las imágenes mi sed de acudir a ellos quedaba únicamente satisfecha cuando me insertaba en sus historias. Mi naturaleza se ha nutrido de las imágenes e ideas, que etimológicamente no dejan de ser lo mismo, soy básicamente un ojo de Sauron al que casi nadie ve. Un depredador de la imagen que sólo ve manchones.
El dibujo de Graig Thomsom se me metió en los resquicios débiles de mi alma desde el fugaz instante que vi Blankets en una estantería, incluso ciego mi instinto para los tebeos y los animales es con diferencia lo mejor de mi. Despedía el olor sutil de lo posible, ese raro aspecto celebrativo que en ocasiones la realidad tiene el gusto o la ignorancia de dar.
Creo que comencé las andanzas de este blog reseñando cutremente Blankets, muy dificilmente podría haber hecho justicia al libro pero desde luego era imposible plasmar la hondura del amor que me dieron esas páginas.
Vuelvo a él con otros ojos, con algo más de pesar que la última vez, arrastrando despedidas no dichas, casi ya muertas de tanto silencio sin freno. La caricia que supone para mi existir el contacto con este trazo, con estos personajes, algunos diálogos y el mar, el mar. el mar.
Adios Chunky Rice es una historia triste por inacabada, por saberse necesdaria desde el primer momento. La Belleza de la que hablaba enamorado Platón debe tener algo de tebeo, reciclad cada Biblia, Corán o texto con el que se sometan a los hermanos, y haced tebeos como este.
Cada vez que trato de salir de mi kafkiana condición de topo me descubro tortuga, como el pequeño protagonista ¿? de esta historia. Imposible el no caer en los ojos del ratoncito, desear que te llegen las botellas con su mensaje. Nada de palabras, únicamente todos los colores posibles. Todos ellos.
En las ocasiones en las que me topo con algo así sé que algo importante y substancial de mí se consagra. Las viñetas me dan hostias en el amplio sentido, hostia como panes, cuerpos de dioses transmutados en miseria. Soy enterrador de tebeos, los encierro dentro de mi, para que mis gusanos sepan prepararse, una guuía de dónde encontraran el mejor alimento. Este pequeño album lo colocaré en un lugar especial.
Vale más que los ojos que lo leyeron, por fortuna deben venir más, lo merece.
El dibujo de Graig Thomsom se me metió en los resquicios débiles de mi alma desde el fugaz instante que vi Blankets en una estantería, incluso ciego mi instinto para los tebeos y los animales es con diferencia lo mejor de mi. Despedía el olor sutil de lo posible, ese raro aspecto celebrativo que en ocasiones la realidad tiene el gusto o la ignorancia de dar.
Creo que comencé las andanzas de este blog reseñando cutremente Blankets, muy dificilmente podría haber hecho justicia al libro pero desde luego era imposible plasmar la hondura del amor que me dieron esas páginas.
Vuelvo a él con otros ojos, con algo más de pesar que la última vez, arrastrando despedidas no dichas, casi ya muertas de tanto silencio sin freno. La caricia que supone para mi existir el contacto con este trazo, con estos personajes, algunos diálogos y el mar, el mar. el mar.
Adios Chunky Rice es una historia triste por inacabada, por saberse necesdaria desde el primer momento. La Belleza de la que hablaba enamorado Platón debe tener algo de tebeo, reciclad cada Biblia, Corán o texto con el que se sometan a los hermanos, y haced tebeos como este.
Cada vez que trato de salir de mi kafkiana condición de topo me descubro tortuga, como el pequeño protagonista ¿? de esta historia. Imposible el no caer en los ojos del ratoncito, desear que te llegen las botellas con su mensaje. Nada de palabras, únicamente todos los colores posibles. Todos ellos.
En las ocasiones en las que me topo con algo así sé que algo importante y substancial de mí se consagra. Las viñetas me dan hostias en el amplio sentido, hostia como panes, cuerpos de dioses transmutados en miseria. Soy enterrador de tebeos, los encierro dentro de mi, para que mis gusanos sepan prepararse, una guuía de dónde encontraran el mejor alimento. Este pequeño album lo colocaré en un lugar especial.
Vale más que los ojos que lo leyeron, por fortuna deben venir más, lo merece.
El arte de Volar
La mayor parte de mis espirales acaban comportándose como un bumerang , me desplazo por ellas vitalmente en movimientos centrípetos o centrífugos, en un constante ir y venir que nunca logro comprender del todo pero al que me siento esclavizado.
El amor por el tebeo es uno de los primeros, muy anterior a la idea de literatura, leía comics sin saber leer, con una intimidad que el resto de las artes tardaron más en alcanzar. Hay cierto misterio para mi en la relación del hombre con sus manos. Toda poiesis se realiza con las manos, tenemos como especie los ojos en los dedos, la memoria y probablemente todo lo importante. Incluso el amor, todo él se alcanza desde las manos.
El arte de volar es un comic duro y difícil, en donde no hay una sóla viñeta que no destile amargura y dolor. El arte se hace por momentos inabarcable cuando se exilia de la idea de si, es cuando se aliena de su concepto cuando da el fruto más puro.
A los 90 años el padre del guionista se suicidó lanzándose desde una ventana. Y desde esa ventana, después de ese último gesto de libertad comienza esta historia que es tan nuestra, ha costado y costará tanto, que me parece milagroso el poder haberla sostenido entre los ojos.
No soporto las historias de perdedores, esa endeble manera de satisfacer el hondo hueco a costa de penas ajenas, de saber reconocer al muerto como Otro no como Yo. Sin embargo me gustan los vencidos, quizás porque esa es la condición humana más humana.
Este es un comic tan sincero que descacharra, descoloca, la historia del siglo pasado está cargada de horrores y miserias. Vivir en esta España fracturada, tan dada a lo cainita, en donde el sentimiento de muerte al hermano, del deseo de pérdida en el otro, es tan viejo que se quedó a formar parte de nuestra médula, nos define, nos hace y nos deshace, es un ejercico de una dureza inabarcable.
En esta historia los personajes te asaltan a lo real, te respiran en la cara, sangran y se cagan de miedo ante tus ojos. Ese padre desconocido, deshecho, un hombre vencido y derrotado pero bueno, transita unos pasos que son los de todos los españoles, sobre todo de los que serán, una enseñanza atroz y desagradable, pero tan cierta y verdadera que como tal se enquista en ti dando lo que sólo la verdad da.
Existe un grado tan grande de intimidad y exhibición en esta obra que excede su condición de arte, qué más da que sea o no una obra maestra, porque sólo puede compararse con la vida de un hombre concreto y real, no con la literatura o el dibujo.
El arte de volar excede con mucho su dimensión y fisicidad, va más allá de la cosa que compras y puedes tocar, es un escalpelo finísimo y honrado, un sacarse las tripas con la precisión de un cirujano ofreciéndonos a todos la posibilidad de desentrañar justamente lo que hay de ti en sus viñetas. Y hay tanto, tanto, tanto… tantísimo dolor y amor.
No he parado de llorar en toda su lectura, qué poco ha cambiado todo, somos tan iguales a lo que fuimos, hemos aprendido tan poco, que casi no puedo sentir pena porque no aprender de esta naturaleza fracturada lo dice todo de nosotros.
De mi.
El amor por el tebeo es uno de los primeros, muy anterior a la idea de literatura, leía comics sin saber leer, con una intimidad que el resto de las artes tardaron más en alcanzar. Hay cierto misterio para mi en la relación del hombre con sus manos. Toda poiesis se realiza con las manos, tenemos como especie los ojos en los dedos, la memoria y probablemente todo lo importante. Incluso el amor, todo él se alcanza desde las manos.
El arte de volar es un comic duro y difícil, en donde no hay una sóla viñeta que no destile amargura y dolor. El arte se hace por momentos inabarcable cuando se exilia de la idea de si, es cuando se aliena de su concepto cuando da el fruto más puro.
A los 90 años el padre del guionista se suicidó lanzándose desde una ventana. Y desde esa ventana, después de ese último gesto de libertad comienza esta historia que es tan nuestra, ha costado y costará tanto, que me parece milagroso el poder haberla sostenido entre los ojos.
No soporto las historias de perdedores, esa endeble manera de satisfacer el hondo hueco a costa de penas ajenas, de saber reconocer al muerto como Otro no como Yo. Sin embargo me gustan los vencidos, quizás porque esa es la condición humana más humana.
Este es un comic tan sincero que descacharra, descoloca, la historia del siglo pasado está cargada de horrores y miserias. Vivir en esta España fracturada, tan dada a lo cainita, en donde el sentimiento de muerte al hermano, del deseo de pérdida en el otro, es tan viejo que se quedó a formar parte de nuestra médula, nos define, nos hace y nos deshace, es un ejercico de una dureza inabarcable.
En esta historia los personajes te asaltan a lo real, te respiran en la cara, sangran y se cagan de miedo ante tus ojos. Ese padre desconocido, deshecho, un hombre vencido y derrotado pero bueno, transita unos pasos que son los de todos los españoles, sobre todo de los que serán, una enseñanza atroz y desagradable, pero tan cierta y verdadera que como tal se enquista en ti dando lo que sólo la verdad da.
Existe un grado tan grande de intimidad y exhibición en esta obra que excede su condición de arte, qué más da que sea o no una obra maestra, porque sólo puede compararse con la vida de un hombre concreto y real, no con la literatura o el dibujo.
El arte de volar excede con mucho su dimensión y fisicidad, va más allá de la cosa que compras y puedes tocar, es un escalpelo finísimo y honrado, un sacarse las tripas con la precisión de un cirujano ofreciéndonos a todos la posibilidad de desentrañar justamente lo que hay de ti en sus viñetas. Y hay tanto, tanto, tanto… tantísimo dolor y amor.
No he parado de llorar en toda su lectura, qué poco ha cambiado todo, somos tan iguales a lo que fuimos, hemos aprendido tan poco, que casi no puedo sentir pena porque no aprender de esta naturaleza fracturada lo dice todo de nosotros.
De mi.
In Somnio
No es una sensación constante, es el pensar sobre ella lo que se sostiene en el tiempo con la despreocupación de la confianza. Creo que mi miedo, o al menos en las ocasiones especiales en que parece ser Todo el miedo, surge justamente de la raíz de esa sensación. Apenas logro mantener la vigilia posado sobre una pastilla que olvido todas las noches de tomar justo cuando echo mano de ella. La ansiedad se va como un humo al viento, descubriendo un incendio perpetuo, unas ascuas quedas y silenciosas. En algún momento las ventanas de mi consciencia empezaron a pegar pitidos de asmático, absorviendo alimento del aire de fuera, consumiendo su tiempo con ansia y sin prisa. Un pulmón todo yo que se encasquita en una inspiración perpetua que se alimenta de si mismo, donde no hay nutrición, ni organismo sólo un deshilacharse en un fuego negro, pura ascua aún sin seniza pero tampoco luz.
Y no llegaran bomberos.
He compuesto mi hogar de huecos y polvo, del deseo de ser liberado descolgandome del lado oscuro de esta ciega nieve que empapa mis huesos de una tiza que no se va, pero emborrona, tardo en darme cuenta que son las acciones de mis dedos los que generan los manchurrones, nunca lo suficientemente deformados para el que no sea capaz de entender lo que ocultan.
Esos huecos son mónadas de vacío, acogen una nada de posibles vueltos del revés, esto es, imposibles. La ansiedad es un manto con el que se viste la pena, su ausencia sólo supone una desnudez honda que nubla la comprensión con lagos salados.
Al menos, por un rato el miedo se cuela en alguno de los huecos el tiempo sufixiente como para que el sueño me atropelle, un sueño espeso que todos los días acaba levemente a traición.
Sé que si me esfuerzo podré recordar las pesadillas con las que despierto, se van con pereza y sin embargo miro para otro lado.
El orfidal me puede, ya toca pagar.
Buenas noches.
Y no llegaran bomberos.
He compuesto mi hogar de huecos y polvo, del deseo de ser liberado descolgandome del lado oscuro de esta ciega nieve que empapa mis huesos de una tiza que no se va, pero emborrona, tardo en darme cuenta que son las acciones de mis dedos los que generan los manchurrones, nunca lo suficientemente deformados para el que no sea capaz de entender lo que ocultan.
Esos huecos son mónadas de vacío, acogen una nada de posibles vueltos del revés, esto es, imposibles. La ansiedad es un manto con el que se viste la pena, su ausencia sólo supone una desnudez honda que nubla la comprensión con lagos salados.
Al menos, por un rato el miedo se cuela en alguno de los huecos el tiempo sufixiente como para que el sueño me atropelle, un sueño espeso que todos los días acaba levemente a traición.
Sé que si me esfuerzo podré recordar las pesadillas con las que despierto, se van con pereza y sin embargo miro para otro lado.
El orfidal me puede, ya toca pagar.
Buenas noches.
jueves, 4 de agosto de 2011
Rapado
Cada 6 u 8 meses me da un miniataque existencial y me rapo la mollera inmisericordemente. Mi excusa externa, oficial, es la refrigeración y en menor medida la comodidad, pero si rasco perrunamente en mi interior me asaltan dudas encontrando razones prosaicas y peregrinas de diversa naturaleza. Me di cuenta hace unos años que ciertas mujeres para las que habitualmente no existo tienen a bien echarme alguna miradita lasciva cuando voy de neonazi. Cuando paseaba a mi Tanawa, la pequeña rottweiler por la Línea de la Concepción incluso para mi se hacía obvio el que en ocasiones me vistieran un traje de saliva. El que estadísticamente la palma se la llevara lo homosexual entraba dentro de lo esperable, imagino que la estética pseudolegionaria unida a la perra peligrosa me daba un toque malote tan ajeno a mi como agradable en su efecto cuando otros se engañaban.
Desde entonces recurro al rapado de tanto en tanto. Y lo peor es que me veo en mi fuero más íntimo la mar de intelectual con esta guisa, se me va el pelo y se despereza todo lo que he aprendido en cuanto a datos. Gestiono la información caóticamente y a retales, probablemente porque mi yo es un constructo de retales hilados al tuntun, completamente ajeno a la idea cartesiana de que para constrruir un buen edificio hay que pensarse unos sólidos cimientos. Sin embargo mi proceder rara vez viene de abajo, poseo cierta cualidad etérea, neblinosa o nublosa según el momento, y por ello las callejuelas de la ciudad que es mi consciencia son todas estrechas y curvas, con cuestas empinadísimas y un arbolado salvaje y caótico.
Es cortarme radicalmente el pelo y creer que entra algún tipo de claridad que me permita reiniciar un orden, establecer una pauta no caótica que me posibilite, si no constrruir, imaginar al menos algún tipo de proyecto, una dirección, algo que me permita tener la vivencia de que existe alguna clase de causalidad. Así creo que podré funcionar en función a objetivos prácticos que alcanzar.
Ay, pero todo esto es como pasarse dos años haciendo prácticas de conducción sin examinarse nunca, temiendo el examen como un cura teme a la verdad o un político a no tener poder. No me hago ni más fuerte, ni más sabio ni me permite siquiera un inocente folleteo. Sólo estoy rapado y parezco violento.
Si al menos pudiera tener un rottweiler.
Desde entonces recurro al rapado de tanto en tanto. Y lo peor es que me veo en mi fuero más íntimo la mar de intelectual con esta guisa, se me va el pelo y se despereza todo lo que he aprendido en cuanto a datos. Gestiono la información caóticamente y a retales, probablemente porque mi yo es un constructo de retales hilados al tuntun, completamente ajeno a la idea cartesiana de que para constrruir un buen edificio hay que pensarse unos sólidos cimientos. Sin embargo mi proceder rara vez viene de abajo, poseo cierta cualidad etérea, neblinosa o nublosa según el momento, y por ello las callejuelas de la ciudad que es mi consciencia son todas estrechas y curvas, con cuestas empinadísimas y un arbolado salvaje y caótico.
Es cortarme radicalmente el pelo y creer que entra algún tipo de claridad que me permita reiniciar un orden, establecer una pauta no caótica que me posibilite, si no constrruir, imaginar al menos algún tipo de proyecto, una dirección, algo que me permita tener la vivencia de que existe alguna clase de causalidad. Así creo que podré funcionar en función a objetivos prácticos que alcanzar.
Ay, pero todo esto es como pasarse dos años haciendo prácticas de conducción sin examinarse nunca, temiendo el examen como un cura teme a la verdad o un político a no tener poder. No me hago ni más fuerte, ni más sabio ni me permite siquiera un inocente folleteo. Sólo estoy rapado y parezco violento.
Si al menos pudiera tener un rottweiler.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Willfred
No creo en las casualidades, el azar suele ser una cosa a posteriori con el que usualmente queremos poetizar nuestra realidad con pseudoreligión. Lo cual no quita que las padezca tanto y en momentos tan particulares que sin creer en ella me dejo engañar encantado. Mi mollera está a rebosar últimamente de perros, los veo y los trato continuamente, y no hay una sola vez en la que no desee hacer un trueque con cualquiera de ellos. JL el perrohombre. De alguna manera tenía que encontrarme por pura casualidad.
Ains.
Me he puesto a ver Wilfred porque es un nombre omnipresente en las fantasias de adolescente de mi mejor amigo. Le daba por construir diálogos con perros o pájaros imaginarios, siempre llamados Wilfred, en unos arrebatos surrealistas de locura descacharrantes. Los guardo todo en el corazón de mi memoria.
Wilfred es una comedia de tv, un remake de la original australiana. La premisa es sencilla y atractiva. El prota es un abogado con una crisis de identidad de dos pares de cojones, un deprimido infeliz sin sentido en la vida, al que un día la nueva vecina le pedirá que cuide de su perro Wilfred. Sólo el prota ve a Wilfred como un señor disfrazado de perro que habla. Para el resto de la humanidad sólo es un perro cualquiera.
Los 6 capítulos que componen la primera temporada son irregulares, se atisva en ellos la intención futurible de hacer una comedia romántica, lo que en no pocas ocasiones es la muerte de la calidad en favor a la cursilería o el tópico más nauseabundo. Esperemos que no ocurra.
Lo mejor es sus altas dosis de cinismo, cualquiera que haya tenido y amado perros habrá deseado alguna vez poder tener una charla tomándose unas cervecitas con el animal. Willfred fuma, bebe, le da a los porros cosa mala y pese a todo sigue la lógica de cualquier perro.
La relación entre ambos oscila entre la amistad, el colegeo, o las putadas a medio camino entre la enseñanza espiritual y lo puramente escatológico. El humor inteligente y el chusco se intercambian papeles de continuo en un discurso que a mi me atrae sobremanera. He convivido con los suficientes como para considerar la vida substancialmente peor sin su compañía existencial. Pero hay que saber entender su psicología.
Tiene un puntillo a Donnie Darko, pero con una ida de olla controlada. La idea de base de que es imposible ser feliz estando cuerdo es para mi una suerte de mantra, algo que si repito con fe lo mismo resulta que es así y todo. No conozco a nadie cuerdo feliz, y tanto yo como la mayor parte de los que he querido estan en mayor o menor medida como una chota. La única diferencia es que un loco asimila normalmente el dolor, y en general el estado de las cosas de un modo más sincero.
Hace mucho que no fantaseaba con nada relativo al cine o la tv, por eso me agrada sentirme un poco enamorado de ese chucho mal hablado, fumeta borrachuzo y filósofo cínico. Y no es que las considerciones perrunas me parezcan superiores a las humanas, en su esencia no son diferentes salvo en las maneras, quizás el ser humano habitual rechace todo esto precisamente por no querer reconocer lo que disfruta de sus olores, quiere ignorar el tiempo que pasa pensando con las pelotas y en la polla. El único defecto es su amor por Matt Damon.
Creo que incluso voy a comprarme un oso de peluche gigante como apoyo, nunca mejor dicho, para mi terapia.
Salud.
Ains.
Me he puesto a ver Wilfred porque es un nombre omnipresente en las fantasias de adolescente de mi mejor amigo. Le daba por construir diálogos con perros o pájaros imaginarios, siempre llamados Wilfred, en unos arrebatos surrealistas de locura descacharrantes. Los guardo todo en el corazón de mi memoria.
Wilfred es una comedia de tv, un remake de la original australiana. La premisa es sencilla y atractiva. El prota es un abogado con una crisis de identidad de dos pares de cojones, un deprimido infeliz sin sentido en la vida, al que un día la nueva vecina le pedirá que cuide de su perro Wilfred. Sólo el prota ve a Wilfred como un señor disfrazado de perro que habla. Para el resto de la humanidad sólo es un perro cualquiera.
Los 6 capítulos que componen la primera temporada son irregulares, se atisva en ellos la intención futurible de hacer una comedia romántica, lo que en no pocas ocasiones es la muerte de la calidad en favor a la cursilería o el tópico más nauseabundo. Esperemos que no ocurra.
Lo mejor es sus altas dosis de cinismo, cualquiera que haya tenido y amado perros habrá deseado alguna vez poder tener una charla tomándose unas cervecitas con el animal. Willfred fuma, bebe, le da a los porros cosa mala y pese a todo sigue la lógica de cualquier perro.
La relación entre ambos oscila entre la amistad, el colegeo, o las putadas a medio camino entre la enseñanza espiritual y lo puramente escatológico. El humor inteligente y el chusco se intercambian papeles de continuo en un discurso que a mi me atrae sobremanera. He convivido con los suficientes como para considerar la vida substancialmente peor sin su compañía existencial. Pero hay que saber entender su psicología.
Tiene un puntillo a Donnie Darko, pero con una ida de olla controlada. La idea de base de que es imposible ser feliz estando cuerdo es para mi una suerte de mantra, algo que si repito con fe lo mismo resulta que es así y todo. No conozco a nadie cuerdo feliz, y tanto yo como la mayor parte de los que he querido estan en mayor o menor medida como una chota. La única diferencia es que un loco asimila normalmente el dolor, y en general el estado de las cosas de un modo más sincero.
Hace mucho que no fantaseaba con nada relativo al cine o la tv, por eso me agrada sentirme un poco enamorado de ese chucho mal hablado, fumeta borrachuzo y filósofo cínico. Y no es que las considerciones perrunas me parezcan superiores a las humanas, en su esencia no son diferentes salvo en las maneras, quizás el ser humano habitual rechace todo esto precisamente por no querer reconocer lo que disfruta de sus olores, quiere ignorar el tiempo que pasa pensando con las pelotas y en la polla. El único defecto es su amor por Matt Damon.
Creo que incluso voy a comprarme un oso de peluche gigante como apoyo, nunca mejor dicho, para mi terapia.
Salud.
martes, 2 de agosto de 2011
Conservar
Me molesta la idea de progreso, cuando era de izquierdas ya me daba urticaria el oir/leer lo de progresista. Por contra lo conservador nunca se ha llevado nada mal con mi vivencia del yo. Pese a todo el adoctrinamiento involuntario que recibí en mi niñez conservar es un verbo que me sabe delicioso, de esos que degusto lentamente en la boca o en los dedos cuando las circunstancias son las adecuadas. Conjugo en mi imaginación el concepto y me veo de acompañante de un árbol, desde que recuerdo han habido árboles. De algún modo me siento conservado por ellos, protegido bajo la sombra o aseteado por la luz que filtran, muchas veces casi al límite de poder recibir ese nombre. En muchos de ellos he escrito los nombres de quienes he amado, esperando conjurar quizás la atención de esos nombres, todos genéricos y femeninos, ains, pero íntimos en mi anhelo. Particulares, concretos y tan independiente como para vivir en universos diferentes, para lelos o, al menos, este lelo.
lunes, 1 de agosto de 2011
Cinicos
Por fortuna no toda la humanidad ha repudiado su condición animal, la filosofía posee la noble virtud de lo viejo. El que camina sabe que no hay mayor acomodo para un pie en movimiento que allí donde otros han pisado. Lo añejo se ha ganado no sin esfuerzo la condición chistosa de admitir las paradojas con la naturalidad propia de la desvergüenza. Llevo tantas pajas sacudidas del cuerpo como líneas he metido por mis ojos, que cualquiera con dos dedos de frente no dejará de notar el obvio estado febril de mis entradas anteriores, esto es, estar cual palo de churrero, cual patada en la boca... En fin calentorro y animal, para nada espiritual ni hostias semejantes.
El apeiron que representa todo anillo, ese carácter inabarcable de lo eterno inserto en lo infinito es en su fundamento primario un chiste cojonudo, al estilo El Roto seguramente, y es que sobre todo el todo se dijo ya al principio. Tanta charla en su conjunto no deja de ser la berreá de un mono por muy sofisticado que seamos, hemos ido a la Luna pelándonosla como monos y eso no es discutible.
Por razones evidentes me atrae la locura, gracias a los dioses nuestra condición primaria contiene ya en sus orígenes una locura desbordada, en donde los griegos son nuevamente unos hachas. Ni aún siendo un ferviente creyente de la reencarnación, que no es ni de coña el caso, habría vidas suficientes para poder satisfacer mi deseo de pertenecer a cualquiera de sus sectas de tantas que hubo.
Ser apedreado por un iracundo Heráclito, fumarme lo que se metía Parmenides, pateado por Pirrón, ser partícipe de los ritos de Eleusis, luchar junto al feo y descalzo Sócrates, estudiar en la academia durante todas las décadas que vivió. Uf, sería médico empírico, cachondo y escéptico, un seguidor de Lucrecio loco dedicado a copiar el Rerum Natura en los culos de las putas, en los olivos y las dunas, un estoico frugal desterrado y rico.
Pero sobre todo y especialmente un cínico, un kinikos, un miembro de La Secta Del Perro.
Lenguaraces, desvergonzados, pajilleros, sinceros, pobres, hermosos, polvorientos, sucios, puteros, salteadores de camas, de mentes, veraces y sinceros, honestos. Los vividores que más razón han tenido sin haber hecho nada más que tocar los cojones, salir por donde los demás entran, veranear en toneles, despreciar el instrumento que esclaviza, rondar con un pie la ciudad y con otro el bosque, usar lámpara a la luz y los ojos en la oscuridad. Los llamaban perros.
Pero eran libres.
Puestos a soñarme elijo estar perdido en las afueras de alguna polis menor, junto a una compañera cínica, con el grueso paño gris, despeinados y sucios, jodiendo como perros matando la espera de ir a la ciudad a buscar por los mercados, a plena luz del día un hombre o una mujer de verdad. Somos feos y apestamos como ratas, pero entre los acebuches alguien atento vería sobre todo nuestras manos unidas.
El apeiron que representa todo anillo, ese carácter inabarcable de lo eterno inserto en lo infinito es en su fundamento primario un chiste cojonudo, al estilo El Roto seguramente, y es que sobre todo el todo se dijo ya al principio. Tanta charla en su conjunto no deja de ser la berreá de un mono por muy sofisticado que seamos, hemos ido a la Luna pelándonosla como monos y eso no es discutible.
Por razones evidentes me atrae la locura, gracias a los dioses nuestra condición primaria contiene ya en sus orígenes una locura desbordada, en donde los griegos son nuevamente unos hachas. Ni aún siendo un ferviente creyente de la reencarnación, que no es ni de coña el caso, habría vidas suficientes para poder satisfacer mi deseo de pertenecer a cualquiera de sus sectas de tantas que hubo.
Ser apedreado por un iracundo Heráclito, fumarme lo que se metía Parmenides, pateado por Pirrón, ser partícipe de los ritos de Eleusis, luchar junto al feo y descalzo Sócrates, estudiar en la academia durante todas las décadas que vivió. Uf, sería médico empírico, cachondo y escéptico, un seguidor de Lucrecio loco dedicado a copiar el Rerum Natura en los culos de las putas, en los olivos y las dunas, un estoico frugal desterrado y rico.
Pero sobre todo y especialmente un cínico, un kinikos, un miembro de La Secta Del Perro.
Lenguaraces, desvergonzados, pajilleros, sinceros, pobres, hermosos, polvorientos, sucios, puteros, salteadores de camas, de mentes, veraces y sinceros, honestos. Los vividores que más razón han tenido sin haber hecho nada más que tocar los cojones, salir por donde los demás entran, veranear en toneles, despreciar el instrumento que esclaviza, rondar con un pie la ciudad y con otro el bosque, usar lámpara a la luz y los ojos en la oscuridad. Los llamaban perros.
Pero eran libres.
Puestos a soñarme elijo estar perdido en las afueras de alguna polis menor, junto a una compañera cínica, con el grueso paño gris, despeinados y sucios, jodiendo como perros matando la espera de ir a la ciudad a buscar por los mercados, a plena luz del día un hombre o una mujer de verdad. Somos feos y apestamos como ratas, pero entre los acebuches alguien atento vería sobre todo nuestras manos unidas.
Fe (II)
Tengo algo que decirte que no puede esperar
Así empezó tu llamada telefónica, bajo las interferencias tu voz tenía la cualidad de una psicofonía, un susurro quedo y en trompa.
No habías comido en todo el día, saliste del trabajo directamente sobre aquellos hongos que hablaban por ti, a tu través. Nunca estaré del todo seguro si me llamaste pidiendo ayuda u ofreciéndola.
Me encuentro muy mal y no me puedo mover, dijiste tras comentarme brevemente tu locura. Pero tengo algo muy importante que decirte, algo muy importante. Oh, tío, te llamo porque debo decirte que es la hostia, muy importante. No me creeras, no me vas a entender.
Aún ahora, muchos años después de aquello te creo. Te he visto y te veo, continuaste. Estás equivocado, no estás solo, somos lo mismo todo es lo mismo. Te llamo para decirte que somos uno, que eres hermoso. Pero no me entenderás.
Cuando llegué estabas blanco, mortecino, luminoso y brillante. Podía ver atisvos de normalidad brevemente en tu mirada. Estabas lo suficientemente bien para tranquilizarme, pero aún así hablaste y hablaste, en espirales torpes pero iluminadas.
Ahora sé que los dos sabíamos que teníamos que unirnos en ese momento, estar juntos porque era necesario un observador, como decía Eduardo Nicol un individuo no conforma nunca a una persona, para ser personas se necesitan, mínimo, dos.
José Luis posee cierto carácter de individuo porque ha estado junto a ti en aquel momento en el que me descubriste la existencia de Dios, el sujeto que se aposenta en el nicho del arte visionario, de aquel fuego del que hablaba el Domador de Versos, en donde arderían para renacer todas las imágenes y los versos. La Imaginación, la libertad, la justicia y la verdad.
Todo es muy sencillo, pero no me vas a entender. Estamos equivocados, Dios existe, lo es Todo. Te vi y supe que te equivocabas, todos somos Uno, la verdad es muy hermosa y buena.
Aquel discurso lo llevo tatuado de por vida, siempre te he creido porque me has enseñado desde la paciencia y el amor sin condiciones, me has esperado porque estuviste allí y lo supiste mucho antes que yo.
Me has enriquecido de tantas maneras y formas, con tanto contenido epifánico, mistico, que mis oidos están llenos casi en exclusiva de tus regalos, de las músicas que atropellabas en tu viejo equipo de música, aquellos discos que no reposaban una única canción nunca, que se vertían en el alimento de aquel walkman gordo y devorador de pilas. La banda sonora la mayor parte de mis primeros amores de todo.
Antonio, mi querido amigo, mi hermano astral, el compañero que querría tener en cualesquiera vida que pudiera tener, oh, no hay años en una sóla para agradecerte todo cuanto me has enseñado, regalado.
Y encima aquí esta Juan, todo hermosura y esperanza. El bello Juan que juega con tebeos sagrados, bajo el cobijo de la literatura y el arte que ha ido dando a luz a sus padres, con el legado sagrado que es la cultura que forma y no deforma, con todo ese material eterno y mágico con el que los hombres han forjado en su imaginación todas las posibles conjugaciones del amor.
Gracias, gracias, gracias.
Así empezó tu llamada telefónica, bajo las interferencias tu voz tenía la cualidad de una psicofonía, un susurro quedo y en trompa.
No habías comido en todo el día, saliste del trabajo directamente sobre aquellos hongos que hablaban por ti, a tu través. Nunca estaré del todo seguro si me llamaste pidiendo ayuda u ofreciéndola.
Me encuentro muy mal y no me puedo mover, dijiste tras comentarme brevemente tu locura. Pero tengo algo muy importante que decirte, algo muy importante. Oh, tío, te llamo porque debo decirte que es la hostia, muy importante. No me creeras, no me vas a entender.
Aún ahora, muchos años después de aquello te creo. Te he visto y te veo, continuaste. Estás equivocado, no estás solo, somos lo mismo todo es lo mismo. Te llamo para decirte que somos uno, que eres hermoso. Pero no me entenderás.
Cuando llegué estabas blanco, mortecino, luminoso y brillante. Podía ver atisvos de normalidad brevemente en tu mirada. Estabas lo suficientemente bien para tranquilizarme, pero aún así hablaste y hablaste, en espirales torpes pero iluminadas.
Ahora sé que los dos sabíamos que teníamos que unirnos en ese momento, estar juntos porque era necesario un observador, como decía Eduardo Nicol un individuo no conforma nunca a una persona, para ser personas se necesitan, mínimo, dos.
José Luis posee cierto carácter de individuo porque ha estado junto a ti en aquel momento en el que me descubriste la existencia de Dios, el sujeto que se aposenta en el nicho del arte visionario, de aquel fuego del que hablaba el Domador de Versos, en donde arderían para renacer todas las imágenes y los versos. La Imaginación, la libertad, la justicia y la verdad.
Todo es muy sencillo, pero no me vas a entender. Estamos equivocados, Dios existe, lo es Todo. Te vi y supe que te equivocabas, todos somos Uno, la verdad es muy hermosa y buena.
Aquel discurso lo llevo tatuado de por vida, siempre te he creido porque me has enseñado desde la paciencia y el amor sin condiciones, me has esperado porque estuviste allí y lo supiste mucho antes que yo.
Me has enriquecido de tantas maneras y formas, con tanto contenido epifánico, mistico, que mis oidos están llenos casi en exclusiva de tus regalos, de las músicas que atropellabas en tu viejo equipo de música, aquellos discos que no reposaban una única canción nunca, que se vertían en el alimento de aquel walkman gordo y devorador de pilas. La banda sonora la mayor parte de mis primeros amores de todo.
Antonio, mi querido amigo, mi hermano astral, el compañero que querría tener en cualesquiera vida que pudiera tener, oh, no hay años en una sóla para agradecerte todo cuanto me has enseñado, regalado.
Y encima aquí esta Juan, todo hermosura y esperanza. El bello Juan que juega con tebeos sagrados, bajo el cobijo de la literatura y el arte que ha ido dando a luz a sus padres, con el legado sagrado que es la cultura que forma y no deforma, con todo ese material eterno y mágico con el que los hombres han forjado en su imaginación todas las posibles conjugaciones del amor.
Gracias, gracias, gracias.
Bienvenido
El pequeño J esperaba con cierta impaciencia nerviosa la llegada de la O, sin saber qué era la había visto pasar oronda, satisfecha, con un indolento gesto en la que la falta de hambre y el desinterés se unía en un movimiento de atracción suave, herrático. Poseía su cuerpo a la manera abandonada de un principiante, cada gesto contenido en un preestreno. Sin haber tomado aire por si mismo, pleno de una insuficiencia extrema, expectante y curioso, sólo un deseo ligero, un apunte de voluntad que ahora se traduce en impaciente espera.
Mientras no ha llegado la O, la E le da un ligero toque en la espalda, a penas un roce que trae una levedad en ondas, el inicio de una promesa no nata, como tu, pero estás tan ocupado con la O, por el calor confortable de su cercanía que no te das cuenta, la semilla de tu memoria apunta sus cotiledones, las dos primeras hojitas que sólo pareciendo verdaderas hojas anuncian una planta.
Desconoces aún que tras esa primera palabra que se va pegando a ti en racimo, el primer orden externo pero íntimo con el que serás recibido, vendrá un torrente infinito e informe, un océano inabarcable del que acabarás aprendiendo a caminar de la mano. Esa primera posesión te va alcanzando sorprendido, apenas una jota una o, el atisbo de una e. No puedes aventurar la L final, queda aún un poco más. Tu Palabra, tu Nombre, que acabará por tomarte cuando llores por vez primera, justo después de que el cosmos escuche tu voz clamando un nuevo principio para los que te esperamos.
Ya casi estás aquí, trayendo infinitamente más de lo que se te dará, renaciendo a los que tenemos la dicha de saberte, los que poseemos el cuidado de tu nombre hasta que tu llegues definitivamente para tomarlo en derecho. Tu Primera Palabra: Joel.
Bienvenido.
Mientras no ha llegado la O, la E le da un ligero toque en la espalda, a penas un roce que trae una levedad en ondas, el inicio de una promesa no nata, como tu, pero estás tan ocupado con la O, por el calor confortable de su cercanía que no te das cuenta, la semilla de tu memoria apunta sus cotiledones, las dos primeras hojitas que sólo pareciendo verdaderas hojas anuncian una planta.
Desconoces aún que tras esa primera palabra que se va pegando a ti en racimo, el primer orden externo pero íntimo con el que serás recibido, vendrá un torrente infinito e informe, un océano inabarcable del que acabarás aprendiendo a caminar de la mano. Esa primera posesión te va alcanzando sorprendido, apenas una jota una o, el atisbo de una e. No puedes aventurar la L final, queda aún un poco más. Tu Palabra, tu Nombre, que acabará por tomarte cuando llores por vez primera, justo después de que el cosmos escuche tu voz clamando un nuevo principio para los que te esperamos.
Ya casi estás aquí, trayendo infinitamente más de lo que se te dará, renaciendo a los que tenemos la dicha de saberte, los que poseemos el cuidado de tu nombre hasta que tu llegues definitivamente para tomarlo en derecho. Tu Primera Palabra: Joel.
Bienvenido.
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